Siete

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Jimin despertó al sentir la luz del sol en el rostro. Molesto, abrió los ojos y durante un breve momento se asustó al no reconocer el lugar dónde se hallaba, pero pronto recordó los acontecimientos de la noche anterior y suspiró al encontrarse con la mirada del hombre que le hizo ver las estrellas en aquella habitación de hotel.

Yoongi.

El joven peligris ya estaba despierto, mirándolo de tal forma que Jimin no pudo más que sonrojarse.

—¿Llevas mucho tiempo despierto? —preguntó Jimin.

—Solo un par de minutos —respondió.

Un silencio incómodo se apoderó del ambiente y ambos hombres se alejaron algunos centímetros, como si la piel del otro les provocara chispazos. Se quedaron así durante un par de minutos, evitando cruzar miradas hasta que, una eternidad después, Yoongi decidió romper con aquella tensión.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—Voy a llamar a la aerolínea para que me cambien el boleto para esta misma tarde de ser posible. Cuando tenga todo listo iré a la recepción del hotel a dejar los documentos de Hoseok y luego me marcharé.

Una punzada de dolor se clavó en el pecho de Yoongi, una que sabía perfectamente, no tenía ningún derecho a sentir.

—Es bueno que tengas un tiempo a solas, así podrás enfriar la cabeza y pensar en que es lo que harás cuando llegues a tu hogar.

Jimin asintió y nuevamente se animó a mirar a Yoongi.

— ¿Tú cuándo regresas a Corea? Tal vez podríamos coincidir de nuevo.

Una expresión de pena se apoderó del rostro de Yoongi y Jimin se golpeó mentalmente por parecer tan desesperado. Claro, para Yoongi esto no había sido más que un revolcón casual.

—Jimin, yo vivo aquí, en Estados Unidos. Vine a Las Vegas por trabajo pero mi hogar está en Connecticut.

—Oh...

—Pero mis padres viven en Daegu —agregó Yoongi con rapidez, sin obtener respuesta de Jimin.

Se vistieron en silencio, sin las sonrisas y las caricias que compartieron la noche anterior, los dos reprochándose a sí mismos por darle tanta importancia a algo que no deberían estar sintiendo.

Para suerte de Jimin, logró cambiar su vuelo para esa misma tarde y Yoongi se ofreció a llevarlo al aeropuerto; el pelirrosa se negó al inicio pero por algún motivo que escapaba a su razón, quería estar con él todo el tiempo que fuera posible, sin saber que Yoongi deseaba exactamente lo mismo.

Desayunaron tranquilamente en una cafetería cerca del "Encore", decididos a aprovechar las pocas horas que les quedaban y saber un poco más del otro. Yoongi era decorador de interiores y con frecuencia lo llamaban para diversos proyectos, sobre todo en Nueva York; Jimin por otra parte, era administrador de empresas y actualmente trabajaba para una compañía de mediana importancia en Seúl. De forma discreta, Yoongi le hizo saber a Jimin que no tenía ningún tipo de compromiso, cosa que lo dejó tranquilo, ya que se empeñó tanto en seducir a Yoongi que no pensó que alguien podría estar esperándolo en casa y terminar de esa manera al mismo nivel de su ex novio.

Luego del desayuno, la pareja se dirigió al hotel donde se hospedaron originalmente para que Jimin pudiera dejar en recepción los documentos que le pertenecían a su ex, así como el boleto de regreso y algo de dinero para que el hombre pudiese sobrevivir con dignidad en los días que le quedaban en la ciudad. Jimin dejó una nota también, dándole las gracias por los buenos momentos y confirmando una vez más, entre un par de lágrimas traicioneras, que lo suyo se terminaba definitivamente.

Yoongi y Jimin abordaron un taxi y se dirigieron al aeropuerto. El mayor consoló de forma silenciosa al menor, rodeando sus hombros con el brazo y atrayéndolo hacia él.

—Siento mucho que tengas que irte de esta manera, Jimin. Aún puedes hablar con él si así lo deseas.

—No puedo ni quiero hablar con él en este momento, no después de... —se quedó en silencio.

«No después de lo que pasó entre nosotros anoche», pensó Jimin.

— Me siento muy confundido, Yoongi.

—Es normal, estás enojado y decepcionado, pero pronto superarás este trago amargo y encontrarás a la persona indicada para ti.

—¿De verdad crees eso? —preguntó Jimin, acercando cada vez más su rostro al del mayor.

—Estoy seguro —respondió Yoongi con una sonrisa, misma que ocultaba sus ganas de pedirle que se quedara un poco más y le permitiera intentarlo con él, que se había enamorado a primera vista; pero sabía que eso era lo que menos necesitaba Jimin. El pelirrosa tenía que sanar su heridas y seguir adelante, lejos de él.

Jimin sonrió y se acurrucó en Yoongi, deseando que el viaje se retrasara y tuvieran que regresar al hotel. Pero no podía hacer eso y es que no mintió cuando le dijo al mayor que se sentía confundido. En verdad le dolía la traición de Hoseok y el haber terminado con él después de tantos planes juntos, pero separarse de Yoongi también le causaba dolor en su corazón y no entendía el porqué. El amor a primera vista no existe ¿O sí? ¿Podría haberse enamorado de Yoongi aun cuando acababa de sufrir una ruptura amorosa?

«¡Por supuesto que no, es ilógico!», se convenció.

Los corazones de ambos se encogieron cuando finalmente llegaron al Aeropuerto Internacional de Las Vegas. Su tiempo se había terminado.

Jimin hizo el check in en el área correspondiente y esperó con Yoongi hasta que se acercó la hora de abordar.

—Pese a las circunstancias, fue un placer conocerte, Jimin —Se despidió Yoongi cuando se pararon frente a la puerta de embarque—. Deseo de todo corazón que seas muy feliz.

Ante estas palabras, Jimin solo pudo abrazar fuertemente a Yoongi, agradecido con la vida por haberlo puesto en su camino.

—Gracias por encontrar mi bolso y darme consuelo, Yoongi —dijo Jimin contra su cuello—. Daría todo por volver a verte.

Se abrazaron tanto como el tiempo se los permitió, transfiriendo en ese acto los sentimientos del uno por el otro; su anhelo, su necesidad de estar juntos. E impulsados por ese anhelo, ambos jóvenes se miraron y se entregaron en un beso desesperado, uno que traspasaba la barrera de la razón, saciando al fin su sed de probar los labios del otro; sin importarles la hora ni el lugar. Los gruesos de labios de Jimin eran tan suaves y deliciosos como Yoongi lo había imaginado, era como tocar el cielo. Para Jimin, besar a Yoongi iba más allá de saborear sus labios rosados y jugar con su lengua; era dejar con él una parte muy significativa de su corazón, de su pensamiento y de su ser. Después de ese beso, Jimin jamás sería el mismo de nuevo.

— Vete antes de que te lleve conmigo a Connecticut, Jiminie —suplicó Yoongi luego de terminar con el beso —Buen viaje.

—Buen viaje a Connecticut —le deseó Jimin con un último beso en la mejilla.

El pelirrosa dejó un papel en el bolsillo de la camisa de Yoongi, tomó sus maletas y entró con una sonrisa a la sección de embarques.

Una vez que Yoongi lo perdió de vista, tomó un taxi de regreso al hotel, en el camino sacó aquel papelillo y se encontró con un mensaje:

"No voy a rendirme tan fácil, esperaré tu llamada.

011 82 XX XXX XXXX. 

Jimin."

Yoongi sonrió y miró por la ventana. Un avión cruzaba el atardecer.

🍷🍷🍷

¡Hola! Hemos llegado al final de esta historia... pero tranquilas, aun nos falta el epílogo ;)

Hoy actualizo temprano porque en la tarde tengo clases en la universidad. Muchas gracias por leer y espero que estén disfrutando esta historia, los quiero :)

Crazy Night ~Yoonmin~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora