Se puede...

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— ¿En que piensas? -  su madre interrumpió sus ideas

— Eh? No nada, es solo que pensaba en las tareas próximas —

Su madre dudó un poco, sonriendo discretamente al notar un brillo distinto en sus ojos.

— Es Mikasa, cierto? -  preguntó sentándose al lado suyo

— Sí, es que...cambió bastante —

— Y te gusta su cambio -  sonrió

Eren se sonrojó un poco, era cierto pero en su interior...extrañaba a esa Mikasa gótica.

— Mmm, es eso —

— No, es que...su cambio es... -  trató de cambiar la perspectiva de su madre pero fue tarde

— Bien...no me cuentes, lo entiendo pero, no lo dejes pasar —

Sin más se levantó, dando un beso a la frente del chico y se alejó.

Se quedó pensando, recordando las facciones de su Mikasa y de la Mikasa de ahora. Ambas eran perfectas y bastante bellas. Lo admitía.

La sensación que le provocaba verla, hablarle, sentirla..., el como aceleraba su corazón y enrojecía sus mejillas era clara señal de que ese sentimiento era amor. No había día en el que no pensara cómo la haría sonreír a diario, hacerla feliz en una relación...tal vez no tan perfecta pero de verdad quería hacerla felíz, los días que pasaron pudo notar que había sufrido lo suficiente como para no sonreír

Le molestaba el pensar que ya eran dos ocasiones en las que intentaba besarla y por X o Y razón algo lo evitaba.

Quería besarla, sentirla, acariciarla como siempre imaginaba.

Tenerla a solas en una habitación oscura donde ambos pudieran entregarse sus miedos, sus inseguridades, su tristeza y al mismo tiempo, su confianza, su fidelidad a cualquier situación y su deseante amorío

Le fascinaba cerrar los ojos y encontrar esa mirada reluciente, perfectamente plateada que resguardaba una tristeza que no quería hacer notar pero que él tenía muy presente.

Simplemente no podía imaginarse decirle te odio, fuera verdad o no. Hasta a él mismo le dolía esa palabra.

Cuando tomaba sus manos y sentía ese leve temblor en su cuerpo, reconocía claramente que jamás recibió el aprecio que merecía, pero él estaba dispuesto a brindarle tanto cuidado y amor.

Se levantó de la sala, dirigiéndose a su habitación. Cerró la puerta con llave y se recostó en su cama, mirando el foco apagado, sumergiendose en ese silencio, en ese ambiente grisáceo por el avanzar del atardecer.

Su mano acariciaba y sobaba su mandíbula, imaginando cada movimiento de la misma al momento de besar su boca tan fina y bien delineada.

Nunca pensó que soñaría con Mikasa, sea gótica o sea militar, era bella, perfecta y única. Sabía que su sentir ya había cambiado respecto a su amistad pero no pensó que gracias a ese cambio de personalidad sus sentimientos crecieran y se fortalecieran así.

¿Puedo amar a esa Mikasa Ackerman? ¿Puedo?  Se preguntaba constantemente mientras la ligera brisa de la lluvia golpeaba su ventana.

Veía la luna levantarse y al verla tan brillante y blanca, su corazón palpitó con más fuerza por unos pocos segundos.

Dándole la clara señal.

— Claro que se puede... -  dijo para sí mismo

Al tener la mañana reflejada en las cortinas, se levantó y vistió. Aprovecharía el fin de semana para tener cercanía con Mikasa.

— Ya me voy mamá —

— Suerte -  dijo desde la cocina, sabía bien que esa sonrisa significaba mucho más que el sentimiento de felicidad.

Fue de inmediato a la propiedad de Mikasa, con seguridad tocó la puerta en espera de una respuesta.

La chica abrió con una sonrisa, la cual se expandió aún más al ver quien la buscaba.

— Ah, Eren! ¡Que sorpresa! Pasa -  abrió más la puerta, el chico accedió, saludando a Mikasa con un beso en la mejilla. Lo que hizo cambiar un poco el color de su piel.

— Bueno, vine porque quiero que salgamos a conocer este mundo, quiero que te familiarices -  sonrió

— ¿En serio? —

— Sí, así que ponte más bonita de lo que ya estás y vamos —

Mikasa se sonrojó de nueva cuenta pero no dudó en ir casi de inmediato a su recámara y cambiar su ropa. Iba a ser un buen momento para posiblemente decirse lo que quiren escuchar desde hace días.

Tú corazón, mi amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora