Capítulo 17

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El fin de semana había pasado de manera fugaz y supongo que eso es lo que sucede cuando vives como si estuvieras en un sueño. Compartir con Alessia estos últimos días fue increíble, y más con los planes que teníamos para divertirnos. Hicimos una casa de campaña improvisada en el salón e imitando una fogata con una linterna nos pasamos la noche los tres haciendo figuras en las sombras. El chocolate con malvaviscos fue nuestra preparación estrella y nos hinchamos de comer galletas con relleno de chocolate y crema de avellanas. «Mi favorito.»

Las cosas entre Joan y yo van de maravilla. A veces ni me creo que ya estamos juntos, y que no debo reprimirme de acariciarlo y besarlo siempre que me apetezca. Leer desde su hombro un libro que a los dos nos parecía interesante, tumbados en el césped del Central Park después de un agradable picnic ha sido la mejor forma de pasar el domingo. Y cuánto quisiera que se repitiese, no me molestaría que lo hiciéramos una costumbre. Y algo tan simple como eso me tiene suspirando a cada instante. Nos tomó tiempo darnos cuenta de nuestro amor y unirnos de una vez, pero valió la pena esperar con tal de algún día tenerlo porque sin dudas Joan, y sus mimos hacen mi mundo mucho más interesante.

Para mi suerte ya estoy del todo recuperada de la herida del pie, y puedo caminar con soltura por todos lados. La noche después de que Joan y yo consumáramos nuestro matrimonio salimos con la niña hasta la 5th Avenida para escuchar a Kelly cantar. No pude contarle las buenas nuevas en ese mismo instante por lo que quedamos en desayunar a solas en una cafetería muy famosa en la Avenida Ámsterdam hoy.

El Bluestone Lane Upper West Side Café nos recibió en su moderno, exquisito y minimalista establecimiento. Con sus paredes blancas y sus plantas naturales adornando cada rincón, era imposible no imaginarse en un restaurante de lujo, aunque en realidad no lo es. El menú es bastante variado pero ambas nos decidimos a ordenar un Avocado Toasts* y un capuchino que incluye un impresionante dibujo en la espuma del café. El lugar está lleno de gente a esta hora de la mañana, y las personas caminan de un lado a otro buscando un sitio cómodo para acomodarse y degustar el desayuno.

-¿Qué tal estás? -Le pregunto con tranquilidad. Es bueno ponernos al día.

-Contenta. Conocí a un chico el otro día mientras cantaba en la Gran Central. Resulta que es productor y me dio su tarjeta. Lo llamé ayer en la noche y está interesado en colaborar conmigo. -Los ojos le brillan con gran intensidad y sus mejillas se tornan del mismo color de su cabello.

-Mi instinto de amiga me dice que no es solo el hecho de haber encontrado un productor lo que te tiene así de feliz. -Le comento con cierta picardía. Estoy encantada con la noticia, su carrera profesional está tomando forma y esa es lo mejor de todo.

-Puede. Es que es tan educado y tiene una mirada tan expresiva. Estuve a punto de perder la capacidad de cantar cuando se detuvo frente a mí en la estación. Me recordó mucho a ti, porque me observaba con fascinación, como si hubiera sido la primera vez que escuchaba cantar a alguien. -Se estremece al recordar el momento, y mi corazón está rebosante de alegría. Ella merece encontrar el amor y también que el mundo escuche su voz.

-Admiraba tu talento, como yo lo hago. -Le confieso con sinceridad.

-Gracias, Rose. -susurra con timidez. «Los halagos sinceros no se agradecen.»

-Solo te pido que cuando cantes en el Times Square me regales las entradas, que vivo de la venta de mis libros y no todos los meses son buenos. Y New York está acabando con mi bolsillo. Tengo que ahorrar. -Ambas soltamos una carcajada con mis palabras pero esto no hace que estas sean menos ciertas.

-Te veo radiante. -Me asegura Kelly.

-Estoy feliz. -Le regalo mi mayor sonrisa, esa con la que logro enseñar casi todos mis dientes.

Una boda de mentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora