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Micaela

Llega el momento de regresar. Pasamos por la entrada camino a mi casa y, cuando estamos cerca, veo un auto estacionado afuera. ¿Es el auto de mamá?

—Detente —le digo a Axel, y él frena la moto fuera de la cerca de la casa.

—¿Qué pasó? —pregunta.

—Nada... solo espera.

Unos segundos después veo a mi madre salir con varias carpetas en las manos y subirse rápidamente al auto para irse. 

¿Olvidó documentos? Es raro... siempre suele ser muy ordenada con sus cosas.

—¿Ya podemos avanzar? —dice Axel.

Asiento.

—Sí, vamos.

Llegamos a la entrada de la casa y me bajo de la moto.

—¿No querías que tu mamá nos viera?

—No es eso... solo se me hizo raro que estuviera en casa.

—Entiendo —dice con una sonrisa—. Te escribo más tarde para acordar la hora en la que paso a recogerte mañana.

—Está bien. —Le devuelvo el casco que me había prestado—. Ten cuidado.

—Claro. Te veo luego, Schätzchen.

Lo veo alejarse y, sin darme cuenta, una sonrisa se forma en mi rostro al recordar el día de hoy.

Entro a la casa y voy directo a mi habitación. Necesito descansar: ayer me dormí muy tarde y hoy me levanté temprano para ir con Leonard.

Me acuesto. La suavidad de mi cama me recibe, Antes de cerrar los ojos, una idea cruza por mi mente: ¿Por qué mamá salió con tanta prisa? Después en cuestión de segundos, me quedo dormida.

Axel

Después de dejar a Micaela, me dirijo directamente a mi departamento. Necesito hablar con mi padre sobre las mejores opciones para la empresa de los Stone. Micaela debe presentarlas mañana a su padre y no hemos tenido tiempo de hablar de ese tema estos días.

Entro al apartamento y dejo las llaves sobre la mesa. El silencio del lugar me envuelve de inmediato, pero no me detengo. Tomo mi laptop y me dejo caer en el sofá.

Marco el número de mi padre, el cual no tarda en contestar.

—Axel.

—Necesito tu ayuda. — hay un breve silencio al otro lado de la línea.

—Eso no es algo que suelas decir —responde con calma.

—Es importante.

—Te escucho. — Me paso una mano por el cabello antes de hablar.

—Una empresa está al borde de la quiebra. — suspiro — Malas decisiones, inversiones fallidas... lo típico. Necesito opciones reales para levantarla en poco tiempo.

—¿Para quién es? — Dudo un segundo.

—Para alguien importante. — Otro silencio.

—Entonces no quieres solo salvar una empresa —dice finalmente—. Quieres salvar a esa persona.

No respondo, pero tampoco hace falta.

—Dime los números. — dice finalmente.

Le explico todo lo que sé: la situación, las posibles pérdidas, lo poco que Micaela ha podido decirme de lo que sabe. Mi padre no me interrumpe en ningún momento.

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⏰ Última actualización: Apr 02 ⏰

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