La dama perfecta

11 2 0
                                    

(Opcional)

En una enorme habitación tapizada de rosa con franjas blancas y detalles tallados en madera de roble oscuro estaba una niña de quizá unos 12 años.

Esta estaba cepillando su rojo y largo cabello, desanudándolo y enroscandolo.

Tenía la mirada perdida, totalmente concentrada en quedar hermosa.

Era ya noche y la chica tenía que dormir, así que fue a su gran cama y se dejó caer sobre sus suaves y blancas sábanas.

Para después suspirar de cansancio aquel día había sido agotador.

Iniciando con la escuela...



Estuvo con la mayor parte del día junto a Rosse, platicando de cosas sin importancia, poniendo atención al maestro y atendiendo a las indicaciones de este.

Cabe decir que sus clases no eran aburridas solo que Ann necesitaba un descanso oh dejar de escuchar al profesor al menos unas horas.

Además de que sus ruidosos compañeros no ayudaban en nada.

La única a con la que se la pasaba bien allí era Rosse.

Después de la escuela, era hora de llegar a casa con sus padres dos de las personas más importantes del reino.

Mientras comía no pudo hablar de nada con ellos ya que aunque estuviesen sentados los tres en ese gran comedor de madera y plata.

Ella lo único que podía hacer era ver como sus padres hablaban de asuntos triviales.

Aquellos pocos minutos parecían horas, era aburrido, era deprimente,

¿Por qué no le ponían atención a ella?

Eso era lo único que la chica podía pensar, agachando su cabeza, quitando la sonrisa de su rostro, y dejando su plato lleno por la falta de apetito que ese sentimiento que la golpeaba fuertemente en el corazón la golpeaba.

No sabía lo que sentía y aunque quisiera no podía preguntar, nadie la escucharía, nadie nunca lo hacía.

Apenas los padres de Ann, Stephen y  Bianca terminaron de comer se levantaron.

El primero en irse fue su padre.



-(Un hombre alto, pelirrojo, con un cabello corto dividido por una raya inclinada y una barba apenas de perilla pero con un elegante bigote integrado.

Vestía ropa fina, un uniforme azul marino, completo y con detalles hechos de oro como botones y unas pequeñas cadenas.

Era de buen ver y con un gesto serio siempre en su rostro.

Este era la mano derecha del rey Alexander, por lo tanto un hombre poderoso e importante.)-



Antes de irse solo miró a su esposa e hija, sin hacer algún tipo de expresión, se dio la vuelta y salió por el lago pasillo.

Después de unos segundos, Bianca la madre de Ann se giró dándole la espalda pero al instante la llamó con una voz seria.

-Ann vamos, recuerda que es hora de tu entrenamiento.

En cuanto termino de hablar solo avanzo dejando atrás a su hija, la cual todavía seguía en mal estado.

Sin embargo ya que no tenía opción se levantó de la mesa y salió en dirección a una gran habitación.

El camino de un héroe Donde viven las historias. Descúbrelo ahora