Sigue rascando

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Querido Tom:

La noche vuelve a caer en mi, y tú sigues sin darte cuenta.

Juegas como un gato caprichoso y yo me enredo en tus zarpas, duele cuando lo haces porque sabes que soy débil y me gusta.

Me gusta.

Y lo odio a la vez.

Todos los días estás aquí, y no aguanto la tortura de tus ojos calculadores.

Ellos me siguen allá donde van y yo no puedo evitar sentirme mal, mal y feliz.

Feliz por mi.

Desdichada por ella.

Pero feliz por mi.

Das dos toques en la mesa esperando el tequila, me miras y sonríes como si nadie más supiera nuestro juego, y es cierto nadie sabe de que va.

¿Eres tan retorcido como yo, Tom? Pensé que sufrías.

Los años pasaron para todos, yo me volví mas fuerte y tú más seguro. Cuánto odio el tiempo.

Cuando me invitaste a uno, me senté a tu lado y lo bebí sin esperar, sin decir nada. Sólo me quedé mirándote a los ojos para saber el límite de tu paciencia.

Mis sonrisas aún no son para ti.

Sigue rascando.

Me llamaste gordaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora