Capítulo 2: Regresar a Donde Todo Comenzó

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Briana

Empezar siempre es duro, pero irme fue lo más valiente que hice.

Lo que más me dolió fue dejar a mi padre. No acepté su ayuda financiera porque había ganado una beca completa, pero en lo único que no me dejó decidir fue dónde viviría. Me regaló un apartamento en Nueva York, el mismo donde él vivió cuando estudiaba allí.

Era un lugar con una vista de la ciudad que cortaba la respiración. Pasaba noches enteras frente a esos ventanales, con libros abiertos y la música baja, soñando con la vida que quería construir. Me enamoré de esta ciudad sin dudarlo. Nueva York era libertad, caos y posibilidades, todo al mismo tiempo.

Me esforcé día y noche. Trabajé duro, estudié sin descanso, y conocí amigos que me quisieron por lo que era, no por mi apellido ni por mi dinero. Salí de fiesta, besé labios que no prometían nada, me reí hasta el amanecer y aprendí a vivir con la libertad de tomar mis propias decisiones. No fui santa, pero nunca perdí de vista mis metas.

Cinco años. Cinco años en los que me construí desde cero.

Ya no soy la misma chica que se fue con el corazón roto y una maleta llena de expectativas ajenas. Cambié, en más formas de las que puedo contar, y todas esas cicatrices se convirtieron en parte de mi fuerza.

Pero había llegado la hora de volver.

Mi padre confió en mí, y yo jamás lo defraudaría.

Extrañaba Londres más de lo que me permitía admitir. Extrañaba los domingos con mi padre, el café en silencio con su mirada de orgullo, las conversaciones sobre negocios y sueños en los pasillos de casa.

Lo más importante que aprendí es que en esta vida nada se regala. Todo se gana. Todo se trabaja. Y yo lo hice. Terminé mis tres carreras. Administración. Diseño de joyas. Contabilidad. No fue fácil, pero cuando tomé mi último examen, me di cuenta de que había cumplido mi promesa.

En cinco años, no pisé Londres. No hablé con nadie, excepto con papá. Fue mi manera de sanar, de volver a encontrarme conmigo misma.

Y de él...
No pude olvidarlo.

Íker Brown. El primer amor de mi vida, y quizás el único que marcó mi piel y mi alma de una forma que aún arde, aunque menos que antes. Supe por una revista que se casó con ella. No pregunté detalles, no necesitaba hacerlo. Al principio dolió, pero el dolor fue disminuyendo hasta convertirse en un latido lejano que solo me recordaba que había amado de verdad.

Ahora, tendré que verlo. Tendré que trabajar con él, porque su padre le dejó parte de la empresa y, con mi inminente presidencia, nuestras vidas volverán a cruzarse.

Solo espero que todo lo que alguna vez sentí por él no vuelva con más fuerza. Que no destruya la paz que he construido con tanto esfuerzo.

Pero, en el fondo, una pequeña voz me susurra que nada será tan simple.

Íker

Dicen que cuando sueltas algo y vuelve, es tuyo. Yo nunca la solté, aunque creí que sí.

Briana. Su nombre sigue siendo un eco en mi mente, aunque pasaron años. Verla alejarse fue una de las pocas cosas que realmente me dolieron en la vida. Era joven, estúpido, cobarde. Me dejé llevar por lo que creí que debía hacer, no por lo que quería hacer.

Con ella, todo era fuego. Intensidad. Vida. Pero también miedo. Porque Briana era un huracán que me hacía querer ser mejor, y yo no estaba listo para serlo.

Me casé. Sí, lo hice. Fue un intento de construir algo estable, algo que me hiciera sentir que estaba cumpliendo con mi familia y conmigo mismo. Y no fue un infierno, pero tampoco fue amor. No como el que sentí con ella.

Mi padre me dejó su parte de la empresa, y en cada decisión que tomaba, en cada junta que cerraba, pensaba en cómo sería trabajar junto a ella. Porque siempre supe que Briana volvería. Era cuestión de tiempo.

Y ahora que sé que regresa... el hombre que soy hoy no es el mismo chico que la dejó ir.

Ahora entiendo que hay amores que no se apagan, solo esperan.

Ahora sé que quiero luchar por lo que una vez perdí.

Bad GirlHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora