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Capítulo 3

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Extrañas sensaciones

Lily

Deprisa acomodaba los últimos mechones de mi cabello lacio, era lo bueno de llevarlo corto, no tardaba una eternidad en cepillarlo, solo bastaba pasar el peine un par de veces por las hebras delgadas y ¡listo! Todo resuelto.

Fijé bien mi diadema roja detrás de mi fleco, agarré mi mochila y salí disparada del departamento. Nuevamente, me quedé dormida y esta vez no alcanzaría a pasar por mi café. Maldije por haberme ido de fiesta la noche anterior cuando procuraba no salir entre semana para no afectar mis estudios. Carajo. Por supuesto, anoche no pensaba lo mismo mientras bailaba con Step y me bebía la botella entera de tequila.

Me pregunté si ya se había ido a la universidad; ninguno terminó cayéndose de borracho porque sabíamos que teníamos clases, además, él manejó hasta el edificio y debo darle créditos, lo hizo muy bien, era excelente conductor.

Salí fuera del edificio en segundos, era una mañana soleada, así que me puse las gafas oscuras y seguí mi camino hacia la calle.

—Ey, calladita —busqué el lugar de donde provenía su voz, hallándolo a mi costado derecho, justo en el estacionamiento—, ¿se te pegaron las sábanas? —Se mofó.

—No me jodas, Step, ya voy tarde —mascullé.

Avancé y enseguida oí el suave motor de la motocicleta acercándose, se detuvo a mi lado y sonrió, fresco como una lechuga.

—Toma —extendió su brazo, ofreciéndome un café, enarqué una ceja—, supuse que no te daría tiempo de comprar uno.

Lo tomé. Era el vaso de la cafetería donde solía comprar mi café todos los días. Di un sorbo al líquido caliente y amargo. Desplegué los labios en una sonrisa.

—Como me gusta.

—Si voy a hacer algo, lo hago bien —se jactó. Reí.

—Hay profesores que pueden diferir contigo —repliqué. Acomodó sus gafas e ignoró mi comentario.

—Sube, te llevo.

—Bien, solo por haberme traído el café —accedí con una sonrisa. Me miró por encima de su hombro cuando encajé detrás de su cuerpo.

—¿Tu forma de agradecerme por el café es aceptando mi invitación en moto?

—Confirmo —bromeé.

No dijo más y se puso en marcha hacia la universidad, esta vez no podía ir a alta velocidad debido a que las calles estaban atestadas de autos, pero Step logró serpentear entre algunos, avanzando más rápido, incluso cuando eso estaba prohibido. Pero había reglas que se hicieron para romperse, más aquellas que me ayudaban a no llegar tarde a mis clases.

Justo arribamos a la universidad con quince minutos de sobra, al entrar en el estacionamiento ambos nos ganamos un par de miradas curiosas que ignoramos. Cuando se detuvo, bajé sin prisa, acomodé mi cabello y mi blusa.

—¿Haciendo nuevos amigos, Stefano? —Preguntó una voz burlona. Los dos miramos al dueño, era uno de sus primos, el casualito, porque Doménico se mantenía a raya.

—Ustedes par de idiotas —masculló Stefano—, los estuve llamando.

—Hubo reunión familiar —explicó Doménico—, sabes que no podemos librarnos de ellas.

—Y como tú estás excomulgado de la familia, no había manera de invitarte —agregó el otro primo. Mis cejas se juntaron, formando un gesto molesto, ¿por qué le hablaba así? Parecía que lo detestaba; no dijo nada malo, pero no eran las palabras, sino el modo en que las decía.

Lily tiene un secreto ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora