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Después del fatídico y doloroso incidente con la carta y mi abuelo me había dedicado al negocio de la familia, por así decirlo.
Me encontraba caminando hacia el lugar de entrega, si eso se podía llamar caminar, arrastrando mis pies y conmigo una maleta negra que me superaba en peso, me detuve a descansar mís brazos y pies en una banca, y contemple el lugar en el que me encontraba, era la calle ABC de la ciudad Conecticut, una ciudad que te transportaba a otro siglo, casas de bahareque, puertas de madera, no divisabas tecnología de ningún aspecto, su gobernador, por así decirlo, no admitía la tecnología ni sus derivados, mientras el mundo avanzaba cada día más, esta gente seguía utilizando cocinas a gas y hornos de leña, y a mi me gustaba ir allí, podias oler en la acera cafe y pan recién hecho, la gente era tan amable que te ofrecian en cada esquina un dulce diferente, te hacian desesperadamente querer quedarte allí.
Pero, era la única ciudad que en ese momento se encontraria desolada y era perfecta para hacer la entrega de mi pedido.
Cual era el negocio de la familia?
Huesos.
Si, huesos.
Mi abuelo recolectaba los huesos de las personas a las que el suero de Osadian no les servía para curación, obviamente ya muertas. Ese trabajo lo hacia el, y remotamente no me interesaba saber cómo, yo sólo los vendía.
Los recolectaba y llevaba a científicos que aun buscaban la cura a ciertas enfermedades e investigaban el porqué aun habia gente a las que el suero no curaba. Pero lo tenía que hacer a escondidas, ya que, los compradores mayormente eran fugitivos y desertores de la nueva monarca, fieles a la Reina Megan, y eran "peligrosos" para el nuevo imperio, sólo por pensar diferente. Qué estupidez.
A penas tuve edad suficiente, justo después de la mega discusión con mi abuelo sobre La Academia, fui enviada a conocer el "negocio" que me daba de comer, cosa que odie de inmediato, me sentía en cada sitio a la que era enviada a vender, fuera de lugar, como que algo en mi no encajara con lo que hacia, cómo si debiera estar haciendo otra cosa. Recibí formación para autodefensa, manejo de armas y cargaba siempre el suero Osadian por si conseguía un Contaminado en el camino, porque a pesar de todos los esfuerzos aun habia gente sufriendo con el virus del holocausto.
Conecticut era la excepción de la regla, me gustaba ir allí, sentarme y descansar, observar a la gente pasar, sentir el olor a café, y si quedaba chance probar las delicias que la gente tenía para ofrecer.
Después del mini descanso, me alice la chaqueta de cuero negro y observé cómo iba vestida, pantalón negro de elástica, camisa blanca holgada, chaqueta y tenis blancos de suela gruesa por si se presentaba una pelea siempre podría correr, por último mire la pesada maleta calculando mentalmente cuantas cuadras me faltaban para llegar al sitio de la entrega y poder caminar normal. Me decidí a no aplazarlo mas levantándome y arrastrando conmigo el pesado encargo, eran un total de cinco cuadras para llegar a un edificio gris abandonado que desencajaba en todo el panorama de la ciudad, mis sentidos estaban alerta por si aparecía algún soldado, la pena por transportar huesos para experimentar era mucha, diez años mínimo, seguí lo mas sigilosa posible hasta entrar al callejón y detenerme en la puerta de hierro desvencijada que ya conocía tan bien.
Toque dos veces y espere.
Un hombre de mediana edad, regordete y casi calvo me recibió con una sonrisa radiante, vestía una bata de laboratorio blanca, camisa de vestir azul y unos jean vaqueros desgastados.
- Hola Louis - le saludé
- Pasa linda, los tiempos no son buenos, luego podremos saludarnos- me advirtió dandome paso hacia la poca alumbrada estancia. El chirriante sonido de la puerta cerrandose me advirtió que ya estábamos a salvo dentro, solté la maleta y el aire que no sabia que estaba conteniendo, el recibidor en el que estábamos constaba de un pequeño escritorio caoba, una silla giratoria negra y unas cuantas plantas de adorno, las paredes tenían el mismo color de la última vez que yo había venido, un blanco sucio que para nada daba seguridad con el bombillo amarillo incandescente que hacia de veces de alumbrar el sitio. Al final del recibidor estaba la puerta que daba hacia el laboratorio y demás pasillos que nunca me atreví a recorrer.
Louis me invitó a sentarme y así hice junto con él al frente en la silla giratoria.
- Cómo está el? - preguntó
- Bien, esta haciendo otra entrega en estos momentos- hablaba de mi abuelo, él era reconocido por esta gente como un Dios, casi.
- No debió de haberte mandado sola esta vez- susurro- los Osadian estan cada vez mas encima de nosotros- sentenció
- No te preocupes, me se defender- conteste sonriendo para tranquilizarlo, Louis era una cliente fijo, y alguien confiable y respetuoso, nada que ver con esos sucios barba blancas de Colorado.
- Espero que si - respondió inseguro- Y que tienes para mi hoy niña? - desenfundo sus lentes negros poniéndose de pie para dirigirse a mi maleta, nunca dejaría de llamarme asi, supongo que mi abuelo me llamaba así en secreto, les enviaré a la niña, me imaginaba diciéndoles, paguenle bien a la niña.
Siempre me decían así.
- Velo tu mismo- dije abriendo el cierre y volteando el contenido con cuidado en el frio piso de cerámica. Cada que veía los huesos el sentimiento era el mismo, sorpresa, asco y repulsión, para terminar con resignación porqué esto nos daba qué comer.
Louis se arrodillo sacando de su bata unos guantes de latex finísimos para ponerselos y realizar la inspección, solía tardarse así qué me senté y jugué hurgando en los lápices de colores que había encima del escritorio. Luego de unos largos minutos por fin habló.
- Te daré 800 grandes por esta entrega- sonreí satisfecha- y una taza del mejor café de la ciudad- concluyo poniendose de pie.
~•~•~•~•~•~
Salí del recinto con mi maleta llena de los billetes y el buen sabor de boca de ese excelente café. Satisfecha con la venta y feliz de que no hubiese ningun incidente extra.
Yo creía en su causa, en silencio claro, jamás lo diría en voz alta, me parecía importante lo que hacian, y que aun después de tantos años le fueran aun fiel a su antigua reina. Venia con ese pensamiento cuando los ví, a penas había cruzado la esquina para salir del callejón cuando los divise a dos cuadras, eran cuatro encapuchados, con túnicas y mascarillas negras, y venian hacia mí armados.
No me detuve seguí caminando hacia ellos sin miedo, las cuchillas escondidas en mi cinturón estaban frías y listas para usarse, lo único que me molestaba era que en el fondo de la maleta era que reposaba mi pistola. Estaba acostumbrada a percances de este tipo, a inmovilizar a los atacantes y huir despavorida antes de que llegarán los soldados.
Al verme cerca aceleraron el paso y me apuntaron con sus armas, yo a la vez desenfunde mis cuchillos con una mano sin soltar la maleta. El clima había cambiado, era mediodía y el sol estaba en su punto, no había ni una pizca de brisa cuando de la azotea del segundo piso del gris edificio con tunicas blancas saltaron los hombres de Louis, en sus brazos cargando enormes armas a láser cayendo justo en frente de mis atacantes.
- Ella será nuestra- hablaron los de negro, todos al mismo tiempo.
Uno de los hombres de Louis, Carl, delgado y alto, los apunto y dijo
- No te atreverías a robar a la nieta del traficante de huesos en nuestro territorio- un escalofrío siempre me recorría al ser llamada así, al ser reconocida así.
Sin contestar los del otro bando se lanzaron a la pelea en un abrir y cerrar de ojos, los de Louis respondieron de inmediato y se deshicieron de ellos al instante. Nadie era rival para los primeros Osadian.
Yo seguía en mi sitio, firme, esperando para agradecer pero, uno de ellos me tomo del brazo y mirándome fijamente me dijo
- Huye Elisa, no es bueno que justo hoy te consigan aquí- tajante lo mire y sin esperar una segunda ola de ataque corri hacia la estación de tren mas cercana que quedaba a seis cuadras de allí.
Mientras me acercaba a paso veloz me daba cuenta de que la gente empezaba a salir de sus casas con camisas blancas conmemorativas y a hizar banderas del mismo color con el logo de la antigua Reina Megan La Fey, debería ser un momento seguro pero no, habrían manifestaciones.
Cómo se me pudo olvidar?
Hoy la ciudad celebraba su cumpleaños, mal día para venir, mal día para huir de allí.
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Revival © 1er libro de la saga Osados
Science FictionCursa el año 650 después del Holocausto cuando Elisa White una joven de 21 años lucha por ser aceptada en una de las Fuerzas de defensa del Planeta: Los Osadians, guerreros fuertes e inmortales que luchan por la supervivencia de la raza humana. Su...
