Inexpugnable Hogar

153 12 0
                                        


—Esto es magnífico... —Kewa admiró su creación desde las alturas. Como si se tratase de una pintura hecha de sangre, aromatizada con el repugnante olor de la muerte y acompañada con el canto de los gritos. Nada más que una obra de arte.

Debajo de sus suelas estaba la Roca Hokage, donde cada rostro lloraba lágrimas ensangrentadas al ver prendida en fuego la Konoha que tantas generaciones les tocó construir.

—Mi señor —irrumpió una voz detrás de Kewa. No hizo falta dar media vuelta para saber de quién se trataba.

—¿Terminaste con tus trabajos? —preguntó Kewa, respirando a caladas el humo.

—Sí, mi señor. Los Kages confían en mí plenamente, asesiné a los ninjas de mayor y menor rango, y todos en las Cinco Grandes Naciones me creyeron el cuento de que la kunoichi que los iba a salvar... desgraciadamente murió —Una sonrisa taimada atravesó el rostro del hombre.

—Lo hiciste bien, Crey... —Kewa miró por el rabillo del ojo a su secuaz—. ¿O debería de decir Ryan? —rio a carcajadas—. Lo siento mucho, compañero, aún no logro asimilar tu cambio de apariencia. 

—No se preocupe, mi señor —Ryan hizo una leve reverencia y observó los ojos dorados de Kewa, como si fuesen pequeños lingotes de oro que relucían con el fuego amarillento de sus pupilas. Negó con la cabeza; ya no reconocía al hombre enfrente suyo.

—Oh, ahora que lo pienso —Kewa dio media vuelta y caminó por encima de las cinco cabezas, sin quitar la mirada del torbellino glauco que se desencadenaba al centro de todo el fuego—. Todo esto es gracias a ti, Ryan.

—¿Yo?

—Sí. Fuiste tú quien localizó, entrenó y me entregó a Sakura Haruno; entraste a Konoha siendo un renegado de la propia, "aconsejaste" a la Hokage y... ¿reviviste a una diosa que desconocía? —Kewa sonrió incrédulo—. Háblame de ella.

—La diosa Krystina fue la hermana bastarda de Kaguya. Toda su familia la menospreciaba al ser raíz de una mujer del que su padre se negaba a hablar. Krystina y Kaguya crecieron en una isla llamada Haruinius, lugar donde 'Haruno' era el apellido utilizado para los hijos bastardos.

—Krystina Haruno —intervino Kewa, muy interesado (aunque no lo mostrara) en lo que Ryan tenía por decir—. Sigue.

—Sí. Usaron a la diosa Krystina como un arma, mientras que a su hermanastra le tocaba la victoria. Al cumplir la mayoría de edad, ambas diosas tomaron caminos diferentes; Kaguya estableció una alianza con Tenji, el emperador del País de los Antepasados, de ahí nacieron los clanes Uchiha, Senju y Hyuga. Pero Krystina fue vendida como esclava a un hombre poderoso... Así como fue que nació el clan Haruno.

—¿Cómo murió?

Ryan miró hacia el grisáceo cielo y trató de recordar lo que los libros de las ruinas Haruno decían.

—Su propio pueblo la traicionó cuando se enteraron que Krystina era realmente una bastarda; la iban a quemar. Pero la diosa preveía que algún día pasaría eso, por lo que encerró su alma en una vasija hecha de su propio chakra y en ese instante "desapareció"...

—Así que con ese ritual realmente no la revivieron, ¿sino que liberaron su alma? —preguntó Kewa y Ryan asintió—. Supongo que los rumores decían que murió prendida en fuego, ¿no? —Kewa no esperó por una respuesta. Sonrió y miró a lo lejos al huracán, el cual se hacía más pequeño con el paso de los segundos, dejando entrar todo el fuego y quemando lo que alguna vez hubo dentro—. Qué desgraciada diosa, su reencarnación morirá de la misma forma.

Ryan miró inseguro a Konoha. Miles de casas prendidas en fuego, los cadáveres de familias y un legado hecho de cenizas. Lo recordaba... recordaba como si fuese ayer aquel día donde el clan Uchiha fue masacrado. Justo como Konoha en ese instante.

—¿Sakura está ahí dentro? —preguntó una parte que Ryan había jurado esconder antaño. Su parte inocente,  su parte inquieta. ¿Será que extrañaba a Sakura? ¿Le preocupaba que saliera herida?

Y justo en ese instante recordó los momentos que pasó con ella. La imagen de su sonrisa alegre, esos ojos ensoñadores y su extraña manía de gritar 'Shannaroo' por cada golpe. Sin desearlo, se le escapó una sonrisa.

—¿Por qué? ¿La extrañas? —lo espetó Kewa repentinamente. Ryan salió de un susto de sus recuerdos y negó con la cabeza—. Pues sí, está dentro del tornado, atrapada en un genjutsu del que es imposible salir. Tarde o temprano, el fuego consumirá el aire y se encontrará con Sakura —Kewa rio tan triunfador que a Ryan le hirvió la sangre.

—Me retiro, mi señor —Ryan debía de irse de ahí si no quería sucumbir ante sus instintos.

—Adelante.

—Gracias.

—Espera, Ryan —El susodicho hizo caso con ímpetu. '¿Se habrá dado cuenta? ¿Sabe que temo por la vida de Sakura? Imposible'. Kewa se acercó a su secuaz y lo tomó por la barbilla—. Sigues siendo mío, ¿verdad?

—Sí, mi señor.

—Más te vale —Kewa sonrió y se apartó—. Retírate.

Ryan hizo caso y tras una reverencia se alejó, con el corazón latiéndole con tal fuerza que estaba a punto de estallar.

'Sakura, sobrevive'.

La vista a Konoha era ininteligible gracias al espeso humo que se propagó fácilmente. Como había dicho Kewa antaño, el viento del tornado terminaría por ceder ante el fuego, y Sakura moriría.

Pero había algo extraño que inquietaba a Kewa... Parecía una pequeña masa de poder que iba contra la corriente del intenso fuego. Como una cápsula hecha de chakra que guardaba dentro extremidades quemadas. Entonces Kewa se dio cuenta.

—¡No puede ser! —gritó, pero ya era demasiado tarde.

Una kunoichi desnuda salió de entre las llamas con media cabellera chamuscada y pieles al rojo vivo. Sus cabellos rosados volaban junto al viento, y dentro de esos ojos verdes se guardaba la pena de haber perdido a sus padres, pero también el remordimiento de no haber podido hacer nada. 

El fuego amenazaba con emboscarla, pero a su alrededor vivía un poder extraordinario que la protegía. Excluyendo sus quemaduras de primer grado, salió ilesa.

—Imposible...

La kunoichi activó el Byakugou No In que la envolvió con tiras negruzcas. El poder incrementó tanto que extinguió el fuego a su alrededor. Alzó el brazo, deformó su mano en un puño y asestó contra la tierra marchita.

El fuego se esfumó.

Sakura observó con odio a Kewa, y esos ojos le prometieron que lo mataría, así como él asesinó a sus padres. Su voz estalló como un rayo:

—¡KEWA!



N.R. — Fuking Shannaroo

Fucking Shannaro.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora