Corría el año 2079, cuando, por culpa del incompetente Gobierno mundial, que se había organizado un par de años antes, todo el mundo que no creyera en el nuevo "dios" sería desangrado en campos de concentración nazi de hace más de un siglo.
Carlos, un Madrileño nacido durante el verano de 2060, fue a la costa cuando se enteró que el Gobierno había movilizado tropas para capturar a todos los infieles que hubieran en Europa. Carlos era muy diferente a todos los demás jóvenes que le rodeaban, pues parecía una persona más cercana al siglo pasado que al actual, escuchaba música de hace más de 50 años, vestía como lo hacían sus abuelos y lo más extraño de todo, para la época que corría, era que no comía nada de procedencia animal a no ser que viniera del mar y medía y pesaba bastante menos que una persona denominada "normal", puesto que pesaba 80 kg y medía 1,74, lo habitual era estar gordo y medir más de 1,80. Decidió irse a Málaga donde tenía familia y podría crear de cero un navío con el cual no le pudieran localizar, ya que era más fácil ocultarse y sobrevivir en alta mar que hacerlo en tierra firme. Dos semanas después de haber llegado a lo que un día fue una bella ciudad, ya había echo un tercio del gran navío gracias a la ayuda de los pescadores del pueblo, algunos eran amigos de sus tíos, que eran los que le daban cobijo al muchacho, otros, gente en la misma situación que el que había ido reuniendo durante el viaje que realizó hasta llegar allí, y que aunque fueran distinto a él, tenían un mismo punto común, que era el no creer en su nuevo "dios" el todopoderoso dinero, que al unificarse los gobiernos en uno mundial pasó de ser euros, dólares, soles, etc..a ser una moneda y billetes llamados surms. Y aunque Carlos y algunas personas que estaban con el tenían millones, no creían que esto les fuera a hacer ni más poderosos ni especiales, asique lo tenían pero ni idolatraban ni lo malgastaban por ahí en cosas innecesarias.
Cada semana que pasaba el barco tenía mejor aspecto que la semana anterior, puesto que entre todos trabajaban a un ritmo demoledor, aún así tenían poco tiempo antes de que aparecieran las tropas que el Gobierno había mandado a todas las grandes capitales, y que después de hacer el trabajo en cada una de ellas irían expandiendose buscando en el lugar más remoto a este tipo de personas "malditas" a los ojos de su "dios".
Tras 6 semanas de duro trabajo el navío estaba ya acabado y aún no habían habido señales de las tropas, cosa que inquietaba a Carlos, que pensaba que tenían que haber llegado hace semana y media, puesto que cuando se impuso la ley que unificó el Gobierno también salió otra que obligaba a destruir todos los vehículos propulsados a motor, expecto los primeros coches que existieron en la tierra, no muy prácticos ya que iban más despacio que un carro de caballos, y se los quedó el Gobierno haciendo los desplazamientos de un lugar a otro una odisea en los que había que andar cientos de kilómetros.
Una vez estubo el barco terminado, Carlos se dedicó a buscar armas con las que defender el barco, cañones del siglo XIX, fusiles automáticos de finales del siglo XX, y sables láser que fueron creados 4 o 5 años antes de su nacimiento. Cargó todo lo que entraba en las bodegas y en la cubierta del barco y cogió un bidón de gasolina vacío de 500 L que llenó de agua dulce para cultivar en cubierta y no tener que beber alcohol durante toda la travesía.
Mandó a los tripulantes que le habían acompañado durante el viaje a Málaga y le habían ayudado a construir el barco que subieran a este y se decidió a zarpar.
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