No sé como, pero empezamos a leer. Era verano y yo había leído algunos pocos libros. Un día, Lucía y yo fuimos a tu casa y nos recomendaste leer la trilogía You, nos empezaste a hablar de ella, ilusionada, con los ojos brillantes. En ese momento no sabíamos que lo que habíamos leído no era nada comparado con otras lecturas más, como definirlo, más 50. Me leí la trilogía y el cuarto libro, ese que te presté. Y lo digo porque en mi vida prestaría un libro, pero a ti te los prestaría. Empezamos así, a obsesionarnos por esas hojas de papel con tinta; un toque poético no viene nada mal eh. Seguimos recomendándonos libros, muchos libros. Descubrimos que a Lucía no le gusta leer como a nosotras. Y así hasta llegar a After, oh sí, After. Un día te dijimos de quedar en la capilla, nosotras solas, a cambio de que tu madre y tu hermano vinieran de vez en cuando para ver si estábamos bien. Ese día tenías una bolsa de tirantes con algunos libros, entre ellos uno de After y nos empezaste a leer; habías marcado algunas páginas que nos querías leer. No me acuerdo de todas, pero una de ellas fue la escena del jacuzzi. Me lo pasé bien, al principio no estaba muy enganchada, ya que no me enteraba de mucho, pero acabé obsesionada. Creo que Lucía no tanto. Ya habíamos descubierto esta aplicación, tus padres no te dejaban tenerla, pero al final, aquí estás. Seguimos leyendo, buscando, recomendando.
Después llegó nuestra inspiración para escribir. Con eso digo todo. A saber cuantas historias empezamos diciendo: esta la acabo. Llegaron los musos y las musas. Bueno, espero que alguna vez acabemos alguna historia para poder intercambiarlas y leer cada una la de la otra, dar nuestra opinión, retocarlas y todo eso.
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