Tres

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—Se acabó —declaró Akashi.

Furihata tardó un momento en caer en cuenta de que en efecto su Rey estaba inmovilizado por los Generales de oro de su oponente y, en lugar de enfadarse sin motivo por su octava derrota, suspiró.

—No recordaba que el Shōgi fuese tan difícil —desde el fondo de su corazón no tenía ganas de felicitar al pelirrojo por su victoria una vez más. En parte porque ya dudaba que eso fuera algo digno de halago, siendo que el otro ni parecía esforzarse en ganar.

Se echó hacia atrás y recostó sobre el suelo.

Tiempo atrás, en la escuela primaria, ganó un pequeño torneo de Shōgi organizado para un festival. Había estado extremadamente nervioso, pero los niños que se atrevieron a competir de los otros salones, no lo habían hecho porque supieran jugar, sino por el premio: un pequeño sistema de raíles con una locomotora funcional. Furihata en serio deseaba ese juguete, así que se tragó la pena de estar frente a sus compañeros de clase y los padres de los demás chicos, y movió sus piezas lo mejor que supo. Que ganara entonces, fue más cuestión de voluntad que de táctica. Pero, al parecer, la fuerza de voluntad no era suficiente para ir contra Akashi Seijuuro y su confianza en sí mismo.

Cuando volvió a sentarse correctamente, el pelirrojo estaba acomodando las fichas dentro de su caja, no se veía contento. Furihata quiso preguntar, pero antes de conseguir hacerlo, el pelirrojo lo observó y sonrió ligeramente. Kōki se cuestionó si todos los niños ricos tenían la capacidad de sonreír de esa forma, tan gentilmente, dedicando a su receptor una mirada tan intensa a la vez que tranquila. Se respondió que debía un rasgo único de Akashi.

—¿Quisieras jugar otra cosa, Furihata-kun?

Furihata se sintió mal, cayendo en cuenta de que Akashi se había tomado sus últimas palabras más a pecho de lo necesario. Pensó en cómo solucionar la situación, decirle que no le importaba perder contra alguien como él, que igual se había divertido; pero en verdad eso sería mentira, ya que luego de la cuarta ronda el juego se había vuelvo frustrante para él. Pero eso no era culpa de Akashi.

¿Frustración?

—Othello —respondió, pues su hermano mayor jugaba a eso con él siempre que se ponía a llover, siendo que era el único juego de mesa que tenían en casa y nunca se enfadaban con el otro luego de jugar, como debía ocurrir en momentos de ocio—. Si lo tienes, me refiero —aclaró al leer la confusión en el rostro de su compañero.

Luego de un minuto, Akashi asintió, se recompuso y se puso de pie tomando de paso la caja con fichas de Shōgi. Se marchó pidiéndole que aguardase un momento, diciendo que estaba seguro de haber visto ese juego por ahí. A Furihata le resultó un alivio la chistosa reacción del otro al recibir una respuesta afirmativa, pues prácticamente se había congelado y supuso que había hecho lo correcto. Además, en casa él era quien solía ganar, así que en ese caso podrían jugar a mano: confianza contra confianza.

Akashi regresó cargando una caja de Othello prácticamente nueva, con los decorados aún resplandecientes pese a los años de desuso. Furihata lo recibió con una sonrisa y se animó a ser el que preparase el juego, recordando así tardes y noches lluviosas, tazas de té negro con miel, luces parpadeantes y un viejo tablero verde con raspones, pintadas de lapicero y marcador que formaban parte de su existencia desde que tenía memoria.

—¿Qué color prefieres? —en el Shōgi, a diferencia del Ajedrez, no había división por colores entre las piezas y, aunque no había separación equitativa entre las fichas iniciales en el caso del Othello —ya que simplemente tomaban una del montón y la volteaban a su favor—, debían saber a quién correspondería el blanco y a quién el negro.

Dignidad [ Kuroko No Basuke ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora