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"El sabor, el tacto, la forma en la que nos amamos. Todo se reduce al sonido de nuestra canción de amor. Sabes que moriría para hacerte sentir orgulloso"

(Love Song, Lana Del Rey)

advertencia: contenido +18

Los celos de los alfas puros eran considerados los más agresivos sin lugar a dudas, era por eso que su irregularidad era parecida a la condición pura de los alfas. Hyunjin sufrió la peor fiebre de su vida a los quince años, mientras se sentía desfallecer en su cama y con el olor picante de su madre que lo atendía y lo aturdía, su instinto todo posesivo de cualquier cosa que estuviera a su lado.

Duraban una semana entera, pero su agresividad se triplicaba y llegaba a parecer animal enjaulado con tanto gruñido. Antes le era fácil atender los gustos carnales que por naturaleza su cuerpo le demandaba en algún bar de la ciudad que tuviera entrada restringida, así se aseguraba de que no iba a meterse con cualquiera que, aunque con protección, pudiera infectarle con alguna enfermedad.

Si algo había aprendido de esas crudas experiencias, era que los omegas solían entregarse completamente mareados por las feromonas. Ahora estaba preocupado por el omega que llevaba a casa consumido por su aroma a celo que lo impacientaba sobre su lugar. Consideró en dar la vuelta sobre el retorno que los llevaba a casa de Minho y Jisung, quería hacerlo para evitar alguna situación indeseable con Seungmin. Pensó más allá, y esa opción tampoco resultaba demasiado válida al final pues apenas estacionara fuera de la casa y llamara a la puerta, Jisung saldría a correrlo con cualquier objeto potencialmente dañino para ahuyentarlo. Como pareja unida por el lazo, eran más posesivos el uno del otro.

Con Changbin y Felix sería la misma situación, y ni pensar en llevarlo con Chan. Cuando regresara por él, Seungmin seguramente habría perdido la bonita timidez e inocencia que lo caracterizaba y regresaría siendo un total odiador de alfas.

Seungmin soltó un jadeo entrecortado y cruzó sus piernas para contener el temblor de éstas, estaba sonrojado y sentía que el aire lo asfixiaba a pesar de que las ventanas estaban abajo. Hyunjin apretó las manos contra el volante y dejó de lado sus vacilaciones para acelerar el paso y poder llegar a su casa, mientras que bajaba una mano para sostener la del omega.

Fue un abrir y cerrar de ojos en lo que habían llegado, la tensión que se vivía era una gigantesca burbuja que los encerraba cerca y cada vez querían más del toque. Hyunjin bajó del automóvil y corrió a abrir la puerta al más pequeño para cargarlo desde los muslos, procurando no aplastar su abultado estómago. Cerró la puerta y se dirigieron dentro de la casa, con un meloso Seungmin colgado como changuito a su cuello.

Cuando ascendieron al segundo piso y se instalaron en la recámara, Hyunjin estaba mordiendo sus labios con toda su fuerza para luchar contra su instinto y poder ayudar a Seungmin a tomar las cosas con calma y sentirlas, realmente disfrutarlas. Estaba influenciado por su naturaleza omega que correspondía sumisamente a la necesidad de su alfa, y aunque aquello a Hyunjin le daba una ventaja para descargar el dolor de su entrepierna con agresivas embestidas que lo saciaran, no se perdonaría jamás escuchar los lamentos del dolor que sentiría al día siguiente o cuando el efecto de las feromonas hubiera pasado.

Lo recostó sobre la cama y observó por los rayos del sol que se colaban por su ventana lo hermoso que era con el cuello sudado y las mejillas rosadas, sus labios mordidos que se abrían en una "O" y ese vientre abultado que guardaba a su hijo. Seungmin alzó sus brazos sobre su cabeza la inclinó como un cachorro que demandaba cariño, así que Hyunjin se apresuró a levantar su camisa para dejar pequeños besos de mariposa que con sus pestañas cosquillearon al omega, fue subiendo así hasta querer despojarlo de la camiseta y el saco abierto y estorboso que todavía tenía puesto. No había duda de por qué estaban sudando tanto.

kerosene || hyunminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora