Era viernes por la tarde y ambas se reunieron en el centro comercial para tomarse una hamburguesa. Estaban pasándose por algunas tiendas antes de ir a comer.
-María, ¿quién es ese chico que tiene los ojos verdes que siempre veo por el pasillo? -preguntó haciéndose la desinteresada.
-Chico de ojos verdes… mm… ahora no caigo.
-Sí, ese que es alto y moreno.
-¡Ah!, ¿Adrián? Es de mi antiguo instituto, es guapo, ¿eh? -dijo la chica con un irónico movimiento de cejas.
-Sí, bueno… no está mal.
-¿Quieres que te le presente el lunes?
¿Que si quería? a Graciela le encantaría conocerle pero, la parecía un poco precipitado.
-No, da igual.
Las dos muchachas se fueron a comer, y luego fueron al cine.
Después un corto fin de semana, llegó el tan odiado lunes. Tras odiar su alarma, la chica la apagó, se vistió, se peinó un poco y salió por la puerta.
María, como todas las mañanas desde la semana anterior, la estaba esperando fuera, pues las dos vivían cerca. Se dirigieron al instituto charlando y al fin, llegaron a clase.
Llegó el recreo y Graciela no encontraba a María por ninguna parte; cuando se quiso dar cuenta, una mano la estaba dando toques en el hombro. Se giró y se encontró a la chica con el muchacho que tantas veces había visto por su pasillo.
-Graciela, este es Adrián.
-Hola. -Dijo ella con un tono vergonzoso y mirando al suelo.
El chico la dio dos besos y parecía mostrarse indiferente.
Volvió a casa después de una jornada eterna, desanimada y cabizbaja puesto que no parecía importarle al chico.
Al llegar, llamó a la puerta y nadie la abría, lo cual era extraño, pues su madre siempre estaba a la hora de comer.
Cogió las llaves que guardaban debajo del felpudo, por si había alguna emergencia y comprobó que su casa estaba vacía.
Agarró el teléfono fijo y marcó el número de su madre rápidamente, no obtuvo respuesta después de llamarla varias veces.
Alarmada, llamó a la casa de su vecina Dolores. Era una anciana muy simpática, era bajita, con el pelo castaño; siempre iba a su casa para regalarla galletas caseras.
-Hola Graciela. -Dijo ella con un tono dulce. Y al ver la cara de preocupación de la chica, prosiguió- Esta mañana, tu madre me dijo que se iba corriendo al hospital porque tu abuela estaba muy enferma.
Fue en ese preciso instante cuando la muchacha, después de unos meses, volvió a sentir esa sensación, la que la hacía ver todo negro, y parecía que su corazón estuviese destrozándose.
-Vale, gracias. -Dijo ya a penas sin voz.
Se marchó al hospital más cercano lo más rápido que pudo y, mientras corría, sus lágrimas iban acariciándola las mejillas.
Llegó al hospital y se encontró con su madre en el banco de la entrada con cara de preocupación. Al ver a su hija, rápidamente se levantó.
-Graciela, hija, perdona por no avisarte, pero no quería preocuparte mientras estabas en el instituto.
-Mamá, es mi abuela, daba igual donde estuviese, deberías haberme avisado.
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Un soplo de esperanza
Teen FictionGraciela es una chica de 16 años que, tras intentar suicidarse, decide rehacer su vida. Vive en Madrid con su madre, Sofía, cuya relación con su hija no es muy buena. Su abuela, Victoria, la crió desde muy pequeña. Tras regresar al instituto, conoce...
