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Jaden

Alma se fue a su casa porque ya era tarde, pero no puedo sacarme de la mente los dos abrazos que nos dimos hoy. Hace mucho no sentía un abrazo tan sincero como los de ella.

¿Realmente quiere ayudarme? ¿Le doy lástima? ¿Por qué quiere ser mi amiga?

Esas preguntas no me abandonan y no soporto no tenerlas claras. Mañana iré a la escuela. El baile de bienvenida se acerca y, por primera vez, me gustaría ir... con ella, con Alma.

♪♪♪

Alma

Esta vez, Jaden y yo fuimos juntos a la escuela. Entramos al salón y estábamos platicando, cuando el grupo de Steve llegó a molestarlo.

Steve dijo con tono burlón: "Hossler, buenos días. ¿Hoy también vas a faltar o vas a llorar por tu exnovia que te dejó por un universitario?"

Yo respondí: "Steve, ¿te puedes ir? Por favor, estamos hablando."

Él insistió: "No me digas, Alma, que ahora te juntas con él. Vamos, es un raro, no tiene amigos ni nada. No puedes estar con él."

Le contesté firme: "Sí puedo, y si me estás hartando, ¿te puedes ir?"

Steve se burló: "¿Qué? ¿Él no se sabe defender?"

Le dije: "Steve, para."

Sentí que Jaden me agarraba la mano por debajo de la mesa; hacía fuerza, pero sin lastimarme.

Steve continuó: "Vamos, Alma. Él es un raro, no te juntes con él. Solo llora y se viste de negro. No tiene mucho que darte. Ven conmigo."

Jaden se molestó y le gritó: "¿Te puedes largar? En serio, vete."

Steve, sorprendido, dijo: "Por fin dijiste algo."

Por suerte, el profesor llegó justo en ese momento y ellos se fueron a sentar a sus lugares, que por suerte estaban lejos de nosotros.

Jaden

Alma tenía nuestras manos entrelazadas. Cada vez que ese estúpido de Steve decía algo, ella me calmaba. Cuando por fin se fueron a sus lugares porque llegó el profesor, Alma me miró y dijo:

—Te quiero, Jad.

Luego me abrazó, y yo le sonreí.

♪♪♪

Alma

Las clases terminaron, Jaden se fue a su casa y yo a la mía para hacer tareas y descansar un rato.

Minutos después, alguien tocó mi puerta con fuerza. Como no había nadie más en casa, fui a abrir.

Al abrir la puerta, vi a Jaden todo golpeado, con sangre en la cara y la ropa sucia.

Exclamé preocupada:

—¡Oh Dios, Jaden!

Lo abracé y rápido lo dejé entrar. Se sentó en el sillón de la sala.

Le pregunté:

—Jad, ¿qué te pasó?

Él respondió:

—Steve... me pasó él y sus amigos. Siempre, siempre me pasa.

Yo sentí culpa y le dije:

—Jaden, lo siento tanto, de verdad es mi culpa. Yo los hice enojar y se desquitaron contigo. Perdón, en serio, lo lamento mucho, mierda.

Él me calmó:

—Alma, tranquila, no es tu culpa. Yo los provoqué. ¿Me ayudas?

—¡Oh, sí, sí! —le respondí.

Con cuidado, le ayudé a levantar la camisa y vi que tenía rojo el área de las costillas y el abdomen. Su cara tenía golpes, pero no muy fuertes, y los nudillos estaban rojos.

Le dije:

—Jaden, ya vengo, espérame.

Después de ayudarlo con los golpes, fuimos a mi cuarto y nos acostamos en la cama. Apenas podía caminar sin quejarse.

Jaden

Le pregunté:

—Alma, ¿por qué eres tan buena conmigo?

Ella me miró y respondió:

—Jad, ya te lo he dicho tantas veces: es porque te quiero y porque me pareces muy sexy.

Ella misma se sorprendió al decir eso, quizá no quería, pero logró ponerme nervioso. Sus mejillas se tornaron rojas, se veía tan hermosa.

Me acerqué y le besé delicadamente la mejilla.

Le dije:

—Alma, gracias por lo que has hecho estos días, pero no quiero que en el futuro salgas lastimada por mi culpa.

Ella preguntó:

—¿Por qué me harías daño?

Aquí vamos... el momento que pedía que nunca pasara, está a punto de ocurrir.

TWO MONTHS - Jaden HosslerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora