Capítulo l

124 10 1
                                    

Una vida de mierda.

Con problemas de mierda, huyendo de unos y a la vez manteniendo otros.

En los últimos meses, mi vida se basó en mantenerme alejada de las personas que más me importaban y me rodeaban. Mis amigas, mis vecinos, compañeros de clase, profesores o con cualquier individuo que fuera parte de mi entorno y tuviera la confianza necesaria para hablarle de mi vida personal.

Con quince años, recién aprendía a conducir y utilizaba el viejo auto de mi madre para dar pequeñas vueltas alrededor de mi casa en calles donde no transcurrieran personas. Me gustaba pasar la mayor parte del tiempo fuera de mi hogar —si así se le puede llamar —porque me alejaba de los problemas que habitaban en ella.

¿Cuáles eran?

Las infidelidades de mi padre. La infeliz vida de mi madre presa de un hombre del cual debía depender por no tener una carrera profesional, la tristeza que me abundaba de ver a mi hermana pequeña ser víctima de la inexistente afectividad familiar, y por último, yo, que a lo largo de mi corta vida, mi padre se encargó de darme a entender que solo fui un error que arruinó sus planes.

Frederick Monroe, quien estuvo acostumbrado a la vida privilegiada que le otorgaba mi abuelo, podía tener a cual mujer se le cruzara por el camino, y si no lo hacía, insistía hasta conseguirla como un vil objeto para después olvidarla y remplazarla fácilmente.

Lamentablemente, mi madre confundió esa insistencia, por interés afectivo y cayó en el estúpido cliché de que podría cambiarlo.

Alcohol, deseo, sexo y ser parte de ese mínimo porcentaje de personas a las cuales, el preservativo no les funcionó, hicieron que Frederick Monroe abandonara aquella vida privilegiada de obtener lo que quería para convertirse en un padre de familia.

Aquel hombre que empezaba en el éxito de su carrera profesional, no podía ser tachado de basura, y mucho menos de darle una proposición de aborto a su pareja —que era con lo que mi madre había amenazado en exponer si la obligaba a hacerlo —el prestigio del apellido Monroe y el inicio de su carrera, dependían únicamente de él, alguien quien nunca estuvo preparado para tener una familia y muchos querer formarla, eso lo ha dejado claro.

Quince años después me encuentro aquí, sintiéndome miserable por culpa de ese maldito preservativo.

¿Pero qué es lo peor?

Vivir con el conocimiento de sus infidelidades y aun así sorprenderme cada vez que lo hacía, pero la última, la última tuvo gran impacto sobre mí.

Aquel día todo iba bien —dejando de lado por un momento los problemas que tenía en casa —salida de amigas, ir de compras, comida, cine, paseo y por primera vez, el chico que me gustaba empezaba a poner interés en mí.

Todo estaba yendo bien, pero al llegar a mi casa, una mujer desconocida se encontraba en la habitación de mi padre satisfaciéndolo al punto de escucharse en toda la casa.

Era consciente de las infinidades de veces que lo hacía fuera, pero hacerlo dentro de la casa, y en la cama que compartía con mi mamá, me destruyó por completo. De esa manera terminó por confirmarme lo perdida y destruída que estaba esta familia, y que aquel hombre, quien debía ser mi gran héroe, solo me destruyó desde el día en que nací.

Salir de ahí, fue lo primero que pasó por mi cabeza. Tomé las llaves del auto de mi madre, y sin saber a dónde ir, empecé a conducir.

Tenía conocimiento del manejo, pero aún me faltaba un poco más de práctica, sin embargo, las ganas por salir de ahí, eran tan grandes, que no me importaba conducir más allá de lo que anteriormente me había permitido.

Caitlyn (NEUSN #0)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora