EL BUFÓN

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LA BODA

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LA BODA

2 ª PARTE

LIAM

Minutos antes:

¡Ay, Chuchito! ¡No me dejes morir!

—¡Estoy sudando como puerco!

Corro al baño para lavarme la cara por milésima vez.

—Liam, cálmate, estás mojando la camisa.

—¡Tú estás pidiendo milagros, Jasper!

Levanto la cabeza, mirando mi reflejo en el espejo. La verdad, podría estar peor, anoche no recuerdo qué pasó conmigo después de las 9 de la noche. Le dije a Logan que no debíamos hacer la dichosa "despedida de soltero" ¡No soy soltero desde que cumplí 18 años! Por suerte tenía a Jasper a mi lado, si no, probablemente ya estaría en Los Cabos nadando con los leones marinos.

Me tranquilizo, no puedo perder la cabeza. No voy a arruinar esto. Veo a mi mejor amigo recargado en al marco de la puerta, con esos ojos azules cuidando que su loco amigo no haga nada estúpido.

Sí, soy padre y futuramente el esposo de una mujer excepcional, pero justo ahora es como si volviera a ser un niño de cinco años que quiere saltar por la ventana hacia el charco de lodo. Jasper, por otro lado, nació como un señor de 50 años, lo que lo convierte en la mancuerna perfecta para mí, es como mi Pepe grillo.

—¿Qué tan mal estoy?

Él entrecierra los ojos, mientras cruza los brazos:

—Bueno —comienza. Incluso se le dibuja una nueva arruga en la frente al analizarme—, al menos el olor a cerveza se fue.

Suelto un suspiro pesado, agacho la cabeza y comienzo a negar.

—No debí hacer eso ¿Por qué soy así?

—En tu defensa, Logan fue quien te aventó al barril de cerveza.

—Sí, pero yo fui el que se tomó la cerveza para no desperdiciarla y me bañé de vuelta con ella.

Veo una sonrisita burlona cuando vuelvo la mirada hacia el espejo.

—Qué bueno que mi desgracia te divierta, Jasperin.

Esta vez su arruga sobre la frente se marca más, no le gusta que le llame así.

—Sigues vivo, es lo que cuenta —comenta—, la jaqueca se fue, ¿no?

—Me tomé como tres pastillas, tal vez llegué volando al altar.

Tomo aire y decido salir del baño. Me siento a la orilla de la cama, de frente a la gran ventana de la habitación, puedo ver el mar y las olas que se forman, aquella espuma blanca que salpica las piedras de la costa. Respiro, cerrando por un breve segundo los ojos y limpiando el sudor de mis manos en el pantalón de mi traje.

EXTRAS [AL REVÉS]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora