Íker
Estar dentro de Bri es como tocar el puto paraíso y saber que nunca debería haber estado perdido todo este tiempo sin ella. En el instante en que sus labios se fundieron con los míos, todos mis sentidos despertaron con una intensidad que creí olvidada. Durante seis años busqué algo, a alguien, sin saber que solo ella podía completarme. Ahora sé que fui un gran idiota por no valorarla cuando la tuve.
Sus gemidos son la locura que me consume. La beso con una devoción feroz, con la pasión oscura de quien sabe que está recuperando lo que fue suyo desde siempre. Ella se entrega a mí sin reservas, con un abandono absoluto, y yo me pierdo en ese cuerpo que encaja con el mío como si estuvieran tallados para ser uno solo. No entiendo cómo estuve tan ciego antes. Ninguna mujer me hizo sentir así, con solo un roce.
Sus ojos me queman con deseo y amor, moviéndonos en un ritmo salvaje y perfecto. Tuve que controlarme, contenerme al entrar en ella, porque con cada gemido suyo sentía que perdía el control. Siento su desesperación y aún así, entro con calma y fuerza, disfrutando cada segundo, cada estremecimiento que nos recorre. Temblamos los dos, un solo cuerpo, un solo latido.
De repente, ella se da vuelta y queda encima de mí. La vista que tengo es un fuego que me consume: sus senos suben y bajan al ritmo frenético, su piel ardiendo, sonrojada y completamente entregada. La beso en el cuello, en sus pechos, y cuando subo para besarla con toda la pasión que guardé estos años, siento cómo ella se mueve ansiosa, buscando su placer.
Su respiración es pesada, entrecortada. La agarro de las caderas y me dejo llevar con ella, marcando un vaivén de deseo crudo y primitivo. Ella echa la cabeza hacia atrás, la boca entreabierta, tirando jadeos y gemidos que me vuelven loco. Mis besos recorren su cuello y sus senos, hasta que el orgasmo la arrastra y me arrastra a mí con él. Me clavo en lo más profundo de su ser y dejo que mi semilla se pierda dentro de ella.
Temblamos, jadeamos, nos movemos lentamente, permitiendo que la tormenta baje su intensidad, que el pulso regrese a la calma. La miro y veo ese brillo en sus ojos, esa belleza rota y perfecta: el cabello revuelto, la piel sonrojada por el éxtasis. Nunca había visto nada tan real, tan maravilloso.
Le sonrío y la beso lento, pausado, con todo lo que llevo dentro.
Salgo despacio, y ambos gemimos por la pérdida, por el vacío que deja el contacto que se rompe. Voy al baño, tomo una toalla y cuando regreso, la encuentro acostada en mi cama, pareciendo un ángel. No, mi ángel.
La limpio con cuidado, deposito la toalla sobre la ropa y me acuesto a su lado. Paso mis dedos por su brazo, por su espalda desnuda, intentando memorizar cada detalle.
—No sabes lo feliz que me siento con esta oportunidad que me has dado —le digo, mirándola a esos ojos que ahora brillan con emoción.
—Me siento igual, Iker. Siempre te he querido. Cuando pasó todo aquello, me fui porque lo único que me conformaba era que fueras feliz, aunque no fuera conmigo —me responde con lágrimas en los ojos.
Me acerco y la beso despacio, con la ternura que esta vez sabe a redención. Cuando nos separamos, le hablo con el corazón abierto:
—Bri, desde que te vi cuando volviste, supe lo idiota que fui al perderte. Pero te juro que de ahora en adelante haré todo lo posible por estar siempre a tu lado. Contigo me siento completo, siento que tú eres mi destino.
Nos fundimos en un beso profundo, derramando todos los sentimientos guardados en lo más oscuro de nuestro ser. Volvemos a ser uno, como siempre debió ser.
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Bad Girl
RomanceBriana "No lo voy a dejar desarmar mi mundo otra vez. No importa lo que sienta cuando lo vea, no importa si mi corazón se detiene al cruzar su mirada ... Yo no soy la misma, y él tampoco debería serlo." Íker "Si la miro, si la veo entrar con esa d...
