ADELINE
La mañana siguiente, cuando salía rumbo al instituto, sentí que alguien me seguía. No fue un presentimiento o algo. Estaba completamente segura. Podía oír el latido de su corazón, la frecuencia en su respiración y oler ese magnífico aroma. No sabía cómo describirlo, no tenía nada con qué compararlo. Era denso, oscuro y amaderado, pero con algo que no podría explicar. Sus pasos eran seguros, quizá demasiado. Se mantenía a buena distancia, pero hacía rodar una motocicleta. Por un momento se me ocurrió acortar camino por los bosques Alsamicios, pero quería mantenerme a la vista por si algo sucedía.
-¿Sabes?- dijo Clea en mi interior. La noche pasada habíamos hablado largo y tendido sobre las maneras de superar el rechazo, por lo que ya había cierta confianza entre nosotras- Podríamos acabar con él en unos segundos, por más de que huela delicioso.
-No sabemos pelear- señalé. Era un punto muy importante.
-Tú desde luego que no, corazón. Pero yo morí peleando solo una vez, porque nunca pudieron vencerme. - me recordó, presumiendo - y ahora que estoy en mi fase de self care y reparando mi corazón, solo puedo pensar en volver a ver al chico de ayer. Creo que mi dolor me impidió ver... algo. Así que nadie se va a cruzar en mi camino.
-Que rápido pasas etapas- apreté el paso- "Corazón".
-A no, no, no. Sigo dolida, seguimos. - se corrigió- Pero los corazones se rompen, la vida sigue y a nadie le importan las lágrimas derramadas. Somos poderosas, Adeline. Tenemos que descubrir de qué forma canalizar, idear un plan para que no descubran el tipo de lobo que somos y encontrar otra pareja.
- ¿Pareja? ¡Estás loca! - me escandalicé. Ya tenía suficiente con un rechazo, no quería más. - Que mi mamá haya sido la excepción no significa que nos pase lo mismo.
Hubo un momento de silencio, en el que me la imaginé afilando sus garras contra una piedra.
-Ay, corazón. No te ofendas. Pero al lado mío la loba de tu madre es mediocre. Si ella tuvo, no una, ni dos, SINO TRES PAREJAS. - dijo indignada, para luego dulcificar su tono al extremo- Yo también las tendré.
Contuve el impulso de rodar los ojos ¡Me estaban acechando y esta solo se preocupaba por sus parejas!
-Que la luna no te oiga- pedí, recibiendo un gruñido en toda regla como respuesta.
Volviendo al asunto de mi perseguidor misterioso, estaba más cerca. Al hablar con Clea había disminuido la marcha. Eso o él se había apresurado, porque podría jurar que sentía su respiración en mi cuello. Las sombras en la acera proyectaban lo que yo sospechaba, un hombre que llevaba una motocicleta. Era alto, solo eso podía saber. Su aroma se hizo mucho más intenso, como si lo tuviese pegado a mí.
-Corre todo lo que quieras, pero vamos al mismo sitio- su voz grave me hizo estremecer, y no de buena manera, debo decir.
Seguí caminando, más consiente que nunca de quién era mi perseguidor y qué tan cerca se encontraba de mí. Clea se agitaba ansiosa en mi interior, pero tenía que ignorarla.
-Creí que estabas castigado- dije, intentando no sonar nerviosa.
-Ningún castigo es eterno, ¿vas a seguir caminando o podemos hablar como personas civilizadas?
Me detuve, porque era lo más sensato. Correr como una cobarde no serviría de nada. Volteé, lista para hablar con él. Le persona menos civilizada del mundo: Fenrir Clifder. Era tan alto como Alec, algo más fornido debido a las horas que pasaba ejercitando su cuerpo. Su pelo era rubio claro, casi blanco, y lo llevaba más corto a los lados. Eran como hebras de oro blanco que relucían ante el brillo dorado del sol. Sus ojos se asemejaban a las aguas de caribe, que yo solo conocía por fotos. Pero, si fueran reales, si ese color turquesa realmente existiera, sería en los ojos de Fenrir. Pero, mientras que las aguas caribeñas se me hacían cálidas, los estanques de Fenrir eran gélidos como montañas nevadas.
ESTÁS LEYENDO
SERÁ TARDE (Editando)
Werewolf"Los lobos machos son idiotas. Sino pregúntenle al tipo que me rechazó. " En un mundo de criaturas sobrenaturales, Adeline Bianco sabía que no era especial. Pero, cuando su primera transformación devele la realidad de su linaje, las antiguas profecí...
