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Alma

Invité a Jaden a mi casa. Tardó un poco en aceptar, pero al final lo logré convencer. Tenía las mejores intenciones con él. Me llamó la atención que no estuviera con un grupo de amigos, porque lo vi solo sentado en el almuerzo.

Sentí que si él estaba pasando por un mal momento, yo podría ayudarlo, tal como me ayudaron a mí. Además, se veía interesante.

Llegamos a mi casa y resultó que Jaden y yo vivíamos en el mismo barrio, aunque unas casas más alejadas.

—Jaden, ¿quieres algo de comer? —le pregunté.

—Mmm, no gracias. Sigo sin entender por qué me quisiste hablar.

—Ya te dije que porque quiero que seamos amigos. Además, porque te ves interesante, siento que tenemos mucho en común.

—Oh, no creo eso —dijo con una sonrisa—. Tú te ves como la niña perfecta que tiene todo. Vamos, ¿qué podría salir mal?

—Todo puede salir mal, Jaden. Todo. Y créeme, tener dinero no te hace más. Al contrario, por eso no tenía amigos; me hacían burla, llegué a hacerme daño a mí misma por las burlas cuando tenía solo 15 años. Soportarlo era horrible. No podía y me lastimaba yo misma.

—Mierda, lo siento —me dijo, con la voz baja—. Yo también he pasado por cosas feas y me he hecho daño a mí mismo. Perdón por hacerte pasar un mal rato. Creo que es mejor que me vaya.

—No, Jaden, no te vayas, por favor —le pedí, tomándole la mano—. Y no te preocupes, yo ya pasé por eso y lo superé. No me molesta hablarlo. Pero quédate, ¿sí?

—¿Segura? Alma, no quiero molestarte.

—Jaden, no molestas. Quédate y ya, ven.

Lo llevé de la mano a mi cuarto. Mis papás nunca están en casa, siempre trabajando, pero bueno.

—Mira, te quiero platicar algo —le dije.

—Okay —respondió sentándose en mi cama.

—Sé qué tipo de persona es Steve. Sé que no es tu amigo y que no es buena persona. Noté cómo lo miran los demás, con miedo, hasta los que dicen ser sus amigos, los que se sientan con él en la mesa. Acepté estar con ellos para no ser maleducada, pero personas así eran las que me molestaban. Supongo que no son tus amigos porque ellos te hacen daño. Entiendo si no me quieres decir ahora, pero una de las razones por las que te quería hablar es porque quiero ser tu amiga y no quiero que te hagan daño. No quiero que pienses que es por lástima o algo así, nada que ver. Yo de verdad quiero ser tu amiga. Además, eres lindo. Me gustan tus tatuajes.

—¿Cómo sabes todo eso si solo me viste en una clase? —preguntó, sorprendido.

—Observando, Jaden. Te observé y noté que en tus ojos demuestras tristeza. Siento que tienes ojos muy lindos para andar mostrando tristeza con ellos.

—¿Cómo viste mis tatuajes? —dijo, desconfiado—. Me los tapo con la ropa.

—Otra vez observando. Cuando te pusiste la chamarra se te levantó la camisa y me dejaste ver tu tatuaje. Yo también tengo uno.

—¿Me estás acosando? —preguntó divertido.

—Tal vez, pero no en el mal plan. ¿Quieres ver mi tatuaje?

—Okay.

—Tengo un ángel en la parte alta de la espalda. ¿Me ayudas?

Me levanté de la cama y ella se puso de espaldas. Le levanté la blusa dejándome ver su tatuaje: un ángel. Yo también tengo uno así.

—Me gusta tu tatuaje. Tengo uno igual en la misma parte, pero un poco más arriba. ¿Quieres ver?

—Claro.

Me quité la chamarra y luego la camisa, dándole la espalda para que viera mi tatuaje. Sus manos tocaron delicadamente mi espalda. Su tacto frío me dejó paralizado. Con sus dedos trazó un camino sobre mi tatuaje, lo cual me hizo sentir escalofríos.

—Ves, sí tenemos algo en común.

Volteé a verla de frente y noté cómo su mirada bajó.

—Jad —me abrazó muy fuerte. Acepté el abrazo hasta que se separó. En su rostro se notaba preocupación, pero no sabía por qué... bueno, aún no.

TWO MONTHS - Jaden HosslerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora