De niña solía jugar mucho con las Barbies rubias, siempre fueron mis preferidas, soñaba con que algún día yo sería como ellas, dado que soy rubia, sería popular, hermosa sin igual, todas las chicas me idolatrían, los chicos besarían por dónde pasará, sería la capitana de porristas y tendría como novio al capitán del equipo de fútbol.
¿Pero qué creen?
Caí de mi nube de sueños, y me di un putazo con el suelo de la realidad.
Ni soy popular y mucho menos bonita, por desgracia los chicos en un radio de cinco kilómetros a la redonda me huyen, ni soy porrista y mucho menos soy dueña del six-pack del capitán de fútbol. Sí, soy todo lo que siempre soñé —nótese el sarcasmo—.
Más bien dicho soy la rara de la escuela. Conocida como Kaily la come libros, o la chica goma de mascar, sólo tengo cinco amigas, bueno sólo una, las otras cuatro, bueno, es algo loco la situación. Sufro bullying por las plásticas, cosa qué ignoro olímpicamente día a día, el único chico en mi vida es sólo el que está en tinta sobre un papel, yo vivo más en el anonimato, entre las sombras. Sí, tu pensamiento es exacto. Soy una perdedora.
Bueno, sigamos con lo de mis sueños fallidos, así es, soy conocida como la come libros entre mis compañeros, además de qué soy la presidenta en el Club de Lectura o para muchos: El Club de las Feas. Pero bueno, para que ponerme a pelear con semejante bola de idiotas como estos. No, no uso lentes, bueno sólo para leer, no tengo bratquets o soy fea, no, tengo los dientes normales y pues tampoco soy una belleza.
La cosa es qué aquí todos te tachan de algo sin conocerte, lo cuál me sucedió, en fin, mientras yo sepa quién soy realmente, la opinión de los demás me vale un pepino.
—Kaily...Kaily...¡Kaily!
Brinco en mi lugar al sentir mis timpanos explotar. Nora me ve con diversión. Achino los ojos.
—No me tenías por qué dejar sorda, Nora.
Se encoje de hombros. —Estabas en tu mundo...otra vez.
Suspiro.
La verdad siempre qué empiezo a pensar en algo o imaginar, mi mente sólo empieza a divagar sin fin, y bueno, a veces necesito un boleto de nuevo a la realidad.
—Lo siento —digo viendo los libros en mi taquilla.
—No te preocupes, Kai.
Ella sonríe dulcemente. El timbre suena. Cierro mi taquilla y camino junto a Nora para nuestra próxima clase.
Ella y yo hemos sido amigas desde qué tengo uso de razón, nuestras madres se conocieron en yoga prenatal y desde entonces no nos hemos separado. Solemos hacer casi todo juntas —no, no nos bañamos juntas por sí lo piensan—, pasamos por todo a lado de la otra. Nuestro primer diente caído, papá Noé, el miedo a la oscuridad y los payasos, nuestro período —esa no fue una grata experiencia—, el primer libro, el comienzo de las hormonas ante los chicos y sobretodo, la pérdida de un ser querido.
Alejo mis pensamientos al sentir como la nostalgia me empieza a acompañar. Sacudo mi cabeza.
—¿Qué haremos hoy?
Nora me pregunta mientras nos adentramos al salón de Historia. Como odio está materia. Es qué es un dolor de muelas el tener qué memorizar fechas, nombres aburridos y lugares, y sobretodo saber con certeza qué sucedió en esa fecha o lo qué hizo tal persona. Denme con una sartén, por favor.
—¿Una película en mi casa? —pregunto dudosa.
Nora pasa los viernes con ese grupo de chicos adictos a los comic's, por ello se me hace raro qué quiera hacer planes conmigo. Por lo qué se, hoy discutirían sobre el Hombre Araña y él es uno de los favoritos de Nora. Esto es raro.
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El Club de las Feas.
Teen FictionMe levanto de mi asiento antes de pasar lista. Como sí fuera tan difícil, sólo somos seis. -¿Emily Rogers? -pregunto. ALa rubia arquea una ceja mientras se cruza de brazos. Siempre tomo eso como un "presente". -Maya... -Aquí -dice aún viendo por la...