Desde siempre me ha gustado hacer deporte, bueno, desde siempre no, desde que me di cuenta de que mi cuerpo estaba creciendo a lo ancho en vez de a lo alto. El deporte mantiene a la gente sana y en forma, ayuda a moldear la figura, pero al contrario de lo que dicen algunos, el deporte no es de mucha ayuda en situaciones como esta.
No puedo salir corriendo. No puedo defenderme. No puedo esconderme. ¿Qué se puede hacer cuando estas aislada en un coche en medio de la mismísima nada y no sabes donde se encuentran tus llaves? Uf, no puedo agacharme para buscarlas porque eso sería no ver que hace el hombre que me esta hablando a través del cristal.
- Guapa si me abres tendríamos menos problemas- dice e intenta abrir la puerta del coche de nuevo.
- Déjeme en paz- digo procurando mantener la calma y controlando mi tono de voz.
Una voz en mi interior me reprocha por tratarle de usted cuando no se lo merece.
El tipo vuelve a intentar abrir y ahora comienza a asestarle golpes al coche. Mi respiración comienza a alterarse más de lo que estaba anteriormente y agacho la mano para buscar a tientas las llaves. Los golpes son cada vez más sonoros y fuertes.
- Muñeca, abre la puta puerta o esto puede acabar muy mal- dice y vuelvo a mirar a mi móvil. La batería se había fundido nada más llamar a Dylan. ¿Qué hago?
Los ruidos paran y veo como se quia la chaqueta que tiene puesta y se la enrolla en la mano. Oh no, eso no puede significar nada bueno. El hombre que tengo justo en frente de mi ventana es grande, con una ligera barba y poco más que consigo apreciar. Los ojos se me llenan de lágrimas cuando comienza a darle puñetazos al cristal que tengo en mi izquierda. Me separo como puedo de ese asiento y me mudo al del copiloto. Me siento impotente. Las lágrimas caen a rienda suelta por mi cara y se me emborrona la vista. Consigo atisbar como la ventana contiene una gran grieta debido al impacto del segundo puñetazo.
Con el quinto puñetazo la ventana se rompe y el hombre sonríe cínicamente. Me quito los zapatos y se los arrojo a la cara cosa que no hace mucho efecto y solo consigue cabrearle aún más. Lloro y mi vista se nubla más y más. Cuando creo que va entrar se oyen unos gritos de fondo.
Una persona aparece detrás del hombre y le estampa un puñetazo. Este intenta defenderse pero aparecen dos personas más que consiguen derribarlo y comienzan a patearle en el suelo. En el lugar solo se oyen los quejidos del hombre y mis llantos.
A través de la ventana, sin cristal, Dylan fija su mirada en la mía y da la vuelta al coche mientras yo quito el seguro del vehículo. Al sentir sus brazos rodeando mi cuerpo me desplomo y lloro en su pecho. Todo se encuentra lleno de cristales y tengo los brazos magullados y ensangrentados por el hecho de haberme protegido para que los fragmentos no me dieran en la cara. Dylan me ayuda a salir y veo como los otros dos tipos se llevan al hombre hacia otro lugar.
Ahora mismo lo que menos me importa es a donde vaya ese perturbado mental. ¿Por qué hay gente así en este mundo? Mis lágrimas continúan y Dylan echa un vistazo a mis pies.
- ¿Dónde están tus zapatos?- Me pregunta Dylan dulcemente mientras me recoge un mechón de pelo suelto y me lo pone detrás de la oreja.
- Se los tiré al hombre a la cara- digo y suelto una breve risita- deben de estar en el asiento del conductor.
- Mi niña traviesa- dice y me acaricia la mejilla- Voy a cogerlos, no te muevas- dice y se va a por ellos.
