Carta a quien creí amar alguna vez
Su título "Adbidjad" se debe a la ambigüedad que impera en sus versos
Para escribirte, he pedido a las musas su inspiración; para pensarte, intento no desvelarme y suspirar; para cantante, he pedido a los ruiseñores su voz para cautivarte; y para sentirte, me he dispuesto complacerte y deleitarme en tus besos. Tal vez amarte es un delirio; tal vez, y sólo tal vez, esto sea una verdad. Ahora bien, ¿Sin los delirios y aventuras, Qué sería de nosotros? ¿Hemos de quedar inmersos en la monotonía? ¿Por qué no arriesgarnos y vivir la vida? Es un enigma que no he podido descifrar, un enigma inexplicable como el hecho de aferrarme tanto a ti. He de agregar, que aferrarme tanto a ti me trastorna, dado a que temo tanto a ilusionarme como a perderte, y la ironía me consume.
¿Irónico, no? El destino me antepuso la incertidumbre, la ironía y el pesar. Pero aunque hayan mil tropiezos y decepciones llega el día en que nos encontramos con el mañana, que el miedo y la oposición a cambiar nos arrebata. Tal mañana es aquel que nos permite encontrarnos y asegurar un mejor porvenir, aquel que nos ilumina y conduce a avanzar; y he de atribuir tal mañana a tu persona; dado que me has tomado de la desesperanza y me has dado una razón, un sentir, por el cual proseguir sin importar los obstáculos, permitiéndome dejar sin importancia los tiempos pretéritos. ¿Cómo no amar a quien me ha provisto para mí una esperanza? ¿Acaso no sabes que me es por menester tenerte a mi lado, lograr anhelos y objetivos juntos, cautivarme con tu mirar cada mañana, llegar a lo alto juntos? ¡Exclamaré una y mil veces Te amo si importar lo que digan! Pues si tengo un motivo y una razón, eres tú y sólo tú.
Declararé además mi agradecimiento por lo que expresé anteriormente, y aunque es mucho lo cual agradecer y la gratitud a expresar, sólo puedo exclamar con humildad: Gracias. Anteriormente me has declarado que la incertidumbre te cega en cuanto a la autoría de mis escritos, a lo cual he de responder que mi inspiración, prosa y motivo eres tú; por lo que intento encontrar las expresiones correctas con las cuales describir lo que siento por ti. Y la verdad es una: has logrado revivir en mí lo que pensé había muerto, y es mi espíritu y esencia, que influyen como inspiración a dedicarte mis versos ambiguos. En sobremanera he de recalcar que me es solícito en el tiempo postrero encontrarte, mi necesidad de verte se acrecienta cada vez más y más, y sé que aunque sea la mínima cantidad de tiempo me sobra y basta, pues me he arraigado profundamente a ti. Y claro está que debo confesarte, que si el destino nos une por una simple o compleja casualidad, he de perderme en tus labios, pues hacerlo es mi destino
No he de mentirte que lo he pensado y creo que voy muy rápido, tal vez me he dejado llevar por la ilusión o me sumergí en la divergencia de mis emociones, pero cierto es que aunque me pese muy profundamente en mi Ser, creo (o debe ser así) este es el adiós. Y esto lo digo porque te amo. ¿No has oído que cuando se ama a alguien se debe dejar ir, y si volviere, realmente es algo con fundamento? Y aunque me duela arriesgarme, lo haré: No es un adiós, sino un hasta luego.
Antes bien, quisiera decirte que realmente (aunque no va al tema) me siento en sobremanera confundido e inmerso en melancolía, pues como declararé anteriormente, mi ser se encuentra en una situación laxa a la cual no sé como responder o superar, y aunque seas tú el único lucero que da su fulgor resplandeciente en tan tormentosa tiniebla, sé que nada en sí cambiará, pues duramente el sufrir me ha tomado y dejado en ruinas impetuosas. He llegado incluso al punto de considerar mi autólisis para dar un finiquito a tanto; realmente siquiera sé que esperar de mí mismo.
No entiendo por qué me desvié tanto en esta Carta, pero me era necesario escribirte y despedirme de ti. Cabe destacar, que decirte que aún en mi desistir te amaré como no imaginas, y el amor y candor que emana tu Ser siempre será mi Norte; pues estoy perdidamente enamorado de ti; y siempre salud y prosperidad desearé para contigo, junto a agradecimiento, al igual te declararé: Jamás permitas que te impidan soñar, y más aún, jamás permitas que te impidan alcanzar lo que sueñas.
¿Sabías que en 1776 se independizó América? Tal vez digas: ¿Ajá, y? Pero lo importante de esta hazaña que dio inicio a la Edad Contemporánea, es el hecho de que muy bien T. Jefferson escribió: (...) Invocando nuestro Derecho a la Libertad, y más aún, nuestro Derecho a la Felicidad (...). Y esto nada más y nada menos es el mismísimo prefacio a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Tal derecho es imprescindible en cada ser humano, por lo cual, su defensa y garantía es menester. Defiende tal derecho y sé feliz sin límite alguno; imita la imponente fuerza del agua que no se detiene ante nada; sólo sé y deja ser.
Y ahora pues, con mi corazón ferviente, lo que más imploro es tu dicha y felicidad: Ve por el mundo pregonando tu amor, y sobretodo, ve por él explorando lo desconocido y logrando lo anhelado. Y si la maldad te hiere, no les des importancia, sino sigue soñando con el fin de lograr aquello que te propones; recuerda que las flores regalan su fragancia a aquellos que la separan del tallo sin piedad.
Esté presente en ti el pluralismo y no permitas un entorno singular. Recuerda cada día que estaré allí para contigo y jamás obtendrás un no por respuesta. Y para finalizar este escrito ambiguo, recuerda: No habrá límite ni barrera para lo que siento por tí. No escribo con el fin de manifestar erudición, sino para darte a conocer todo lo que fluye en el pensamiento de alguien que ama profundamente. Recuerda la base de este Escrito: Todo es posible mientras creas en ello.
