Capítulo 3

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Había recibido como veinte llamadas de mi madre preguntando donde estaba, ya que eran las 8:40 de la noche y aún no regresaba a casa. Le había dicho que los trabajos me tomaron más tiempo de lo normal y que un compañero me estaba ayudando. Mafiosos de otros bandos entraron a la fábrica pero decidí no meterme con ellos ya que no estaba con los ánimos de lidiar con otros. Diez minutos pasaron cuando finalmente lo vi. Rápidamente agarré mi bulto y comencé a bajar por las escaleras de emergencia que se encontraban en la parte de atrás del edificio. Me mantuve escondida en un callejón con mi pequeña navaja, esperando a Robert para tomarlo por sorpresa. Ya cuando sus voces se escuchaban más cerca, salí del callejón golpeando en el rostro, con el mango de mi navaja, a uno de los hombres de Robert para luego cortar su cuello. En un movimiento rápido moví mi mano en dirección hacia Robert con la intención de apuñalarlo en el corazón, pero este me detuvo y en un movimiento rápido me tumbó al suelo. Este se colocó sobre mí sujetando mis brazos y el último subordinado sujetó mis piernas dejándome completamente inmóvil.

— ¡Cariño! Ya comenzaba a extrañarte— dijo Robert, sujetando mis dos brazos con una mano y quitándome el cubre bocas

— Ahórrate los comentarios, no me interesan— dije dándole una mirada de asco

— Tan dulce como siempre querida— acarició mi rostro

Tenía en mente morderle su asquerosa mano, pero ese pensamiento se esfumó cuando escuché el grito del subordinado de Robert y dejé de sentir que aguantaban mis piernas. Esa fue la señal para golpear a Robert pero él ya se había levantado para ver quien nos acompañaba. Para mi buena suerte y espero que se note el sarcasmo, quien nos acompañaba en esta hermosa noche era nada más y nada menos que Jeff The Killer. Aproveché que Robert estaba sorprendido para levantarme del suelo con mi navaja en mano para apuñalarlo, pero Jeff es tan imbécil que arruinó el momento haciendo que Robert me diera un golpe en el rostro y saliera corriendo hacia la fábrica.

— ¡Gracias Jeffrey, eres genial!—

— Deberías ser más agradecida— dijo quitándose la capucha de su sudadera

— No voy a darte las gracias porque tu presencia me enojó más, además de que no necesitaba de tu ayuda. Estaba muy bien por mi cuenta—

— Bueno si le llamas a tener un hombre sobre ti y a otro sujetando tus piernas "estaba bien por mi cuenta" te voy a creer— dijo en un tono burlón

— Eres una maldita escoria viviente que no compone nada en este planeta de mierda— me crucé de brazos

Estuvimos un rato discutiendo e insultándonos hasta que Jeff se aburrió y decidió atacarme. Esquivaba cada movimiento de parte de Jeff ya que este intentaba agarrarme pero los golpes no faltaban. Ambos nos tomamos del cuello y cuando estuvimos a punto de golpearnos el uno al otro, nos detuvimos al ver una luces de color azul indicando que la policía estaba cerca.

— ¡Suelta cabrón! ¡Suelta!— dije tomando las manos de Jeff para que soltara mi cuello

— Que momento más inoportuno. Ya estaba comenzando a divertirme— dijo y me empujó

Estuve por caerme pero recuperé el balance y lo miré mal. Jeff comenzó a alejarse. Yo tomé una lata vacía para lanzarla en su dirección y captar su atención, pero no resultó como yo esperaba. Lo había golpeado en la cabeza y esa fue la señal para salir corriendo por donde mismo Robert huyó. Antes de salir de la fábrica fui al cuarto sucio y oscuro para cambiarme de ropa a la que traía al principio. Salí de una manera discreta para no llamar la atención y piensen, "¿Qué hace una joven en una fábrica abandonada a estas horas de la noche?".

Al cruzar la calle me encontré con una panadería y un olor dulce hizo que me diera hambre. A pesar de que ya eran las diez de la noche este lugar seguía abierto, así que no dudé en entrar. Habían unas cuantas personas comiendo o hablando y uno que otro estudiante al borde de la frustración. Con los 20 dólares que me había dado mi madre me compré un café y una dona con azúcar y canela. Salí de lo más feliz y caminé en dirección a mi casa donde seguramente me espera una muerte segura. Al llegar a la entrada rápidamente trepé al gazebo para dejar el bulto donde llevo los fuegos artificiales y guardarlo una vez esté en mi habitación. Bajé con cuidado de no hacer ruido y busqué las llaves de la puerta dentro de una pequeña caja que se encontraba en los arbustos. Cuando me encontraba colocando el seguro a la puerta siento una presencia detrás mío y luego un golpe en la cabeza.

— ¡Mamá! Pensé que un demonio venía a llevarme— dije con una mano en el pecho y la otra en la cabeza

— No me vuelvas a llegar tan tarde, no me importa si el trabajo es muy largo y para mañana— me amenazó con la revista

— Perdón, también en el camino me compré algo de comer— dije cubriéndome en caso de que me volviera a golpear

— ¿Y esos raspones?—

— Tuve que meter mis brazos detrás de una estantería para poder sacar unas cosas que se habían caído— dije con seriedad

— ¿En la universidad?— preguntó no muy convencida

— Solo son raspones, no te preocupes. No es como que ando peleando en la universidad o alguien me está haciendo daño— le sonreí para que estuviera tranquila

Mi madre dió un suspiro y me abrazó para avisarme que se iría a dormir. Volví a pedir perdón por haber hecho que me esperara despierta. Subí a mi habitación y lo primero que hice fue agarrar el bulto y sacar la ropa sucia para echarla a lavar cuando saliera del baño. Una vez bañada bajé para echar a la lavadora la ropa y sentarme en una esquina con mi Ipad para ver las noticias. Mostraban la foto de un bosque y se podía notar, no muy bien ya que la foto estaba un poco borrosa, a una persona como con unas goggles y, ¿Un bozal? No tenía ni idea. Saqué la ropa de la lavadora para echarla a la secadora y esperar unos 30 minutos. Al terminar fui a mi habitación y guardé todo para acostarme a dormir.

FireWork (Ticci Toby) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora