Perspectiva de Jiang Cheng (Parte III)

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Resumen:

Primero, Wei WuXian tiene que dar su opinión. 
Luego, Jiang Cheng tiene que dar su opinión. 
Después, Jin Ling tiene que dar su opinión. 
Pero, ¿Cuándo se le permitirá a Lan Huan tener a su Jiang Cheng? 

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Esa mañana, cuando Jiang Cheng tomó su baño habitual, se lavó la cara minuciosamente con la esperanza de deshacerse de los restos del sueño que había tenido la noche anterior. Sin embargo, sus esperanzas se desvanecieron cuando Wei WuXian, quien nunca había respetado las pautas de privacidad, irrumpió en su recamara para invadir tanto su espacio como su tiempo personal.

Mientras que en otro tiempo no se habría inmutado debido a que el otro lo interrumpiera en el momento más inoportuno, Jiang Cheng, después de vivir sin Wei WuXian durante la mayor parte de su vida adulta, ya no estaba acostumbrado a la peculiar forma de ser del otro. Desde la perspectiva de cualquier persona, no fue sorprendente que Zidian saliera disparado en un arco elevado, azotando el aire con un silbido penetrante hasta aterrizar casi en la cara de Wei WuXian.

La suerte quiso que Wei WuXian evadiera el arma al resbalar con la barra de jabón mojada.

—¡¡¡Waahhh!!!, —gritó, cayendo de golpe sobre su trasero. Gimiendo lastimosamente, extendió la mano para frotar su coxis herido. —¿¡Qué demonios, Jiang Cheng!?

—¿¡Qué demonios, Jiang Cheng!? No querrás decir ¿¡'qué demonios, Wei WuXian’!? ¿¡Qué crees que estás haciendo, entrando en el baño de otra persona!? —gritó Jiang Cheng.

—Siempre entro cuando te bañas, —señaló Wei WuXian, sólo para que los dos cayeran en un silencio incómodo. Mordiéndose el labio, Wei WuXian volvió a intentarlo. —Quiero decir… lo que quería decir es que...

—Eso fue en ese entonces, —interrumpió Jiang Cheng y Wei WuXian se estremeció al ver el énfasis que Jiang Cheng puso en la palabra "entonces", comprendiendo claramente que Jiang Cheng estaba recordándole sus propias palabras en el Templo Guanyin. Pero, aunque los dos nunca volverían a ser lo que habían sido antes, Jiang Cheng era sincero en sus intentos de arreglar su relación con Wei WuXian desde aquel fatídico suceso. Ya no tenía ningún deseo de herir al otro y por eso, al notar la incomodidad de Wei WuXian, Jiang Cheng decidió suavizar el ambiente entre ellos. —Piensa en cómo debe parecerle esto a Lan WangJi, —resopló.

—¿Lan Zhan? —Wei WuXian bromeó, agradecido de que le dieran una salida, —¡Pero Lan Zhan me adora! Nunca me regañaría por un pequeño extra.

Extendió los brazos exageradamente como si fuera a recibir un abrazo, sólo para encontrarse con la palma de Jiang Cheng golpeando su cara.

—¿Por qué eres siempre tan asqueroso? —refunfuñó Jiang Cheng, apartando al otro y arrugando la nariz.

—¿Oh? —Con una ceja levantada, Wei WuXian sonrió. —¿Así que mis abrazos ya no son lo suficientemente buenos ahora que tienes los de XiChen-dàgē?

Al instante, Jiang Cheng sintió que sus mejillas se sonrojaban. —¿¡De qué mierda estás hablando!?

—¡De lo que todos están hablando por supuesto! —Dijo Wei WuXian con voz cantarina. —¡Estabas recorriendo todo el Muelle de Loto, enseñando la cinta que te regaló Lan XiChen!

Jiang Cheng gruñó. —¡Cállate! ¡No estaba presumiendo de nada! XiChen-xiōng me permitió usarlo porque un cadáver feroz alcanzó a herir mi brazo.

Ante la mención del brazo herido, dos pares de ojos se desviaron hacia la supuesta "herida”.

—Jiang Cheng... ¿Lan XiChen llamó a eso "herida"?

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