Acto 3: esta historia solo acaba de comenzar.
Una agradable melodía invadía el oscuro y frío lugar así revolviendo el ambiente con tonalidades graves y agudas entrelazándose entre sí formando la canción que sumergiría a muchos oyentes en pensamientos agradables dejando de lado todo los problemas que atormentaban su cabeza sutilmente llevando al olvido el sufrimiento causado en aquella camilla, así provocando un descanso eterno lleno de paz y felicidad.
Las notas eran tocadas con delicadeza y esmero, los dedos de la joven en el teclado transmitían sentimientos dulces, todo lo contrario a lo que ella sentía fuera de su realidad, su mirada posada en las notas no yacía perdida como en el primer momento que la vio aquel joven Doctor, ofreciéndole su ayuda y dedicándole el mayor tiempo posible a su recuperación. Llevaba meses sin saber de él, daba por hecho que la abandono como el joven que conoció, todos acababan dándole la espalda después de un debido tiempo por un motivo desconocido.
No solo se sentía utilizada si no también triste por el no comprender la situación real y el por qué de todo ello, su cabeza era un nido de preguntas sin poder hallar la respuesta, de un momento a otro dejó de sonar la melodía que invadía el pensamiento de quienes los escuchaban menos la del artista, una pequeña gota cayó en una de las teclas del piano pertenecientes a la joven, una lagrima recorrió su mejilla izquierda dejando que su mirada fuera apagándose poco a poco de nuevo. Levanto su brazo derecho y poso la mano en la ventana perdiéndose en sus pensamientos mientras observaba como la nieve caía poco a poco dejando su rastro por donde caía al igual que la lluvia. Una enfermera interrumpió el momento agarrando su hombro y observándola con inquietud y repugnancia.
-Es hora de comer, esta vez date más prisa si no quieres comértelo todo frío.
Su tono era desagradable, al ver que no recibía respuesta de la joven apretó donde posaba su mano intentando provocar alguna reacción.
-¡¿me estas escuchando niñata?!
Seguía sin hacer ningún gesto, solo permanecía quieta observando la ventana mientras la mano apoyada se comenzaba a envolver de frío dejándola cada vez más pálida.
-estúpida niña insolente....
Susurró levemente la enfermera, seguido levantó su brazo para guantearla ya que no le estaba prestando ningún tipo de atención y le había hecho enfadar. Antes de que pudiera hacer nada la joven paró su mano con la muñeca aplicando una fuerza extraordinaria lo que hizo sorprender a la enfermera pero aumentar su enfado.
-¡QUE SE SUPONE QUE HACES!¡NO TE ATREVAS DE VOLVER A TOCARME NIÑATA!
-mi nombre no corresponde a ese....me llamo Itory..
Replicó la joven observándola por el rabillo del ojo y una expresión bastante seria, soltó su mano y se levantó tapándose la mano que tenia apoyada en la ventana mientras se dirigía al patio. La enfermera se quedó observándola con descaro, no podía esconder el miedo en sus ojos que le provocaba estar cerca de la joven que por primera vez habría dicho su nombre, cosa que solo sabia Kasumi y su abuela.
Kasumi se dirigió a su despacho alterado en busca de varios documentos, sofocado buscó por varios cajones sin encontrar nada, apoyada en el marco de la puerta se encontraba Evelyn observándolo y con varios papeles en sus brazos.
-Señor ka-
-Que es lo que quieres ahora Eveleyn
Replicó al momento antes de que ella continuara hablando. Frustrado por la situación golpeó con fuerza el escritorio seguido dirigió las manos a la cabeza intentando recordar donde los colocó, varios segundos después de lo sucedido Eveleyn se marchó lentamente aterrada y sin pronunciar ninguna palabra apretando los brazos sobre su pecho haciendo que los papeles se arrugaran. En cuestión de minutos logró tranquilizarse saliendo así del despacho hasta el patio para fumarse un cigarro tranquilamente mientras observaba el entorno que le rodeaba, llevaba meses sin ver el cielo despejado, como la nieve marcaba todo donde caía dejando así una capa blanca y fría a su paso. Tras una calada se fijó en un detalle de mera importancia, la joven apoyada en el árbol con esa gargantilla negra de terciopelo se le hacia familiar, no lograba recordar bien su rostro pero sabia que el adorno se lo había dado él. Itory sabía que estaba allí parado mirándola mientras fumaba, se dispuso a tapar su rostro con la capucha de la sudadera para no sentirse intimidada. Quería acercarse y abrazarle con afecto ya que llevaba mucho tiempo sin verle y sentir sus cálidos abrazos pero dado el momento pensó que no seria buena idea por si le llegaba a molestar de una forma u otra. Tras pensarlo varias veces se dignó a intentarlo pero cuando devolvió la mirada Kasumi ya no se encontraba en el lugar, volvía la culpa y la cobardía de Itory que ya era irremediable para ella.