Estoy parada en la acera y veo todos y cada uno de los movimientos que hace Dylan. " Mi niña traviesa", ese mi ha sido como caer en picado y a la vez resurgir. Cuando lo tengo en frente mía nuestras miradas conectan y se agacha para ponerme las zapatillas. Aguanto la respiración conforme baja, me estremezco nada más notar su piel rozando la mía, su bonito gesto me recuerda a cuando a Mario le dió una pequeña obsesión por morderme los dedos de los pies cuando lo hacíamos. Menos mal que ha cambiado en ese aspecto.
Cuando este se levanta me mira y percibo miedo en su mirada. Sin esperarlo me da un fuerte abrazo y hunde su cabeza en mi cuello, ambos nos relajamos en brazos del otro y al apartarse me mira rudo.
- Me has dado un susto impresionante, como vuelvas a aparcar aquí no sé lo que te hago- dice y yo agacho la cabeza por la reprimenda que me da.
- Lo siento- digo y sin querer se me escapa una lágrima.
- Ey no llores, nena- dice y me sin esperarlo vuelve a hacer algo que me deja en shock. Me aparta la lágrima con un cálido beso en la mejilla.
Sonrío ante su gesto.
- Vamos a mi coche, te llevo a casa, ya nos encargaremos mañana de todo lo restante- dice y me posa la mano en la parte inferior de la espalda para dirigirme a su coche.
El camino hasta el coche transcurre en un silencio imperturbable, cada uno está en su mundo pero aún así no dejo de sentir su contacto, cosa que me hace que me sienta segura. Dylan lleva en la otra mano todas mis pertenencias junto a las llaves que se me cayeron, y que encontró a los dos segundos. Al subir al coche, Dylan masculla algo inteligible.
- ¿Dónde te dejo?- pregunta al salir en el vehiculo del hospital.
- En mi casa, por favor- digo y a continuación Dylan me da un gps dónde escribo la calle y directamente sale la ruta que debemos tomar.
El silencio en el coche no es incómodo sino acogedor. Repaso mentalmente lo sucedido y siento un escalofrío que se pasa efímeramente al sentir una mano de Dylan en mi muslo. Lo habrá notado, pienso en mi fuero interno. Estar en su coche es demasiado para mi pobre coraza, la cuál protege mi corazón. El cúmulo de sentimientos que están en el lugar me pierden, su olor, su sutil manía de llevar un muñequito de ambientador en el salpicadero, su manera de conducir...
Cuando menos me lo espero ya hemos llegado, no sé qué hacer ni qué decir. No sé si podré dormir esta noche sola, sin él. El miedo me consume y esta sensación ya la he experimentado anteriormente, cuando le amaba, cuando me permitía sentir todo a flor de piel.
Me dispongo a bajar del coche cuando me agarra de la muñeca y hace que le mire.
- Tenías razón.- dice mirando la carretera con el semblante frío y disperso en la nada misma.
- ¿Cómo?- pregunto.
- Si que te estaba espiando- dice haciendo referencia a la conversación que tuvimos en el ascensor- Pero gracias a eso supe dónde estabas.
Me suelta la muñeca y yo le sonrío dulcemente. Lo sabía y se lo agradezco sutilmente con un ligero beso en la mejilla, con una despedida silenciosa. Mientras bajo del coche y cierro la puerta no me saca el ojo de encima, siento su mirada imperturbable y por extraño que parezca, me hace sentir bien. Arranca el coche y me separo de él, pero al primer paso que doy oigo su voz salir del coche.
- No volveré a aparcar ahí, ahora ese parking es todo tuyo.
Dice tan rápido como el viento y se marcha de mi vista a toda velocidad, dejándome con una amarga sensación.
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Déjate querer
Teen Fiction[Parte 2] Sara y Dylan ya no son los mismos de antes. Creen que todo ha cambiado, que ya no volverán a sentir como antes pero.... ¿Que ocurrirá cuando vuelvan a verse? ¿Volverán a quererse como lo hicieron? ¿Volverán a dejarse llevar?
