cap 2.

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Al siguiente día despertó muy temprano por  insomnio, a causa de un sueño perturbador. Decidió prepararse un café bien cargado para poder resistir el resto del día, echo un vistazo a su departamento y su mirada se concentró en un tarro lleno de galletas de chocolates que había hecho el día anterior para Charlie. Recordó el comentario de Katherine que debía presentarse ante su vecino, ofreciéndole algunas galletas. Pero justo en ese momento un sonido de un saxo la hizo salir de su pensamiento, era un sonido triste pero a la vez sensual, sin duda le encantaba.

Salió de su departamento proponiéndose ver a su nuevo vecino, acercándose al departamento del al frente con un respectivo plato con sus galletas de chocolates, por su mente pasaron miles de líneas de como saludar a su nuevo vecino, pero a la vez apenada por interrumpirlo mientras tocaba esas notas.

A medida que su mano se acercaba a la puerta más, miedo sentía, toco unas tres veces hasta que sintió el sonido parar y unas pisadas acercarse a la puerta. Pudo divisar un hombre realmente guapo media uno 1, 90 aproximadamente, con su cabello negro azabache con un corte varonil, que acentuaba sus rasgos masculinos, a causa de la poca luz que había en el pasillo no diviso bien sus ojos, pero tenía una nariz de Dios griego y labios delgados que harían desmayar a cualquier mujer. Era el hombre más perfecto que alguna vez habría visto. Logro escuchar un carraspeo y se dio cuenta que se quedó boca abierta delante de él.

–        ¿Necesitas un pañuelo? – Dijo con una sonrisa de lado. –Es que se te cae la baba. – Completando su sonrisa.

–        Hmm, lo siento no quise interrumpir mientras tocabas, déjame decirte que lo haces excelente –Suspiro– Solo vine a presentarme soy Elizabeth Campbell tu vecina de enfrente. – Logro decir sin mucha coherencia ese hombre la hipnotizo.

–        Gracias – Dijo en un tono superior mirándola de arriba abajo–  Y no me interesa saber quién seas – Utilizando cierto tono sarcástico con la simpática muchacha.

–        Oh por si no escuchaste te pedí disculpa por la interrupción, vine a ofrecerte algunas galletas – Enseñándole obvias las galletas que llevaba.

–        No hace falta, pero no me queda otra que recibirlas – dijo arrebatándole el plato de las manos y cerrando la puerta sin despedirse.

Elizabeth después de tal acto que tomo ese chico no hizo más que hacer morisquetas infantiles en contra de su nuevo vecino, y arrepentirse de llevarle sus grandiosas galletas.

La Vecina Perfecta.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora