La música retumbaba por toda la habitación a oscuras, provocándome un horrible dolor de cabeza.
-¡Baja la música! –grité antes de taparme la cabeza con la almohada, enfadada.
La música paró y el silencio reinó en mi cuarto. Suspiré.
Giré la cabeza y vi la pantalla parpadeante del reloj en la mesilla.
Las 6:00 a.m.
Todavía podía dormir un poco más antes de levantarme, estaba muy cansada; al menos era sábado y podía dormir cuanto quisiera…
Menos mal que sólo estaba yo en la casa, ellos ya se habrían ido al trabajo hace un rato; si hubieran estado no se habría atrevido a hacerlo…
Me di la vuelta y me aparté mi enmarañado pelo de la cara.
Cerré los ojos.
La música sonó más alta que antes.
Abrí los ojos, asustada.
La pared pegada a mi cama empezó a vibrar por las fuertes ondas que provenían de la habitación contigua.
Voy a matarle.
-¡¡JOSH!! –chillé dando golpes a la pared con los puños.
A duras penas pude escuchar su risa al otro lado de la pared y eso me molestó aún más.
No bajó la música, así que salí de la cama a patadas y giré a la izquierda tras salir de mi habitación.
Me dieron ganas de tirar su puerta abajo.
-¡JOSH! –grité mientras daba portazos en su puerta. La había cerrado con llave.
Al ver que no bajaba la música me quité la horquilla que tenía en el pelo y la metí en la cerradura, la giré con destreza.
Escuché un “click”.
Sonreí.
Abrí un poco la puerta y asomé la cabeza.
Josh estaba encima de su cama, con su pelo negro revuelto y encrespado, tocando un solo en una guitarra imaginaria mientras la canción sonaba en su ipod.
Esa imagen podía significar dos cosas: o bien no tenía sentido del ridículo o sus neuronas no habían terminado de despertarse.
Opté por una mezcla entre ambas.
No pude contener la risa mientras veía a mi hermano, de veinte años, saltando de un lado a otro en su cama como si estuviera dándolo todo en un auténtico concierto de rock.
Tuve que reír muy fuerte porque mi hermano se quedó paralizado cuando me vio apoyada en su puerta, riéndome.
Ver su expresión al haberle pillado en una situación tan comprometida fue mi venganza por haberme despertado un sábado por la mañana.
Josh se bajó de su cama de un salto, caminó con la poca dignidad que le quedaba hasta donde estaba su ipod y lo apagó.
Se pasó una mano por el pelo y me miró con mala cara.
-¿Quién te ha dicho que podías entrar? –preguntó molesto con los brazos cruzados sobre el pecho.
Sonreí.
-El guardaespaldas que hay en la puerta me ha dejado pasar cuando le he enseñado mi pase VIP –le dije señalando el pasillo con el dedo. Mi hermano me fulminó con la mirada; me reí.
-Qué graciosa, Maia…-repuso él, lanzándome una de sus almohadas.
La esquivé con torpeza.
-A ver si maduras de una vez –añadió finalmente, frunciendo el ceño.
-Si vuelves a despertarme a estas horas con tu música traeré la cámara, eso sí será gracioso –le advertí sonriendo. Sus ojos azules se fijaron en los míos. Sonrió. Sabía que estaba medio bromeando, medio sólo…-. Y a ver cuando aprendes, que el que seas mayor que yo no significa que seas más maduro e inteligente… y que tu cerradura nunca ha podido resistirse a mis encantos –añadí riéndome, complacida de mí misma.
Josh negó con la cabeza, sonriendo.
Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.
-Perdona, pero no he podido evitar molestarte, en eso consiste ser hermano mayor –dijo sonriendo de oreja a oreja.
-Ya pues…la próxima vez intenta contenerte –murmuré mientras me frotaba mis soñolientos ojos.
Al ver que Josh sonreía por lo que había conseguido con su estúpida bromita le empujé con ambas manos, cayendo así sobre su cama.
-Imbécil –le espeté.
Al dirigirme a la puerta vi su corcho lleno de fotografías.
En concreto me fijé en la que salíamos él, Sam y yo, en mi cumpleaños de hacía un par de años, me encantaba esa foto.
Sonreí.
-Por cierto…-empecé a decir de espaldas a él, con la mano en el pomo de la puerta, preparada para cerrarla e irme.
-Dime –me instó él a mis espaldas.
-Me ha dicho Sam que le firmes un autógrafo y se lo dediques, yo se lo doy cuando la vea–le dije riéndome.
Salí de un salto de su cuarto y cerré la puerta velozmente.
Un segundo después escuché que algo golpeó la puerta.
Sonreí de nuevo.
Así daba gusto levantarse. Con una amplia sonrisa en la cara.
-¡Demasiado lento! –me burlé mientras caminaba hacia mi cuarto.
Al entrar, fui directa al baño a vestirme, ya que ya no podría volver a dormirme ni aunque quisiera.
Me duché en agua calentita.
Me puse mis vaqueros y mi sudadera lila, hoy hacía algo de frío. Me cepillé el pelo y me puse una diadema.
Crucé el pasillo y toqué a la puerta de mi hermano.
-Josh, si quieres desayunar baja ya –dije con voz lo bastante alta como para que me escuchara.
Bajé las escaleras con lentitud, pisando con fuerza cada peldaño.
Entré en la cocina y preparé el desayuno para mi hermano y para mí.
Me senté en la mesa y empecé a comer mis tostadas.
Hoy había quedado con Sam para ir al parque con el tal Tyler y su amigo, Matt, creo que se llamaba así. A Sam le gustaba Tyler desde que lo conoció en su gimnasio y por fin se había decidido a preguntarle si quedaban.
Yo tenía que ir para acompañarla y mantener conversación con el amigo de él.
En ese momento entró Josh en la cocina con su radiante sonrisa en los labios.
-Buenos días –me dijo.
Él sabía perfectamente que no había sido un buen despertar para mí. Y eso hacía su sonrisa aún más divertida y mucho más odiosa.
Esperaba que no se complicase mucho la “doble cita” de esta tarde...
Me esperaba un día muy, muy largo…
Pero lo que una no sabe es que el destino siempre, siempre, juega con ventaja. Y que cualquiera, es sólo una pieza más en su retorcido juego; los sentimientos, los engaños, la amistad y el dolor no sirven para nada más que para dar espectáculo, no se tienen en cuenta, son ajenos a todo el mundo…Y es que el destino puede cruzar en tu camino a la persona más inesperada, y siempre, siempre, gana.
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Y entonces tropecé contigo
Teen FictionMaia es una chica normal, con una vida normal que, desafortunadamente, decide ayudar a su amiga, Sam, con sus problemas amorosos. Nada del otro mundo. Todo cambia cuando conoce a Tyler: guapo, simpático, todo un héroe... Y es ahí cuando empiezan a s...