Reencuentros

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3. Reencuentros

Kitty se apoyaba en la pared del aseo, Santana llevaba algunos minutos vomitando dentro del cubículo y ella esperaba pacientemente. De pronto, ya no se oyó más arcadas y entonces se atrevió a preguntar tímidamente.

- Santana... ¿Te encuentras mejor...?

Pero no pudo continuar porque volvió a escucharla vomitar de nuevo, resopló apoyándose en la pared una vez más.

Se oyó la cisterna del retrete y Santana salió del cubículo, su estado era deplorable. Kitty la contempló asombrada. Tenía ojeras negras, debido a que la máscara de pestañas se le había corrido y su vestido era un auténtico desastre. Estaba pálida y despeinada, su aspecto era digno de lástima. Se acercó al lavabo tambaleándose mientras se abanicaba con una mano, se enjuagó la cara y la máscara de pestañas se corrió aún más.

- Dime Kitty... ¿Cuánta gente puede vivir en Lima?

- ¿Qué clase de pregunta es esa? – exclamó la rubia perpleja.

- Y... ¿Cuántas revistas existen aquí para poder trabajar? – Kitty ignoró la extraña pregunta - ¿Muchas verdad?... Sí, muchas... Y de todas... ¡De todas! ¡Maldita sea!... He tenido que trabajar en ésta...

Kitty se sintió ofendida y miró a su jefa con resentimiento añadiendo.

- El Semanario es una gran publicación y yo me siento orgullosa de pertenecer a su plantilla.

Santana la miró tratando de entender a que había venido aquella respuesta.

- ¿Cuánto hace que se casó?

- ¡¿Quién?! – Kitty comenzaba a impacientarse y pensó que esa chica estaba loca.

- Brittany Pierce – Santana pronunció su nombre como si le estuvieran clavando un puñal en el pecho.

- ¿Pierce?

- Sí, ¿Cuánto? – volvió a preguntar.

- Una semana – contesto la rubia sin comprender nada.

- ¿Una semana?... ¡Oh Dios mío!... ¡¿Una semana?!... Si hubiera aceptado este trabajo solo una semana antes, quizás... - Santana cambió el gesto de desesperación y en su rostro se dibujó una sonrisa, y mirando a Kitty dijo mucho más calmada – No la recordaba tan guapa... Realmente es muy guapa...

Quinn abrió súbitamente la puerta del aseo, haciendo que las dos muchachas se sobresaltaran.

- ¿Te encuentras bien Santana?

- No Quinn... no estoy bien... ¡Se casó! ¿Por qué? – preguntó con los ojos llorosos.

- Porque se cansó de esperar noticias tuyas, nunca entendió porqué dejaste de escribirle.

Kitty abrió mucho los ojos sorprendida, ahora comenzaba a entender algo de todo lo que estaba sucediendo. Santana bajó la vista al suelo, en realidad ella tampoco supo nunca porque dejó de hacerlo. Al principio lo achacó al hecho de estar ocupada con sus estudios y ya las cartas dejaron de ser tan constantes. Luego fue a la universidad, conoció gente nueva y pensando que no volvería a ver a Brittany, dejó de escribirle para intentar olvidarla. Hoy había descubierto que no lo logró nunca.

- Tina es una buena chica - continuó Quinn - y la ama. Pero lo más importante de todo es que la hace feliz, hacía muchos años que no veía a mi prima sonreír y ella lo consiguió. Aléjate de ella Santana, ya sufrió bastante y ahora por fin se olvidó de ti.

- Pero yo aun la amo...

- ¡Ese es tu problema! – la interrumpió Quinn bruscamente alzando la voz – Escúchame bien, en un pasado tú y yo fuimos mejores amigas, pero he visto llorar a Brittany mucho por tu culpa y quiero, es mas te exijo, que no te acerques a ella si no se trata de trabajo. No vuelvas a destruir su vida ahora que es feliz.

Mi rubiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora