─ Buenas noches, dulce. Ya sabes, vine a cumplir con lo del beso. Con tu permiso... ─ Rompió la brecha que los separaba, que no era demasiada, posando sus manos sobre su cintura, dándole un pequeño empujón hacia su propio cuerpo. Se inclinó lo suficiente para juntar sus labios, besándola con delicadeza. Y, al separarse, le entregó una sonrisa.