Final

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Briana

Desde aquella noche en la que Íker y yo volvimos a ser uno, no nos hemos vuelto a separar. No diré que ha sido perfecto. Nada real lo es, especialmente cuando hay heridas viejas que sanar, fantasmas que a veces regresan en la forma de una ex esposa despechada empeñada en interponerse entre nosotros.

Pero esta vez, no. Esta vez no huí. Porque como me llamo Briana Brown, no iba a permitir que me arrebataran por segunda vez al hombre que amé toda mi vida. Me quedé, luché, le sostuve la mano en los momentos en que el pasado intentó colarse en nuestras madrugadas, le recordé cada día que estaba aquí para quedarme. Íker también se quedó, conmigo, con nosotros.

Nos casamos en Las Vegas, en un impulso que supo a libertad, con Lucas y Luna como testigos, mientras reíamos con la emoción de quien finalmente vive sin cadenas. Ellos, atrapados en su propio fuego, decidieron casarse también esa misma noche. Fue un inicio caótico y hermoso, tan nuestro, tan verdadero.

En la empresa nos convertimos en un equipo imparable. Llevamos la compañía a la cima, pero más allá de las cifras, lo que construimos juntos fue un refugio, un espacio donde ambos podíamos ser exactamente quienes éramos, sin máscaras, sin expectativas ajenas.

Tomamos la decisión de no tener hijos biológicos, y nos operamos. Fue una elección consciente, valiente, que hicimos de la mano, porque nos gusta nuestra libertad, nuestra complicidad. Si un día decidimos agrandar nuestra familia, sabemos que hay muchos niños esperando un hogar, y que podemos ofrecerles amor sin condiciones.

Quizá no comenzamos bien. Quizá hubo lágrimas, puertas cerradas, miedos que parecían invencibles. Pero hoy sé que el destino siempre tuvo su manera de unirnos de nuevo, en el momento en que ambos estábamos listos. Porque Íker siempre fue mi destino, mi caos, mi calma, y también mi final.

Y yo, para él, siempre fui hogar.

Íker

Nunca imaginé que una sola mujer pudiera ser todo: calma y tormenta, amor y deseo, fuego y paz. Nunca imaginé que después de todo lo que arruiné, después de las decisiones que tomé con orgullo y con estupidez, Briana me volvería a mirar como aquella primera vez. Ni que volvería a mirarla y entender que no hay nada más en este mundo que desee más que envejecer junto a ella.

Desde aquella noche en que volvió a ser mía, no la he soltado. Ella se convirtió en mi refugio y en mi impulso, en mi aliento cada mañana y en la razón de cada uno de mis pasos. No ha sido perfecto, no lo niego, especialmente cuando el pasado se negó a morir, cuando los intentos de Cassy de destruir lo que habíamos reconstruido amenazaron nuestras noches. Pero Briana no huyó esta vez. Se quedó, firme, con esos ojos que me han desarmado desde siempre, mirándome con la fuerza de quien decide amar incluso cuando es difícil.

Nos casamos en Las Vegas, en un acto impulsivo y lleno de significado, mientras Lucas y Luna reían a nuestro lado, sellando ellos también su historia. Fue un instante de libertad pura, de un "sí" que no necesitaba permisos, de un "te elijo" sin condiciones.

En la empresa nos volvimos invencibles. Briana tiene un talento que siempre admiré, incluso cuando era demasiado idiota para reconocerlo. Hoy trabajo a su lado y la admiro aún más, no solo por su mente brillante, sino porque cada día, cuando me sonríe mientras firma documentos o me roba un beso antes de una reunión, me recuerda que estoy donde siempre quise estar: a su lado.

Tomamos la decisión de no tener hijos. Lo hablamos como adultos, sin miedo, y nos operamos para sellar esa decisión. Fue un acto de amor hacia nosotros mismos y hacia la vida que queríamos compartir. Si algún día queremos más, adoptaremos, porque aprendí de Briana que la familia no siempre se forma con sangre, sino con amor.

Quizá no empezamos bien. Quizá me equivoqué muchas veces antes de entender lo que realmente importa. Pero ahora sé que ella siempre fue mi hogar, mi verdad, mi propósito.

Briana es, y siempre será, mi destino y mi final.

Bad GirlHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora