Mi secretaria vuelve a los veinte minutos, solo me ha podido entregar los ingresos y los gastos de este año pero nada mas. Para conseguir el resto de información que necesito, debe autorizarme el jefe de la empresa y eso me saca de quicio. No se quien es ese tal Martín Aguilar pero me está cabreando y es una pena no bajarle los humos diciéndole que por encima de el estoy yo. Aggg grita mi yo interior, tengo que relajarme.
—¿Dónde se encuentra su despacho para poder hablar con el? —me levanto cuando he contado hasta cincuenta —necesito empezar cuanto antes.
—Claro —responde un poco nerviosa pero no la culpo, en mi to- no de voz reflejo lo irritable que me siento hasta este momento—su despacho se encuentra en la última planta.
—Gracias —intento no pagar mi frustración con ella, al fin y al cabo no tiene la culpa.
Salgo de mi oficina sin mirar atrás, quiero llegar cuanto antes a su despacho para que me autorice de una vez el acceso a esos archivos. Pulso el botón del ascensor y tengo que esperar unos minutos hasta que por fin llega a mi planta, como era de esperar, va muy lleno e intento buscar un hueco porque no pienso al siguiente. A medida que subimos, el ascensor se va vaciando y por fin me quedo sola.
Al llegar a su planta, lo primero que observo es que hay muy poco personal para no decir nadie, me acerco a una mesa donde se encuentra una mujer y decido preguntarle.
—Buenos días —digo borde porque no quiero perder el tiempo — ¿Sabes cual es el despacho del señor Aguilar?
—Es ese —me señala la puerta que está justo en frente —¿tiene cita?
—No— gruño —necesito hablar con el.
—Si no tiene cita — me explica automática —no podrá hablar con el.
—Mire, necesito reunirme con el —relájate Victoria —llevo el departamento de contabilidad y necesito hablar con el inmediatamente.
—Lo siento pero las normas son claras —alega.
—De acuerdo —suelto el aire —¿Cuándo podré verle?
—Hoy será imposible, tiene varias reuniones y compromisos —maldito Aguilar —Podría reunirse con el —mira su agenda —pasado mañana.
—¿Cómo? —elevo la voz— mire señorita, soy del departamento de contabilidad, una empleada y no creo que tenga que esperar más de veinticuatro horas para poder comunicarme con el y arreglar unos asuntos de trabajo —me irrita —así que le pido que le informe de que la señorita Miller se encuentra aquí.
—Señorita Miller —utiliza el mismo tono que he utilizado yo y por ese gesto ya me cae mal —como es nueva en la empresa, no conoce las normas — será.... — así que le haré un resumen, para poder hablar con el señor Aguilar o pide cita o espere hasta que el la necesite.
—Esta bien —no pienso perder mas el tiempo aquí —anóteme para la cita de pasado mañana.
—Ups —dice la muy descarada —había olvidado que también estaba ocupada —¿QUÉ? —ya sería para dentro de tres días —sonríe con chulería y estoy apunto de borrarle la sonrisa que tiene diciéndole quien soy pero me contengo.
—Pues hasta ese día —esto no va a quedar así pero soy Victoria Isabelle Corberó, está aún no sabe quien soy yo.
Me alejo de ella con paso decidido y muy segura, ninguna mujer se comporta de esa manera y sale ilesa. Puedo parecer muy prepotente e incluso maléfica pero no, me gusta ser justa y cuando algo me parece injusto soy de las que no lo dejan pasar. Vuelvo a mi despacho muy cabreada e indignada ¿qué manera es esa de llevar una empresa? Me dan ganas de llamar a papá y contarle todo para que lo eche pero no, quiero encargarme personalmente de este impresentable y de su secretaria.
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Todos los te quiero que no te dije (Saga TE QUIERO I)
RomanceVictoria Isabelle Corberó es la primogénita de uno de los empresarios más importantes del país, el señor Sergio Corberó. Con tan solo veinticinco años, se ha convertido en una mujer tremendamente guapa, inteligente, audaz pero además, es una mujer f...