- Pásala, ¡rápido! -me pidió Eric a gritos-. Eres un chupón, si no vas a marcar.
Seguí corriendo en dirección a la portería. Había adquirido mucha velocidad y tenía claro que la pelota iba a entrar en esa portería. La avancé un poco para preparar la pierna y me acerqué con esta a máxima potencia. Chuté. La pelota salió totalmente desviada unos tres metros por encima de la portería. Me dejé caer al suelo.
- Eres un patoso, tío -escuché decir a Jordan mientras se acercaba a mi-. Tenías que haberla pasado.
- De haberlo hecho, la pelota no habría ni siquiera entrado en el área, mancos -contesté ahora que los tres me rodeaban-.
- De haberlo bla bla blaaaa -hizo Eric para burlarse de mi-. Ahora te metes tu de portero, por retrasado.
Jordan, Eric y Andy eran mis mejores amigos. Los conocía des de los inicios de la secundaria y se habían convertido en las personas más importantes para mi, a la vez que en la mejor compañía. Nuestros gustos y hobbies eran muy parecidos, pero había grandes diferencias en cuanto a formas de pensar. Resultaba incluso divertido pelearse por simples tonterías y discrepar en prácticamente todo lo que acordábamos. Eric des de luego era el que más se parecía en mi, pero a la vez con el que menos hablaba, puesto que él estudiaba más bien lejos de nuestro pueblo. Con él tan solo podíamos vernos los fines de semanas, a no ser que se trate de alguna excepción. Jordan era sin duda el más mandón y el cual creía saberlo siempre todo, mientras que Andy era un chico tremendamente callado. Aun así, cuando hablaba lo hacía con mucha gracia y las cosas que decía solían ser interesantes; filtraba bien sus palabras.
Era 23 de Diciembre y a pesar de haber estado corriendo toda la tarde, vestidos con las chaquetas, los cuatro teníamos mucho frío. La nieve, como cada año, no aparecía ni por error. Ya ni siquiera recordaba lo mucho que me gustaba jugar en ella y lo contento que me ponía al verla caer.
Lo cierto es que habían pasado doce días de la última vez que le hablé, y... Mañana iba a ser el día de la verdad. Todo este tiempo no he dejado de pensar en cómo sería nuestra charla, en si seguiría considerándome su amigo, pero sobretodo: si yo le gustaba. Era un hecho que quería averiguar ya. Necesitaba saber si ella sentía por mi lo mismo que yo por ella, a pesar de lo extraño que pueda resultar eso de sentir cosas por alguien cuyo nombre desconoces y cuyo rostro jamás has visto.
De mis amigos yo era el único que no tenía novia. De hecho, raras veces me he relacionado con chicas más allá de la amistad, ya que tenía un régimen bastante estricto en el cual me obligaba a no hacerme daño dejándome llevar por cualquier emoción del momento.
- No hables tanto que me está empezando a doler la cabeza -soltó Jordan al ver que llevaba bastante rato en mi mundo, pensativo. Tropecé al girarme hacia él y todos rieron.
- Pareces enamorado, Jaden -dijo Andy entre risas-. Confiesa que la madre de Eric te vuelve loco -dijo esta vez, haciendo que todos estalláramos de la risa mientras Eric golpeaba a Andy por la broma-.
- Sinceramente me siento más atraído por la de la limpieza -respondí entre carcajadas a la vez que disimulaba. La señora de la limpieza de nuestro instituto era la persona más arrogante y antipática que existía. Dicho lo cual, seguimos riéndonos hasta que empezó a dolerme la barriga-.
Nos dirigíamos a un restaurante de comida rápida, el típico al que íbamos. Se había convertido en una especie de ritual el hecho de ir cada fin de semana al mismo sitio, pero la verdad, a pesar de que parezca monótono y repetitivo, siempre me lo pasaba estupendamente gracias a ellos. Mi móvil, de camino, se había quedado sin batería, y ahora no tenía la posibilidad de hablarles a mis padres. Pensé que nada sucedería, por lo que guardé el celular dentro de la mochila que siempre llevaba conmigo. Tras pedir la comida, fuimos a sentarnos en un banco que se encontraba en el parque de enfrente.
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Amar para vivir
RomanceHay muchas historias de amor, y todas se consideran únicas. Pero no todas son eternas; algunas son desaprovechadas mientras que otras, las más sinceras, son difíciles, rozando lo imposible. Tras un trágico accidente, la vida de Janna pende de un hi...