El frió me hace pensar, ¿qué he hecho para estar aquí? Un zorro, un ciervo y un sergal son las cosas que deambulan en la tormenta de nieve. Una tormenta de pensamientos con un viento de calma. En efecto, esa isla cubierta con la más blanca nieve que era tan calmada como para contener el chocolate de tierra bajo ella.
Sé que esto no es lo correcto, pero no tenía otra opción. Incluso con personas que conocí al menos hace un día, ese sentimiento de aventura se podía percibir de igual forma. Solo puedo expresar, que con la nieve haciendo temblar mis patas de frío, y la frescura obligándome a portar una bufanda, me hizo sentir tan vivo como nunca. Sin embargo, por defecto, había cosas que hacer.
—¿No tienen frío? —Pregunté con entusiasmo. Quería saber por qué se negaban a abrigarse un poco más
—No del todo —Me respondía Byron, el sergal, caminando enfrente de nosotros guiándonos a nuestro destino.
Podía entenderlo, supongo que después de todo un ambiente como este no se disfruta todo los días. Además, la comodidad puede ser diferente para ambos.
—¿No me digas que te estás congelando? —Mencionaba Danyon
—No es eso —Contesté —Es solo que queda con el ambiente
Danyon al escuchar mis palabras no pudo evitar soltar una risa. Una risa amable y sin ninguna intención de burla, solo una reacción ante algo que le pareció gracioso.
Era interesante ver como actuaban, era sin duda diferente apreciar que tan alejados son de las personas que conocí; Mary y Sebastián. Porque, por una razón u otra, estaban aquí. Tal vez fueron rechazados en este nuevo mundo, tal vez buscan y usan métodos no permitidos por la ley, o simplemente son criminales, sea cual sea el caso, se sentía fresco poder comunicarme con personas como estás.
Llegamos al lugar, una cabaña desprendiendo luces naranjas por sus ventanas y expulsando humo por la chimenea. Aún era de día, pero el clima se tornó nublado, y con eso, la luz del sol fue bloqueada, dando a conocer un ambiente extraño. Estaba inquieto porque iba a conocer más seres como Byron, el sergal, y la oscuridad que propagaban las nubes emitían a la perfección ese sentimiento, pero a la vez, me sentía entusiasmado, porque con una identidad nueva, una expuesta como la de un zorro, me sentía emocionado de conocer gente que se podía expresar al máximo, y los pocos rayos de luz que se filtraban por las nubes que hacían un escenario espectacular para el ojo humano, equilibró las a emociones.
Abrieron la puerta y el calor se podía sentir, entré con ansias, temblando por el frío y también por preocupación, me senté en el sofá frente a la chimenea para calentarme, y de un momento a otro los sujetos comenzaron a salir.
Un caballo con alas, fornido y de cuerpo atlético. Mantenía una estatura relativamente alta y vestía de manera casual para el clima presente, con un suéter y unos guantes de colores oscuros, contrastando con la claridad de su pelaje que se asemejaba a la misma nieve que nos rodeaba. Era en su máxima expresión, un Pegaso.
Pero por detrás venía otra sorpresa, con cabeza con águila y cuerpo de león, una criatura todavía más llamativa caminó hasta la habitación donde me encontraba. El aura que emanaba era como ningún otro, valentía, justicia y poder, eran las cosas más destacables que se podían sentir, era en su definición, un Grifo.
—¿Qué tal? — Preguntaba Byron en forma de saludo — Lo conseguí — Dijo señalándome a mí
—Vaya, buen trabajo — Respondía el pegaso. Se acercó lentamente hacía mí y me observó de cerca. Era realmente extraño, me miraba de pies a cabeza mientras sonreía a futuro. —Y bien, ¿cuál es tu nombre, pequeño zorro? —Me preguntó a la vez que se agachaba apoyándose con las piernas.
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Convertido en furry
RandomTodo es normal, muy normal diría yo. Es otro día en la escuela sin nada en particular, apenas inician las clases así que ademas de "conocer" a las personas que hay aquí, alguien interesante puede aparecer por intercambio. Alguien como ella... espera...