Kasumi volvió al sótano y de nuevo se frustró, necesitaba esos documentos porque era lo único que le faltaba para completar todo ese experimento que con tanto tiempo le llevó hacer.
-cuando nos dejará ir doctor...necesito verla aunque solo sea 2 minutos...
Insistió una voz grave y temblorosa en el fondo de aquella sala, pertenecía a un chico delgado, piel pálida y cabello de color negro, estaba tumbado en una camilla metálica con las muñecas y tobillos atados con cadenas y parecía tener un collarín negro alrededor del cuello el cual estaba amarrado en la parte superior de la camilla teniéndolo inmovilizado completamente. La mirada de Kasumi se posaron en él de inmediato, mordía la uña de su mano derecha mientras se acercaba al joven pareciendo estar algo enfadado con el chico.
-cuando todos pasen la prueba podréis tener la libertad que gustéis, debes estar agradecido porque sin mí no estarías vivo Kenji.
Contestó en un tono dulce pero frío mientras acariciaba su cabeza con sutileza.
-preferiría estar muerto antes que ser tu perro faldero.
El chico escupió en la mejilla del hombre con ira así recibiendo una bofetada por parte de Kasumi, se quedó mirándolo fijamente y apretó un botón que se posicionaba cerca de la camilla donde estaba Kenji.
-Así no es como se trata a un padre.
Le provocó una descarga por todo el cuerpo a Kenji dándole un dolor insoportable por todo su cuerpo, el chico gritaba de dolor retorciéndose con la movilidad justa causándole mas dolor. Después de lo ocurrido le administró un tranquilizante para que durmiera por unas horas y así poder continuar con los demás proyectos, las horas eran lentas para él en aquel lugar y sentía que no avanzaba nada, le faltaba un elemento clave para poder completarlo todo y ese era el fuego. Tras pensarlo mucho solo podía llegar a la conclusión de utilizar a aquella chica que salvó, así dirigiéndose a su habitación la agarró del brazo llevándola al sótano, Itory forcejeo lo mas que pudo y asustada consiguió soltarse replicándole.
-¡¿Qué te crees que haces?! Llevas meses sin dar la cara, esta mañana no te acercaste para ver como estaba y ahora tan de repente me agarras sin decir ni una palabra..
-lo siento...pero te necesito para...
De repente dejó de pronunciar las palabras que quería decir Kasumi y agachó su mirada con tristeza y desprecio a él mismo.
-¿para qué?.
Itory echó unos pasos atrás confundida y sin entender la situación, el por qué de las acciones de Kasumi y el cambió en su rostro tan decadente. La mirada de él volvió a cruzarse con la de ella dejando ver que el brillo en sus ojos desapareció completamente al igual que los suyos, todo había cambiado, ya no era el hombre agradable que le traía los medicamentos a su habitación y le animaba para que se recuperara de su enfermedad. Todo era distinto.
-espero que puedas perdonarme Itory...
Le devolvieron las lagrimas a la joven, no escuchaba su nombre en voz de otra persona en mucho tiempo lo que le recordó a su abuela con tristeza, Kasumi volvió a acercarse a ella pinchándole una jeringuilla así administrándole una dosis de morfina bastante leve, lo suficiente para tranquilizarla pero no dormirla, la joven mareada cayó en los brazos del hombre observándole con tristeza y lágrimas en su rostro.
-tus lagrimas son como dos gotas de agua...
Susurró Kasumi mirándola mientras se dirigía a la sala donde se encontraba el chico adormecido, la colocó de la misma forma que Kenji estaba colocando pero su cabeza esta vez ladeada para que lo observara.
-es él...mi amigo...
Dijo antes de cerrar los ojos, Kasumi miró a ambos con despecho y apuntó en su libreta unas anotaciones para su siguiente proyecto, algo que el dedicaría "especial" para los dos jóvenes.
En lo que la ultima frase escribió "su nieta se convertirá en la mejor heroína que pudo tener este mundo", haciendo mención a la ya fallecida anciana y así rompiendo la promesa que ese día le hizo.
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Lo que las gotas de agua te hacen ver
De TodoEsta obra va a ir basandose en varios actos, aquí les presento el acto 1 que es de como todo esto comenzó a raíz de la tragedia que le ocurrió a Kasumi.