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Bucky agradece que la cafetería haya extendido su horario para atender a los soldados que han llegado a la zona, pues de esa forma, logran encontrar una mesa disponible para que él pueda invitarle el café que le ha prometido a la joven.

Lillian permanece callada, la cercanía de James la tiene nerviosa y un tanto emocionada. Su brazo entrelazado con el del sargento se siente más cálido y le brinda seguridad, lo que cada vez le parece más extraño, pues pareciera que se conocen de toda la vida. 

Cuando llegan a tomar su orden, ambos piden un café americano y ante la negativa de ella por aceptar algo más, él termina pidiendo un plato de galletas para compartir.

—¿Llevas mucho tiempo aquí? —cuestiona el sargento una vez que su pedido ha sido entregado.

—7 meses para ser exacta. ¿Y tú?

—Cerca de un año desde que me aceptaron —contesta —. ¿De dónde eres?

—Queens —responde luego de probar un poco de su bebida.

—Brooklyn —se apresura a decir él.

Luego de esto se forma un silencio entre ellos, en donde Lillian pasea su mirada por el local mientras come una galleta y Bucky la observa con curiosidad.

—Eres preciosa —afirma el ojiazul con voz profunda y pensando en voz alta, maldiciendo de forma mental por su atrevimiento.

Lillian debe tomar un largo trago de su café para ganar tiempo en búsqueda de una respuesta y de calmar su emoción, James la pone nerviosa.

—Gracias —murmura sonrojada y baja la mirada.

—No lo hagas por favor. No me quites el privilegio de poder observar tus hermosos ojos —dice con voz suplicante.

Bucky hasta desconoce su actitud.

Ciertamente, él nunca fue un hombre muy romántico. Sí es caballeroso y disfruta de procurar a sus citas, pero ahora, en presencia de Lillian, lo siente más como una necesidad.

Quiere que ella esté feliz y se sienta en todo momento halagada, su atención está centrada en la chica y una extraña sensación lo invade cada vez que ella lo mira, aunque sea por un par de segundos.

—Cuéntame un poco de ti, Lillian —le pide él.

—Bien... Vivía con mis padres y una hermana. Mi papá fue a la guerra y fue baja por las heridas que obtuvo, así que desde ese tiempo tiene cierta invalidez y ahora está en casa con mi mamá. Mi hermana se casó durante un servicio de mi padre y yo comencé a prepararme como enfermera —le resume la chica.

—Disculpa la pregunta pero, ¿qué hace una chica tan bella en un lugar lleno de tanto caos? Bien pudiste trabajar en la ciudad.

—Suena así cuando hablas de todo lo malo que hay en este continente y la guerra. Pero creo que, además de servirle a mi país, quería seguir con los deseos de mi padre, con su legado sirviendo a la nación. Tal vez mi trabajo no sea tan importante pero, quiero ayudar.

—Tú trabajo es igual o más importante que el de un soldado, no quiero que lo olvides. Me parece muy admirable que estés aquí, y para serte sincero, estoy muy agradecido de que eligieras venir hasta aquí, de no haberlo hecho, no te hubiera conocido —afirma el castaño.

Lillian no puede evitar sonreír.

—¿Y qué hay sobre ti? —le pregunta ella al soldado.

—No hay mucho que decir, soy huérfano de padre y madre. Mi papá murió en la guerra, así que cuando tuve suficiente edad, quise seguir sus pasos, me alisté y me aceptaron, me pusieron en la 107, nos tomaron prisioneros, el Capitán América nos salvó, conocí a la chica más hermosa que jamás había visto y ahora estoy bebiendo un café con ella —dice él con rapidez.

La enfermera y el sargento [Bucky Barnes]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora