Micaela
Durante el camino solo podía recordar la sensación que tuve al salir de la fiesta de los Keller. Sentí que podía respirar tranquila, me sentí segura. Sin darme cuenta, las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas y, sin poder evitarlo, el llanto se hizo presente.
Tengo tantas cosas acumuladas, tantos sentimientos guardados, porque para todos son irrelevantes. Siento un par de brazos rodearme y solo me dejo llevar por mis sentimientos. Lloro hasta cansarme, lloro por todo lo malo que me ha pasado, por los cambios a los que he tenido que adaptarme desde hace meses.
—No dejes que ese imbécil sea quien robe tus lágrimas —dice Luther con suavidad mientras aparta un mechón de cabello de mi rostro y lo coloca detrás de mi oído—. No dejes que nadie tenga ese poder sobre ti.
Levanto la mirada hacia él, estoy segura que mis ojos deben verse horribles; puedo imaginar mi maquillaje corrido y mi cara hinchada de tanto llorar, seguramente he de parecer un mapache. Aun así, Luther no aparta la mirada.
—Sé que todo esto te está sobrepasando —continúa con una voz tranquila, casi protectora—. Sé que estás intentando ser fuerte por tu familia, que finges que todo está bien aunque por dentro te estés rompiendo... pero ¿sabes qué?
Me quedo mirándolo en silencio, esperando a que termine la frase, como si en sus palabras pudiera encontrar un poco de calma.
—A veces uno necesita romperse por un rato —dice finalmente—. Caerse, llorar, dejar que todo duela... para luego poder volver a levantarse y reconstruirse.
Una sonrisa cálida aparece en su rostro, de esas que no intentan borrar el dolor, pero sí hacerlo más llevadero.
—Gracias —susurro mientras lo abrazo con fuerza—. Gracias por venir por mí... y por estar aquí.
—Eres mi hermanita —me acaricia el cabello—. ¿Cómo crees que no voy a estar aquí?
—¿Me llevas a casa?
Asiente.
Durante el resto del camino me dediqué a observar por la ventana. Vi la mayoría de las casas con las luces apagadas; muy pocos carros transitaban a estas horas. Observé el cielo: la luna se veía tan imponente, como si fuera la única dueña del cielo, como si en unas horas no fuera a venir el sol a reemplazarla.
Me doy cuenta de que casas conocidas de mi barrio empiezan aparecer ante mí, suspiro para volver a mi rutina diaria. Al llegar a casa le agradezco a Luther y me despido de él, abro la puerta y mi primera visión es mi padre, aún sentado en la sala esperándome, se lo notaba cansado, como si llevara horas en la misma posición, pero a pesar de eso siguió ahí. Mi madre no la veía por ningún lado, por lo que supuse ya estaba durmiendo y le pedí a mi padre que hiciera lo mismo.
— Mick — escucho la voz de mi papá y me detengo a media escalera, lo miro — ¿Por qué estuviste llorando?
Frunzo el ceño, antes de bajarme del carro de Luther me asegure que no tuviera los ojos rojos, la hinchazón no era tan notorio, pero aun así el se dio cuenta... había olvidado lo bien que me conoce y lo meticuloso que es con cada detalle.
— No te tienes que preocupar — dije sonriéndole levemente, pero pro supuesto su expresión era de todo menos tranquilidad — no me toco si es lo que te preocupa — un suspiro de alivio salió de sus labios y la tensión en sus hombros disminuyo.
— Si necesitas hablar, estoy aquí para ti princesa — asentí, me acerco y le doy un beso en la mejilla.
— Descansa papá
Llego a mi habitación y me tiro en la cama, solo puedo recordar la fiesta, las sonrisas fingidas, aparentar que todo está bien delante de todos los invitados como si no me estuviera quebrando por dentro, como si no doliera todo lo que me está pasando, como si mi pecho no se encogiera al darme cuenta de que estoy tirando mi vida a la basura, que estoy sacrificando toda mi felicidad con alguien que no vale la pena, simplemente se siente mal, muy mal.
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ANTES DE TI
RomanceLa vida es un laberinto lleno de sorpresas y el destino es muy caprichoso, da tantos giros inesperados que solo se necesita un instante, un encuentro, una decisión que sea el detonante para que todo cambie. Y cuando eso sucede, todo se vuelve difer...
