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Al terminar, la mansión dentro de la isla flotante había quedado como si nada hubiera pasado, como si los cuadros y muebles no hubieran sido bruscamente aventados, como si el dueño de aquella magnífica edificación no hubiera sufrido.

—genial— suspiró de cansancio–ahora, empecemos a decorar — sonrió y sacó de su mochila todas las cosas de decoración que había comprado anteriormente en el pueblo.

Rubén se encargo de colgar banderines en la entrada y escaleras, vegetta colgó un cartel de feliz cumpleaños en la sala.

Luego de colocar luces y demás objetos decorativos, los chicos empezarón a preparar aperitivos y bebidas.

—vege— habló llamando la atención de Samuel —mira no es que me incuba pero ¿que fue lo que realmente pasó? — preguntó refiriéndose al estado en el que se encontraba la casa anteriormente.

Vegetta batía la masa para el pastel y decidió darle vueltas al asunto para evadir aquel tema—¿a que te refieres? —

—ah pues...— se quedó pensando si realmente quería meterse en la vida privada de samuel, no había ningún tipo de enojo entre ellos ya se había arreglado, pero tampoco tenía tanta confianza —a lo que pasó ayer —dijo no tan seguro de sus palabras— digo osea, ¿si te enteraste no? — samuel negó con la cabeza y sugui en lo suyo.

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La noche llegó y con ella la celebración del cumpleaños de Rubén. La casa de vegetta se veía magnífica, todo estaba completamente perfecto y, los chicos que habian preparado todo estaban recostados en el sillón, estaban cansados de tanto organizar.

—¿ves porque aveces me duermo en plena fiesta? — rierón.

—¡vaya que si!— cerró los ojos— esto es demasiado cansado—.

Se quedaron en silencio un largo rato, disfrutaban de la compañía del otro y, en estas ocasiones no era necesario hablar para tener un buen ambiente.

—¿has traído ropa? — vegetta se acomodo mejor en el sillón, recargando su cabeza sobre el hombro de Rubén.

—pues vestido estoy —dijo con obviedad —¡COÑO NO! NO TRAIGO NADA PARA CAMBIARME — alzó la voz y vegetta se asustó.

— tranquilo, tengo ropa arriba puedo prestarte algunas prendas si quieres—se acomodo mejor en el pecho de Rubén, ninguno se había dado cuenta de cómo estaban acomodados.

—gracias vege— susurro— ¿pero no es de color morado o si? —rió al darse cuenta de que su pregunta era absurda.

—¿te molesta en color morado? — preguntó con diversión —porque si es así, no creo que te guste ver mi guardarropa— soltó una risa traviesa, levanto la cara y quedó demasiado cerca de la de Rubén, su respiración se volvió pesada.

Rubén no veía a vegetta, estaba tan ensimismado viendo la televisión que no se dio cuenta cuando vegetta se acercó más a su cara. El chico de cabello negro cogió el mentón del castaño y lo acercó para besarlo, en ese momento Rubén fue consiente de la cercanía del otro  cuerpo al suyo y, sin pensarlo dos veces unió sus labios con los del chico que tenía en frente.

Lento y delicado eran los adjetivos perfectos para aquel beso. Sam se subió sobre Rubén dejando que sus piernas quedarán a los lados del castaño, tomó las mejillas del más chico entre sus manos y profundizó el beso.

Rubius bajó los besos al cuello y clavícula del mayor dejando mordidas. Vegetta jadeaba, recargo ambas manos en el respaldo del sillón y movió lentamente sus caderas contra la entrepierna de Rubén.

—sam...mmhm...basta.. — lo  empuja ligeramente, trata de regular su respiración y lo logra —tenemos aún una fiesta que dar — le dice, Samuel sonríe con ternura, le encantaba ver a Rubén con las mejillas teñidas de carmesí.

—lo que digas chiqui — sonríen y vegetta se baja del regazo de rubius.


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No Me Importa (rubegetta) [editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora