Capítulo 4: Teoría

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"Nada en este mundo sucede por

  casualidad"

                                         -Paulo Coelho, Veroika decide morir




Respiro lentamente, es la octava vuelta que doy en el poco espacio de la habitación, Marcos o bueno, quien sea que este en el cuerpo de Marcos, está sentado hablando consigo mismo, parece haber perdido la cabeza,  o quizá ¿yo lo he hecho?


Dios, no puedo creer toda esta locura.


-A ver si lo entiendo del todo —me detengo, Marcos me mira -Tú no eres Marcos, pero estas en el cuerpo de mi profesor —El asiente con la cabeza —Entonces —prosigo —Si no eres Marcos, ¿Quién eres? —Pregunto y lo miro a los ojos.


-Mi nombre es Renney Adams y soy fundador junto con mi hermano Josh de la reconocida firma de abogados Adams. —Alardea, parece un discurso ensayado que se ha repetido una y otra vez, pienso. Renney frunce el ceño y me mira -Y tú ¿Quién eres chiquilla? No veo en que puedas ayudarme, quizá todo esto sea tú culpa o seas otro producto de mi imaginación ya que claramente estoy perdiendo la cordura- dice


¡Pero que grosero! Pienso indignada, debería de irme y dejarlo a su suerte, pero luego recuerdo al hijo del profesor y se me pasa.


-Pues estaremos los dos locos, yo por creerte —me cruzo de brazos —Te aseguro que voy a ser la única persona que lo haga, los demás pensaran que te has vuelto loco y pararas en un manicomio.


Renney traga saliva y medita lo que he dicho.


Tienes razón — dice por fin — después de todo no eres tan estúpida como te ves


-Espera —lo interrumpo —Si vas a querer mi ayuda necesito que dejes de insultarme o me veré obligada a dejarte aquí. —lo miro desafiante


-Como quieras chiquilla —dice rodando los ojos


-Y no me digas así, mi nombre es Hope —digo extendiendo la mano


Él lo piensa un rato, luego estira su mano y aprieta la mía.


-Okay "Hope" —me suelta la mano -¿Qué crees que me paso? -Baja la mirada -¿Dónde está mi cuerpo?



-La verdad no lo sé —niego con la cabeza — yo presencie el accidente, vi a Marcos ser arroyado por un auto negro, y con lo que me dices supongo que fuiste tú quien lo arroyo.


-Sí, iba en mi auto directo a la oficina, estaba apurado, había surgido un inconveniente, y no le vi -hace una pausa -No recuerdo gran cosa.


-Se dónde está tú cuerpo —le digo, bajando la cabeza


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