Zabdiel le había mandado un mensaje a Antonella, se encontrarían en un café.
Estaba sentado esperando a la pelinegra que llegó unos minutos después
—Hola Zabdi—saluda feliz.
—Hola—contesta seco.
—¿Para qué me citaste?—toma asiento frente al rubio.
—Necesito que me digas quién te envio.
—¿Enviar? Ya te dije que te extraño— intenta tomar la mano de Zabdiel pero éste la quita.
—¿En serio esperas que me crea ese teatro que hiciste?— se burla—. Solo teníamos sexo de vez en cuando, no significo nada.
La pelinegra lo mira enfurecida, si había significado algo para ella.
—Vamos Zabdi, sé que me extrañas.
—No realmente no lo hago, si te mando Amelia decile que no va a arruinar la relación que tengo.
—¿Relación?—lo mira confundida y en su mente aparece la foto con el castaño y ropa en el armario del rubio que no era suya—. ¿Estás en una relación con tu mejor amigo?
—No te interesa saber eso, solo viene a decirte que me dejes en paz—se levanta y antes de irse escucha la voz de Antonella.
—No vas a ser feliz con él, no soy la única que quiere arruinar su relación.
El rubio sale del café y va hacia su departamento, las palabras de la pelinegra resuenan en su cabeza.
Entra a su departamento y se acuesta en el sofá.
¿Acaso ella tenía razón?
¿Quién más quería interponerse entre ellos?
Escucha el timbre y se levanta a abrir la puerta encontrándose con su novio.
—Bebé, no te esperaba— se hace a un lado haciéndolo pasar y cierra la puerta.
—Zab—suspira y mira a los ojos al mas alto—. Se terminó.
—¿Qué?—pregunta confundido—. Amor ¿De qué diablos estás hablando?
—Ya no puedo seguir con esto Zabdiel— se cruza de brazos.
—¿Por qué?—pregunta cruzándose de brazos—. ¿Por qué te estas rindiendo tan fácil?
—Aceptalo, no funcionamos como pareja—contesta.
—¿Con esa excusa barata vas a terminar conmigo?—rie amargamente—. Si es por lo de Antonella ya no va a volver a molestarnos—se acerca y toma la mano de su novio.
—Es por mi Zab, solo fuiste una experiencia— suelta la mano del rubio.
—¿Nunca me amaste?
—No, nunca lo hice—contesta.
El rubio siente una presión en su pecho, no había significado nada para Chris, lo mira y éste evita su mirada.
–Bien, te podes ir Vélez—habla molesto y camina hacia la puerta.
—Zab, aún podemos ser amigos—propone.
—No podemos, yo si te amo Christopher—suspira—. Con esto termina todo, solamente tenemos una relación profesional—se dirige hasta la puerta y la abre, esperando a que el castaño se vaya porque no se mostraría débil ante él.
Apenas cierra la puerta el puertorriqueño toma su teléfono y marca el número de Joel.
—¿Zab?
—Erick no quería molestarlos pero necesito hablar con Joel.
