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CAPITULO 5

Axel
Jueves / 11:00 a. m.

—¡Mierda! —gruño cuando mi personaje muere otra vez en la pantalla.

Dejo el control sobre el sofá y paso una mano por mi cabello con frustración. No es que el juego sea difícil... es que mi cabeza está en cualquier otro lugar menos aquí. No he podido sacar a Micaela de mi cabeza.

Sus ojos llenos de lágrimas, la forma en que intentaba mantenerse fuerte mientras todo su mundo parecía derrumbarse a su alrededor. Ella lleva una responsabilidad demasiado grande sobre sus hombros, una carga que ni siquiera debería ser suya. Lo peor es que está convencida de que la única manera de ayudar a su familia es casarse con alguien que no ama.

La realidad es que para ellos es la solución perfecta: un matrimonio por conveniencia que salvará sus empresas y mantendrá el dinero circulando. La salida fácil... la manera más sencilla de asegurarse de que las cuentas sigan llenas. Pero Micaela no es así.

No la conozco realmente a profundidad, apenas hablamos un par de horas, pero fue suficiente para darme cuenta de algo. Micaela no lo hace por ella misma, no es por ambición. Lo hace por sus padres. Y estoy casi seguro de que, si la decisión dependiera únicamente de ella, no se casaría... incluso si eso significara perderlo todo.

—¿Todo bien? —pregunta Luther a lo que asentí

— ¿A qué hora sale tu hermana del instituto? —le pregunto mientras  vuelvo al juego.

—¿Para qué quieres saber?

—Curiosidad —digo sin apartar la vista de la pantalla.

—¿Esa curiosidad, por casualidad, no se llama Micaela? —dice con tono burlón.

—Sí, así se llama.

Luther suelta una carcajada.

—Eres un idiota.

—Hora... —insisto.

—A la 1 p. m. —responde suspirando.

—Perfecto.

—¿Vas a ir a buscarla? —pregunta justo cuando matan a su personaje—. ¡Mierda!

—Sí. Quiero verla.

—¿En tu moto?

Asiento.

—Sí. Y tú en tu carro.

Luther pausa el juego y me mira.

—Espera... ¿y yo por qué?

—Porque vas a ir a ver a tu hermana y la vas a traer a casa.

—¿Cómo sabes que Micaela no se va a querer venir conmigo? —dice riéndose.

—Porque le dirás alguna excusa y no podrás llevarla.

—¿Y si fue al instituto en su coche?

—Entonces correré el riesgo.

—Axel... —dice con tono de advertencia.

—Luther —respondo imitándolo.

Niega con la cabeza.

—No va a ser tan fácil. — Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

—Leonard —dice pausando el juego—. Ese tipo no deja que se vaya con cualquiera. Incluso muchas veces ni conmigo pudo irse.

Lo miro con una pequeña sonrisa.

—Pues yo me las arreglo.

—Ah, claro... —dice rodando los ojos—. El niño rico cree que puede hacer lo que quiera.

ANTES DE TIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora