Capitulo 6 "El gato negro"

1.6K 141 10
                                        

La oscuridad reinaba en cada rincón de mi mundo

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

La oscuridad reinaba en cada rincón de mi mundo.
No había luz, ni un solo rayo que se filtrara en aquel lugar. 

Dolor

Mucho dolor.

Eso era lo único que sentía. Solo dolor. 

—¿Estará bien? ¿Debería llamar a un médico? No... claro que no puedo hacer eso.
—Eso no sería bueno.
—Lo se Plagg pero ya lleva mucho tiempo inconsciente

Esa voz... esa dulce voz que reconocía al instante. 

¿Por qué era tan difícil abrir los ojos?
¿Por qué algo tan sencillo, que hacía a diario sin pensar, ahora parecía imposible.... Tan difícil?

¿Siempre había sido así? ¿Siempre el tiempo había pesado tanto?

Parpadeé varias veces, tratando de acostumbrarme a la tenue luz que iluminaba el lugar. Busqué algo familiar con la mirada, pero todo seguía borroso, difuminado en sombras y oscuridad.

Intenté levantarme, pero mi cuerpo no respondió. Cada músculo ardía, y mi cabeza latía como si estuviera a punto de estallar. Era como si me hubieran golpeado con una roca... o como si hubiera caído desde un tejado. 

Un leve recuerdo llegó a mi mente... Efectivamente me había caído de un tejado pero.... ¿Cómo? ¿Dónde estaba?

—Será mejor que no te muevas tanto. No estás en condiciones de levantarte. Aún

Giré la cabeza hacia la voz. Su silueta seguía siendo indistinta, pero estaba junto a la trampilla que llevaba a las escaleras. 

—¿Dónde estoy? ¿Quién? ¿Cómo?

Era una pregunta estúpida, pero ya no podía confiar en nadie. Con todo lo que había pasado, hasta desconfiaba de mi propia sombra. 

—Tranquilo, Chat Noir. 

Sentí sus pasos acercarse, pero mi visión seguía nublada. A si que me era imposible ver su rostro.

Decir que no tenía miedo habría sido mentira...

—Cálmate... —susurró— Estás bien... No te haré daño

Ahora estaba a mi lado. Esa voz me resultaba familiar... Y extrañamente lograba tranquilizarme.

¿Realmente era ella?

—Solo quiero ayudarte

Definitivamente era ella...

No sabía si era mi imaginación o el miedo, pero sentía un temblor leve recorriendo mi cuerpo. 

—¿Chat Noir? 
—S... sí. 

¿Su mano estaba cálida... o yo tenía frío?

—Esto no es bueno. Tienes fiebre, y bastante alta —murmuró. 
—Estoy bien. 

Intenté incorporarme, apoyándome en los codos, pero fue inútil. 

—Deja de intentar levantarte. Solo empeorarás las cosas.  —pidio, su voz realmente sonaba preocupada

Me tocó el hombro con suavidad, y entonces giré la cabeza hacia ella. Me sentía frustrado, agotado... y completamente perdido. 

—Chat Noir —dijo, y noté el cambio tranquilo de su voz —. Sé que estás asustado. Quizá no confias en mí... —suspiró—. Pero créeme, ni yo sé por qué te ayudo. El golpe que te diste fue bastante fuerte. Llamé a un médico para que me explicara qué hacer, y me dijo que al despertar podrías ver borroso. —Me ayudó a sentarme—. Es normal después de una caída así.
—¿Por qué me ayudas?
—No lo se
—¿No has escuchado aquellos rumores sobre mi?
—No sé qué tan ciertos sean todos los rumores... pero no creo que seas malo. Si no te importara nada, no me habrías ayudado. Al fin y al cabo, no era tu problema.

Una leve sonrisa asomo en mis labios... Si que era buena a la hora de responder.

—Se supone que debo proteger París... y eso incluye a sus ciudadanos. 

Además eres mi amiga princesa

Dejé escapar un suspiro. Mi visión ya se aclaraba un poco, y pude distinguir mejor el lugar: una habitación pequeña, iluminada solo por una lámpara. 

—Deberías comer algo...
—No tengo hambre —murmuré. 
—No te lo pregunté. 

Su tono fue más firme esta vez. Se giró y colocó una charola con comida sobre mis piernas. 

—¿Por qué me ayudas? –insisti.
—Tú mismo lo dijiste. Eres el protector de París. Es lo mínimo que puedo hacer por ti. 
—No soy... 
—¿No eres bueno? 

Me tomó el mentón y me obligó a mirarla.

¿Desde cuándo ella tenía esa confianza? ¿Por qué no estaba ese habitual tartamudeo?

—Chat Noir, eres el héroe de París. No eres malo. Si lo fueras, no me habrías salvado estas últimas semanas. Me habrías dejado a mi suerte. 
—Pero la gente... 
—La gente y sus comentarios no te definen. Ahora, por favor, come algo. 

Sonreí levemente ante sus palabras y, con un movimiento torpe, tomé unas galletas. Lo primero que llamo mi atención fue ver mi anillo el cual brillo levemente al reflejar la luz de la lámpara..

¡Mi mano estaba desnuda!

Y entonces me di cuenta.

No llevaba mi traje. No tenía guantes. 

¡Había perdido mi transformación!

—Chat Noir... 
—¿Qué diablos...?  –Mire mis manos...
—Está dormido ahí. 

Señaló hacia un lado de la cama donde, días atrás, yo mismo había descansado. Sobre una manta blanca, Plagg dormía profundamente. 

—¿Eso significa que... que tú...? 

Su mirada se llenó de confusión, pero luego pareció entenderlo todo. Negó con la cabeza y esbozó una sonrisa triste. 

—No. No sé quién eres. –me aseguró
—Pero... 
—Cuando te traje aquí, no sabía qué hacer. Llamé a un amigo de mi padre, un médico en otra ciudad, y él me explicó cómo proceder. —Comenzó a explicrme moviendo sus manos de un lado a otro—. Pero antes de que pudiera ir por el botiquín, tu anillo empezó a pitar. 

Hizo una mueca

—No sabía qué hacer —continuó—. Nunca había estado en una situación así. —Detuvo el movimiento de sus manos y me miró. La luz acariciaba su rostro, especialmente sus ojos—. El último pitido sonó, y entonces él salió volando y cayó sobre unos muñecos. —Señaló a Plagg y luego a unos peluches—. No me giré. Solo lo tomé y lo saqué de aquí. —Suspiró—. Le pregunté qué comía y lo alimenté. Después, le pedí que me ayudara a ponerte esa máscara. 

Me llevé las manos a la cara y, efectivamente, sentí una máscara falsa donde debería estar la verdadera.

—No sabía qué más hacer, y el gato negro me ayudó a cambiarte para que pudiera curarte sin... reconocerte. 

Me quedé en silencio.

¿De verdad había hecho todo eso por mí?

—Gracias... 

Eran las únicas palabras que lograba decir. 

—Ahora, deja de quejarte y tómate esto...
—No me mires así —se quejó—. El médico dijo que esto te bajará la fiebre y aliviaría el dolor...

Minino sin hogarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora