Adeline
Hay cosas que no nos esperamos. Escenarios que somos incapaces de imaginar. En mi caso, por ejemplo, ver el Range Rover de Caspio Willfot frente a mi casa era uno de esos casos. Sí, era mi alfa, pero solo lo había visto en dos oportunidades. O eso recordaba.
La primera vez fue hace años, cuando yo era muy pequeña. Helena me había convencido de asistir a la Noche de la Luna: un culto a nuestra diosa principal que se lleva a cabo cada solsticio de invierno, durante la noche más longeva del año. Era uno de los momentos más sagrados para nuestra especie. No solo los lobos, sino también para el resto de los cambiaformas puesto que todos proveníamos de la misma voluntad divina. En Eclipse rojo lo celebrábamos a orillas de lago Lorini, un espejo de agua inmenso que ocupaba buena parte de los bosques Alsamicios, en donde estábamos asentados.
Era una celebración con todas las letras. Se levaban a cabo competiciones, juegos, rezos colectivos y algún que otro sacrificio humano (algo más habitual en tiempos de guerra, donde las manadas tomaban prisioneros). Ir no era una obligación, se supone que nadie puede obligarnos a sentir el llamado de los dioses. Esa había sido mi excusa perfecta para ausentarme de la Noche de la Luna durante siete años. Mi última participación había sido cuando vi al alfa.
Caspio, inmenso ante mis ojos infantiles, danzaba casi pegado a las llamas junto a su Luna. La madre de Alec no estaba tan enferma en ese momento, por lo que podía acompañar a su pareja en aquel baile que los introdujo de lleno en la hoguera. Las llamas parecieron reconocer a Caspio como un canalizador del fuego, por lo que no quemaron ni su cuerpo ni el de su amada. Ambos danzaron en lo que me pareció la demostración más elegante de poder que vi en mi vida. Parecían los dioses del fuego, deleitando a los mortales con su hipnotizante movimiento.
La segunda, y última, vez que lo vi, solo fue un simple vistazo. Cada año aquellos que cumplirían dieciséis eran convocados a los campos de entrenamiento (uno de los tantos sectores comunales de la manada que yo nunca utilizaba). Todos los miembros plenos de la manada, lobos que podían cambiar de forma, se reunían en el centro de una arena, ordenados jerárquicamente. A los "novatos" nos colocaban en fila a un costado, ordenados de acuerdo a lo que se esperaba de nosotros después de la trasformación. Me enviaron al fondo, naturalmente, por lo que a duras penas pude ver al alfa subido en un estrado, dando su discurso motivacional anual. Habló durante casi una hora sobre la importancia de un lobo para la manada. También mencionó la solidaridad, cooperación y protección, puras habladurías teniendo en cuenta el calvario que los lobos débiles debíamos soportar. Era consciente de que lo que salían de su boca no eran más que palabras vacías, pero no pude evitar creer cada una de ellas. Al oírlo no podía dejar de pensar, ingenuamente, que me hablaba solamente a mí. Supongo que a todos nos sucedía lo mismo. Era parte de sus cualidades como alfa, hacernos sentir a todos merecedores de gloria, protección y respeto.
Pese a eso, no era perfecto. Por ejemplo, por más de que hablase sobre la importancia de TODOS los lobos, nunca lo había visto recorrer los bordes del territorio para ver como vivíamos allí. Solamente éramos la carne de cañón, las primeras víctimas si una jauría se las arreglaba para sortear a nuestros centinelas. A nadie le importaba realmente lo que sucedía con nosotros. Por eso, ver a Caspio frente a mi casa, encendió una voz de alarma en mi interior.
El olor a menta y cuero reinaba en el ambiente, lo que solo podía significar que Caspio no estaba solo. Su hijo iba con él. Quise demostrar que no me afectaba su presencia, por lo que continué caminando al mismo ritmo que llevaba. El alfa bajó de la camioneta al verme. Su mera presencia hizo que me detuviera, a unos tres metros. No era ni de cerca una distancia segura tratándose de un lobo que se había forjado una reputación por hacer brotar de sus manos llamaradas de quince metros de alcance.
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SERÁ TARDE (Editando)
Werewolf"Los lobos machos son idiotas. Sino pregúntenle al tipo que me rechazó. " En un mundo de criaturas sobrenaturales, Adeline Bianco sabía que no era especial. Pero, cuando su primera transformación devele la realidad de su linaje, las antiguas profecí...
