BinSan: Refuge

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-"Perdóname padre, porque he pecado".

Abrió sus ojos lentamente, miró a las imágenes religiosas frente a él y exhaló un suspiro.

-"Amén"-susurró. Y aún así, sus palabras resonaron en el recinto de la enorme iglesia.

-"¿Crees que tus plegarias serán escuchadas sólo por estar de rodillas todo el día?"-una voz burlona se escuchó detrás de él.

Bin no se giró, no lo necesitaba, sabía perfectamente a quién pertenecía, la había escuchado tantas veces que se quedó grabada en lo profundo de su alma. Una voz que había amado escuchar en el pasado, incluso si ahora, escucharla era similar a un castigo.

-"¿No me responderás?"-siguió burlándose de él -"¿O es porque temes que tu alma se ensucie si hablas con pecadores?".

Sintió una punzada en el corazón al escuchar esas palabras. Apretó el rosario que estaba en su pecho y comenzó una nueva plegaria en su cabeza tratando de encontrar el valor para afrontar a la criatura que estaba detrás de él.

O más bien, para afrontar el recuerdo del humano que había sido antes de convertirse en un demonio.

Sus manos temblaron en el agarre del rosario, trazó la cruz que colgaba de él con sus dedos y se puso de pie tambaleante.

Giró lentamente hasta quedar frente a frente con el visitante indeseado. Sus miradas se cruzaron, la criatura sonrió dulcemente, pero detrás de esa sonrisa algo siniestro se ocultaba.

-"Buenas noches, padre. Su mirada sigue siendo tan triste como la última vez"-dijo el demonio -"O quizás no es tristeza, sino la culpa que se refleja en ella"-la sonrisa se volvió más amplia, y también, más siniestra.

Los demonios disfrutan alimentarse de las emociones negativas después de todo.

Bin no apartó la mirada, metió su mano en el bolsillo de su pantalón, el revolver estaba ahí mismo. Posicionó su mano alrededor del arma, sólo por si acaso, por si necesitaba mantenerse alerta.

-"¿Qué piensas hacer con eso?"-el demonio se rio -"¿Acaso no es un pecado asesinar? ¿O quizás deseas unirte al lado de los pecadores también?".

Bin mordió sus labios, odiaba tanto la sorna con la que hablaba esta criatura, el tono dulce que tenía en el pasado se había ido, sólo quedaba una voz cargada de burla malsana.

-"Las iglesias no son lugares para los demonios"-Por fin encontró su voz para hablar -"Deberías regresar a dónde perteneces, al infierno"-sus palabras temblaron ligeramente, también odio eso de él, como era tan débil cuando se encontraba con esta criatura.

Otra risa más fue la respuesta.

-"¿Cómo demonio no soy bienvenido?"-sus ojos brillaron con algo incierto -"Entonces...¿Debería regresar como el Padre Yoon?".

Su estómago se revolvió al escucharlo.

-"¡No digas su nombre!"-gritó con enojo -"¡No te atrevas a nombrarlo en vano! ¡Ya no eres él!"-el dolor se reflejó en sus facciones.

La sonrisa del demonio se borró. Se levantó de la banqueta dónde había estado sentado y caminó hasta dónde se encontraba Bin.

El sacerdote sacó el revolver en un movimiento rápido y apuntó directamente a la criatura. Pero esta no se inmutó, sólo siguió avanzando sin vacilar.

Como si supiera que Bin era incapaz de disparar, incapaz de dañarlo de alguna forma. Y lo peor de todo, es que tenía razón.

Se colocó voluntariamente frente al cañón, apretó su pecho contra él y se inclinó cerca del sacerdote para susurrar en su oído.

ASTRO: One-ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora