|IX|

6 0 0
                                        

Mayo, 2020.
Argentina.

Hola.

Me duele el corazón, E. Me duele tanto el corazón.

Creo que lo que me tiene tan mal es este período de tiempo. La distancia de los que amo, de los que me aman. Potencia todo lo malo y diluye lo bueno, la luz.

Cada día es una agonía. Despertar, es una agonía. Lenta, dura y sin salida. 

Te venía soñando mucho, ¿sabes? Te soñaba todas y cada una de las noches en que me iba a dormir. No sé porqué, ¡no sé porqué! Mi mente me estaba gritando algo que no comprendía. ¿Qué estaba mal? ¿Por qué llegabas así a mi mente y me atormentabas? ¿Qué pasaba? Claramente algo iba mal. En mi, en vos, en lo que fuere. Algo está muy mal.

Lloraba todas las noches después de soñarte, debo confesar. Me volvía loca.

En esas semanas, donde no podía contactar con mi psicóloga ni con las profes que me estaban ayudando a sobrellevar todo, se me cruzó por la mente llamarte. La idea fue fugaz y descartada.

Ya sabía que no te importaba. 

Pero algo pasó. Cuando me acosté una adrenalina parecida a aquella que sentí la primera vez que nos vimos me llevó a escribirte. POR DIOS QUE MIEDO TENÍA. Los cimientos de mi cordura temblaban sin parar. Estaba aterrorizada de que me rechaces.

No sabía cómo iba a sobrellevarlo. Pero a la misma vez... Algo me decía que tenía que hacerlo. Necesitaba saber si estabas bien, mal, enfermo, triste, enojado con la vida o feliz. Necesitaba saberlo para poder respirar otra vez con tranquilidad.

Los segundos luego de presionar enviar fueron terribles. Ahora miro mis manos y están temblando igual que ese viernes a la noche. A la distancia y después de tanto seguís haciéndome temblar.

Tu respuesta a mi mensaje me devolvió la vida. Los latidos se normalizaron y respiré.

Respiré.

Una sonrisa del tamaño de mi cara me envolvió. Sentí tus brazos cerca, tu respiración en mi cuello y vi tu mirada en mi. No estabas en presencia pero te sentía ahí, conmigo.

Me respondiste tan atento, tan preocupado que estoy segura que sentiste el mismo alivio que experimenté yo al saber que estabas bien.

Ambos estábamos... Bien.

Mi corazón palpitaba a cada repuesta tuya. Sonreía con cada ocurrencia que tenías. Claramente se notaba que te contenias, pero allí estabas. Eras mi viejo amigo, temeroso de responder algo fuera de lugar pero... Eras vos.

Yo estaba igual, caminando sobre algodones, aterrorizada de escribir algo que te incomodara o que cerrara el diálogo. Si algo aprendí es que ahora sos como una flor exótica, puedo acercarme y verte pero si acerco mi dedo e intento acariciarte de alguna manera te cerras para siempre. Y ya no quiero eso. No quiero perderte.

No quiero perderte más.

Por favor.

Me moría por decirte esas palabras, tanto como ahora. Pero no lo hice. Claramente.

Jugamos con viejos recuerdos y nos reímos mucho. Me hablaste de tu nueva gatita y de como le salvaste la vida. Eso me llegó mucho. Me acordé y te recordé como no te gustaban los gatos, siempre que te hablaba de mi hija mirabas hacia otro lado y le decías a tus perras que vayan a cazar gatitos.

Yo me enojaba y vos me matabas a cosquillas para que se me pasara.

Ahora que estoy lejos respiras amor por Frida y mi corazón crece más. ¿Cuánto amor tenés para dar?

Increíble.

Sos increíble.

Me calmaste la mente, el corazón y el dolor. Hiciste respirar a la nena que te amó.

Me moría de ganas de contarte todo lo que pasé, o lo mal que la pasé. Los errores que cometí al no verte y a las personas que conocí y me lastimaron. Pero no era el momento, hacerlo por mensaje le quitaría lo humano y... Todo.

Ahora, tengo el corazón tranquilo. En paz. Saber que estás bien me hace bien.

Estamos bien precioso E. Espero pronto volverte a ver, con un café de por medio y un respeto sincero.

Nos abrazo, moroxo. Nos abrazo siempre.

Cartas a quien pretendo olvidar. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora