Micaela
Durante el camino de regreso, los nervios no me dejan tranquila. A pesar de eso, las risas no paran mientras Axel conduce hacia mi casa. Él, a diferencia de mí, se mantiene completamente tranquilo.
Cuando llegamos, le indico al guardia que abra la reja. El hombre nos mira con cierta confusión al notar mi estado, pero aun así la abre. Atravesamos todo el jardín hasta detenernos frente a la puerta de la casa.
—Llegamos a su palacio, Schätzchen —dice Axel con una sonrisa mientras me ayuda a bajar de la moto.
—¿Cuándo me dirás qué significa eso? —pregunto.
Pero él solo se encoge de hombros y sonríe aún más.
—Muchas gracias por traerme.
—Fue un placer para mí —responde bajándose de la moto y haciendo una exagerada reverencia que me arranca una pequeña risa.
—Micaela.
La voz de mi padre corta el momento. Al voltear, lo encuentro de pie en la puerta de la casa, con el ceño fruncido... señal clara de que está muy molesto.
Sus ojos se posan en mí unos segundos antes de dirigirse hacia Axel, que permanece tranquilo junto a la moto.
—Entra ahora —ordena.
Intento caminar hacia él, pero el ligero mareo no ayuda mucho.
—¿Estás bien? —Axel me sostiene justo cuando estoy a punto de perder el equilibrio.
Los ojos de mi padre se endurecen.
—¿Estás borracha, Micaela?
—No —respondo rápidamente.
—Señor, buenas noches —saluda Axel con respeto—. ¿Le molestaría si la ayudo a llegar a su habitación?
—Buenas noches, joven —responde mi padre con la mayor cordialidad que puede reunir—. Muchas gracias por traer a mi hija... pero le agradecería que se alejara de ella.
—¡Papá!
—No quiero que se involucre con personas como usted.
Axel frunce ligeramente el ceño.
—¿Como yo? ¿A qué se refiere exactamente con eso?
—Hoy mi hija llega borracha —dice señalándome—, algo que no es propio de ella. No quiero que un día llegue golpeada... o que me llamen de una comisaría para ir a sacarla.
—¿Disculpe?
La indignación es evidente en el rostro de Axel, a mí también me sorprende la acusación.
—¿La marca que tiene en el brazo usted se la hizo? — Mi corazón se detiene un segundo.
La marca de Leonard.
—Claro que no, señor —responde Axel con calma—. Esa marca se la hizo... ¿cómo se llama? —me mira.
—Leonard.
—Él —dice volviendo a mirar a mi padre—. Leonard.
—Leonard me llamó para contarme lo que pasó —responde mi padre cruzando los brazos—. Y no pienso creerle a un desconocido.
—¿Por qué no? —pregunta Axel—. Yo jamás he tratado mal a su hija... a diferencia de Leonard.
—Papá —intervengo—. Axel no hizo nada.
—¿Axel? —pregunta mi padre.
Señalo al chico a mi lado.
—Se llama Axel.
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ANTES DE TI
RomanceLa vida es un laberinto lleno de sorpresas y el destino es muy caprichoso, da tantos giros inesperados que solo se necesita un instante, un encuentro, una decisión que sea el detonante para que todo cambie. Y cuando eso sucede, todo se vuelve difer...
