Aquella mañana sin lugar a dudas podría decir que frente a ella se encontraba una de las maravillas del mundo jamás reconocida, SU octava maravilla. Mechones castaños se repartían entre la almohada y su rostro ocultándolo levemente, unas pestañas increíblemente negras y largas acariciaban sus pómulos con delicadeza, debajo de ellas dos esmeraldas verdes que, según sus cálculos no tardarían en brillar con la luz del sol.
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Y allí estaban, como dos rayos perdidos en medio de un día nublado, aquellos ojos se despertaban siendo ella misma lo primero que veían en el día y sintiendos afortunada por ellos desde hacía 7 años.
-Buenos días_ susurró acariciando su delicada piel blanca como la porcelana
-Buenos días_respondió su compañera con voz ronca
Aprovechando que la morena todavía estaba en sus primeros momentos del día aprovechó para recorrer con su mirada, y seguidamente con las yemas de sus dedos, el cuerpo de su novia. Su dedos viajaron por su espalda desnuda delineando su columna vertebral una y otra vez, las sábanas cubrían sus partes bajas, pero ella podía crear una imagen mental de lo que las mismas ocultaban.
-¿Piensas estar todo el día mirándome?._preguntó Lauren al fin desperanto por completo
-¿Puedo? ._La ojiverde negó con la cabeza con una sonrisa._ Entonces no, aunque me encantaría ._Depositó un delicado beso sobre sus labios antes de ponerse de pie, dejando caer la manta que cubría su cuerpo dejándola totalment desnuda frente a la ojiverde ._Voy a ducharme, ¿vienes conmigo?
.....
Dos horas ambas se encontraban en la cocina disfrutando del gran un desayuno, bueno, Camila lo disfrutaba mientas Laruen la observaba sentada en la encimera con una enorme sonrisa.
-¿Preparada para nuestro gran día? ._preguntó la ojiverde sin apartar la mirada de la más joven, sus palabras siendo recibidas por una extraña mirada por parte de su novia
-Sabes que me gusta como estamos ._respondió ligeramente cabizbaja._ Todo lo de hoy es innecesario, tu eres mia y yo tuya, no necesitamos de más
-Camz..._se acercó a ella sin borrar la sonrisa_hemos hablado de esto ¿recuerdas? Sé que estás nerviosa por todo lo que esto conlleva y es normal, pero para mi no es innecesario, es un gran paso para nuestra relación y quiero darlo contigo, nada cambiará, lo prometo.
Y en aquel momento ella la creyó. Si Lauren decía que nada cambiaría tendría que confiar en ella como siempre habia echo.
-Vale ._aceptó finalmente
.......
Las miradas no se hicieron de esperar en el momento en que atravesó las puertas de aquel enorme lugar, todos la observaban en su vestido blanco al pasar, aquel día se sentía hermosa y especial, como nunca se había sentido, apretaba contra su pecho una precioso ramo de claveles, sus manos sudorosas temblaban a medida que abanzaba por aquel eterno pasillo, mas allá a unos metros la vió, brillaba con aquel vestido blanco igual al suyo, su pelo caía liso y negro sobre sus hombros, sus ojos resaltaban más de lo normla con aquella ligera capa de maquillaje, la palabra 'perfecta' no le llegaba ni a la suela de los tacones, con una sonrisa, incluso más hermosa que la de aquella mañana, la esperaba bajo el marco de aquella habitación, la 245.
Al llegar a su altura esta la recibió con un beso que al principio solo era una caricia pero con los segundos se convirtió en uno necesitado, con fuerza enredó sus dedos en su pelo atrayéndola con fuerza sin importarle las miradas a su alrededor.
-¿Prepadasa? ._preguntó al separarse, sus ojos verdes chispeando de felicidad
-¿Tú lo estás?
-Desde hace meses, princesa
-Lamente eso..._susurró._ ya sabes, hacerte esperar
-No lo sientas, tenías razón, ambas necesitabamos de este tiempo para poder decirnos 'adiós'
-No digas eso, esto no es una despedida _sollozó pegando su frente contra la de la morena_ solo es un 'hasta pronto', ¿verdad?
-claro que si, te estaré esperando._besó su frente._ Recuerdas todo lo que me prometiste,¿cierto? ._la menor asintió ._ Entonces todo irá bien, quiero que entres en esta habitación y seas fuerte, pero antes cierra los ojos
El miedo recorrió su columna como un rayo, aquel momento había llegado y no se sentía preparada para ello por lo que rapidamente rodeó el cuerpo frente a ella ocultando su rostro en el cuello de la más alta.
-No lo hagas , no me dejes
-Camz...Es la hora ._susurró oliendo aquel dulce aroma por última vez, la pequeña entre sus brazos llorando con más intensidad como aquel día una año atrás cuando despertó después del accidente y supo la condición de Lauren, recordó la luz, aquella tan pontente que se mostraba frente a sus ojos, recordaba caminar por aquel túnel pero un fuerte llanto deteniendo todos sus pasos, reconocería aquel sonido en cualquier sitio, era su Camz, llorando como ahora, fue ese mismo llando el que la hizo quedarse todo este tiempo, pero ya era hora de marchar, de dejar que su pequeña siguiera adelante sin ella, que pudiera perseguir sus sueños sabiendo que pase lo que pase ella siempre la cuidaría.
-Camz, por favor, cierra los ojos.
Lo hizo, unos delicados labios borrando el rastro de sus lágrimas, al abrirlos nuevamente ella ya no estaba allí. Nuevas lágrimas caían sin nadie que las borrara.
Pasaron unos segundos hasta que alguien desde dentro abrió la puerta.
-¡Estás aquí!Llevamos 20 minutod esperando ._masculló su hermana pequeña tirando de su brazo arrastrándola dentro de la habitación, la misma que visitaba por segunda vez en su vida. La primera el día en el que porfin pudo levantarse de su propia camilla y llegar junto a la de su prometida y descubir su estado en coma, el mismo que encontro el alma de Lauren sentada a los pies de su propio cuerpo dormido, esperándola. Ahora nuevamente en el mismo lugar, ella no estaba, en su lugar, una delgada carcasa de la que una vez fue su mejor amiga, confidente, su hombro donde llorar, el lugar al cual ir en busca de refugio, su otra mitad, su medio limón, junto a ella se encontraban ambas familias vestidas elegantemente de negro, obervandola con una mezcla de tristeza y lástima.
Ignoró todas aquellas miradas y se situó junto a su novia dandole así la señal al cura para que te comenzara con la boda.
Tomó entre sus manos la mano de su prometida colocando en su dedo corazón el anillo que afirmaba que era suya.
-Puedes besar a la novia ._susurró el cura incapaz de contemplar aquella enternocedora escena, con cuidado limpió la pequeña lágrima traicionera.
Inmersa en su propio mundo Camila no puedo ver todas aquellas escenas de amor que se desarrollaban a su alrededor, su hermana besando a su hijo, sus padres y suegros abrazandose en busca de un apoyo, unos perdiendo a una hija y otros perdiendo a alguien que querian como tal, pero esto ella no podia verlo, no cuando sus ojos no se apartaban de aquel bello rostro, lentamente se fue acercando a los labios de su ahora mujer mientras que con la mano que no tenia sositendo la de ella se acercó hasta el respiradero que la mantenía en aquel estado.
Un último beso y un botón de apagado fueron los necesarios para que la joven ojiverde que observaba aquello entre lágrimas pudiera alcanzar finalmente la paz.
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