Capítulo 1

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C A P I T U L O

U N O








2012

Catorce años


El sol del atardecer iluminaba la mayor parte del área verde sobre el que me encontraba. El sonido de mi risa ocasionaba que ésta fuera contagiada a mi papá, mientras corríamos por el parque que contaba con muchos árboles, los que alentaban a la fresca ventisca a despeinar nuestros cabellos.

—¡Corre, corre, corre! —exclamó él mientras corría a mi lado.

—¡Llegué! —mencioné con entusiasmo cuando alcancé primero el árbol que seleccionamos para que fuera nuestra línea de meta.

Mientras mamá se sentaba en una de esas bancas de madera a conversar de temas quizás no muy interesantes con Natalie, papá y yo nos dedicábamos a cosas más divertidas, como hacer competencias de carreras o lanzarnos una pelota en la cara, intentando que el otro la esquivara.

Era un viernes por la tarde, mi familia y yo acostumbrábamos venir a tomar aire fresco y a veces, papá compraba helado para todos. Según mamá, era su parque favorito, le parecía demasiado artístico y lo que lo hacía especial, era que ahí mismo tuvo su primera cita con papá. Mencionó que él la invito, les gustaba caminar por la noche tomados de la mano, contando chistes lo suficientemente ridículos como para que dieran gracia. Sus días de jóvenes fueron momentos llenos de sonrisas y cuando decidieron casarse, mamá dice que fue la decisión más sencilla que pudieron tomar.

—Tengo hambre. Creo que hoy deberíamos cenar...

—Hamburguesas y muchas papas —complementé.

—Exacto —asintió papá con una sonrisa.

Cuando volvimos a casa, después de cenar me dirigí a mi habitación. En las paredes había calcomanías de notas musicales y algunas otras de controles de videojuegos, mi madre se había encargado de ayudarme con la decoración, sabía que a mí no se me daba nada de eso. Por mí, simplemente hubiese pintado las paredes azules u oscuras. 

—Hey —Natalie abrió la puerta de mi habitación y asomó su cabeza.

—¿Qué no te he dicho que toques la puerta? —pregunté poniendo mis ojos en blanco.

—¡Lo siento! Lo sé.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿A qué viniste?

—Oh. Saldré con Todd. ¿Me prestas tu sudadera roja?

—¿Qué? —pregunté incrédulo.

—¡Sólo un rato! —exclamó.

—De acuerdo —arrastré mis palabras —, pero vas a lavarla bien antes de regresármela.

—Claro —guiñó su ojo. Natalie entró y se dirigió a mi clóset, buscó entre mi ropa la sudadera y apenas la encontró, caminó de nuevo hacia la puerta.

—De nada —mencioné en un tono de sarcasmo.

—¡Gracias, Pookie!

—Eres una tonta —me levanté de mi cama para lanzarle un cojín, pero ella fue más rápida y huyó por el pasillo.

Nuevamente me quedé sólo en mi habitación, sentí la necesidad de encender la bocina y en dos minutos, mi canción favorita ya estaba sonando. ¿A quién no podría gustarle Green Day?

PLUTÓN #2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora