Ocho.
"Y puedo ir a donde quiera
A donde yo quiera, solo que no a casa
Y puedes apuntar a mi corazón ve por sangre
Pero aún me extrañarías en tus huesos
Y todavía te hablo
Cuando estoy gritando hacia el cielo
Y cuando no puedes dormir en la noche
¿Escuchas mis canciones de cunas robadas?
No estaba en mi ir con gracia
Y entonces los barcos de guerra se hundirán bajo las olas
Tuviste que matarme, pero te mato de la misma manera
Maldiciendo mi nombre deseando que me hubiese quedado
Te convertiste en tus peores miedos y estas evadiendo culpa
Emborrachándote por el dolor, apartando los buenos años"- My tears ricochet, Taylor Swift
Eiza estaba en el aeropuerto de Londres, sus manos temblaban mientras esperaba que el taxi llegar hacia ella, tenia al menos cincuenta llamada perdidas de Henry cuando prendió su teléfono y lo que lo asustaba era que no tenia ni un solo mensaje de este.
Cuando llega el auto entrega su maleta al hombre y se sube, se había colocado grandes lentes que cubrían casi todo su delicado rostro. Le indica al conductor el camino hacia el norte de Londres al exclusivo sector de Hampstead.
Nunca entendío porque un hombre rico como Henry vivía en una casa de estilo antiguo a las afueras de la ciudad cuando todos sus negocios tenían que ver con lujosos hoteles. Supone que de esa forma se alejaba un poco de la ciudad.
En pocas ocasiones había estado en esa casa, quizás solo unas tres veces en sus diez años de compromiso, era una casa sin duda preciosa, aunque ella prefería los lujosos hoteles del que hombre era dueño. Al bajar el taxista baja su maleta y ella le paga generosamente por el viaje. Toca la puerta con sus nudillos donde una mujer rubia bastante joven vestida de ejecutiva le abre.
- Buenos días- dice la mujer con una sonrisa tensa
- Soy la señorita Eisley, ¿Estará Henry?
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Art deco | Laura, Massimo, Eiza |365 DNI|
General FictionNo eres mala cariño, naciste para ser vista, naciste para ser salvaje... Quieres entrar, pero no puedes así que adornas de halagados.