Querido J:
Ayer vagaba por la librería.
Siempre supiste cuánto amaba leer.
Nunca compartiste ese gusto mío, pero me esperabas pacientemente fuera de la librería, con una sonrisa, de esas que te hacen enamorarte de nuevo...
Y ayer salí y no estabas. Y sentí que era real que ya no me amabas.
Y creo que no volveré a ver las librerías de la misma forma.
No volveré a ver nada, de la misma forma...
Tuya,
C.
